El primer ministro Mark Carney anunció el miércoles 27 de mayo, durante la feria de industria de defensa CANSEC en Ottawa, que Canadá inicia negociaciones formales con la firma sueca Saab para adquirir una flota de aviones de alerta temprana y control aéreo GlobalEye, destinados a reforzar la vigilancia del Ártico. La decisión descartó dos ofertas de compañías estadounidenses: el Aeris X de L3Harris y el E-7 Wedgetail de Boeing. El GlobalEye está construido sobre la plataforma del avión Bombardier Global 6500, de fabricación canadiense, y se estima que el proyecto generará alrededor de tres mil empleos en el sector aeroespacial y de defensa de Canadá, con al menos 40 aeronaves fabricadas en el país a lo largo de los próximos 15 años.
La elección de Saab tiene un claro componente geopolítico: Carney ha sostenido públicamente que la relación histórica con Estados Unidos se ha alterado de manera permanente y que Canadá debe diversificar sus socios económicos y de seguridad. La decisión se produce en un contexto en que el gobierno ya puso bajo revisión la compra de 88 cazas F-35 de Lockheed Martin contratados en 2023, y en que Washington suspendió su participación en la Junta Permanente Conjunta de Defensa, el mecanismo bilateral de consulta militar, como represalia por las declaraciones de Carney en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de este año.
La adquisición del GlobalEye se enmarca en un plan de gasto en defensa de 180 mil millones de dólares canadienses (aprox. 130 mil millones de dólares estadounidenses) en diez años, anunciado en 2025 bajo presión de la administración Trump para que Canadá alcance el umbral del 2% del PIB comprometido con la OTAN. El hecho de que Ottawa privilegiara un proveedor europeo sobre alternativas norteamericanas señala un reordenamiento deliberado de las dependencias estratégicas del país, con consecuencias que se extenderán sobre el conjunto de la relación bilateral con Estados Unidos.


