La ajustada aprobación del Presupuesto 2025 permitió al primer ministro Mark Carney evitar unas elecciones anticipadas apenas meses después de los comicios de abril. La votación en la Cámara de los Comunes se saldó con un 170–168, gracias al apoyo de un diputado del Partido Verde y a las abstenciones tácticas de parte del Nuevo Partido Democrático (NDP), suficientes para sostener al gobierno liberal en minoría y superar lo que se consideraba una moción de confianza de facto.
El presupuesto, bautizado “Canada Strong”, incrementa el déficit en decenas de miles de millones de dólares por encima de lo inicialmente previsto y se presenta como un escudo frente al impacto de la guerra comercial desatada por la administración Trump. El plan combina más gasto en defensa y en grandes proyectos de infraestructura con medidas específicas para amortiguar los efectos de los aranceles estadounidenses sobre trabajadores y sectores exportadores, en un contexto en el que el propio gobierno admite que la disputa comercial puede costar cerca de 1,8 % del PIB.
El Parlamento ha optado por la estabilidad y por dar aire a un gobierno que intenta reorientar la economía en plena crisis comercial con Washington, aunque el margen de maniobra sigue siendo estrecho y cualquier próxima votación clave podría volver a poner en juego la continuidad del Ejecutivo.

