Este jueves 26 de noviembre, el gobierno federal de Mark Carney y la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, firmaron un memorándum de entendimiento que supone un giro fuerte de la política climática hacia el incentivo a la inversión petrolera. Ottawa se compromete a eliminar el tope de emisiones previsto para el sector de petróleo y gas y abandonar las reglas federales de clean electricity para Alberta, a cambio de que la provincia refuerce su esquema de precio al carbono y apoye un megaproyecto de captura y almacenamiento de carbono (vinculado al plan Pathways Plus). El pacto también abre la puerta a un nuevo oleoducto hacia la costa noroeste de Columbia Británica, para viabilizar posibles exportaciones hidrocarburíferas hacia Asia.
El acuerdo fue celebrado por Carney como una pieza central para convertir a Canadá en “superpotencia energética” y como forma de resistir los aranceles de Donald Trump diversificando exportaciones de crudo más allá de Estados Unidos. Pero dentro de su propio gobierno generó fracturas: Steven Guilbeault, ministro de Identidad y Cultura y exministro de Ambiente de Trudeau, renunció al gabinete horas después del anuncio, declarando que no podía avalar un entendimiento que, a su juicio, desmantela el plan climático federal y desplaza el ambiente del centro de la agenda. Guilbeault seguirá como diputado, pero se posiciona ahora como voz crítica interna frente al giro pro-petróleo del gobierno.
El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, rechazó la idea de un nuevo oleoducto y de flexibilizar la moratoria a petroleros en su costa, mientras que las primeras naciones del litoral Pacífico afirmaron que usarán todos sus medios para mantener lejos las petroleras de las zonas costeras.

