Chile se prepara para un intenso ciclo electoral con las elecciones parlamentarias del 16 de noviembre de 2025, en las cuales se renovarán los 155 diputados y 23 senadores del Congreso Nacional. Estos comicios se realizarán en paralelo a la primera vuelta presidencial, lo que ha impulsado una activa reorganización de los partidos políticos en torno a listas y alianzas bajo el sistema D’Hondt. El escenario está marcado por la conformación de pactos: la extrema derecha, compuesta por el Partido Republicano, el Partido Social Cristiano y el Partido Nacional Libertario, fue la primera en inscribir oficialmente su alianza “Cambio por Chile”, quedando fuera de cualquier acuerdo con la derecha tradicional tras respaldar diferentes candidatos presidenciales y romper negociaciones con Chile Vamos.
Por otro lado, el oficialismo tampoco logró una unidad total y se fragmentó en dos pactos parlamentarios: “Unidad por Chile”, integrada por los grandes partidos de la centroizquierda y la izquierda —Frente Amplio, Partido Comunista, Partido Socialista, Partido por la Democracia, Partido Radical y Partido Liberal— y una lista de fuerzas menores, conformada entre otros por la Federación Regionalista Verde Social, Acción Humanista y partidos afines no gubernamentales. La dispersión de la izquierda responde tanto a intereses regionales como a diferencias con la estrategia nacional de resistencia ante el avance de las derechas, lo que configura un escenario con mayor competencia entre alianzas progresistas.
En el campo de la oposición tradicional, Chile Vamos, que agrupa a Renovación Nacional, la Unión Demócrata Independiente y Evópoli, también ha debido reajustar sus tácticas. Tras el quiebre con la extrema derecha, la coalición que respalda a Evelyn Matthei buscó acuerdos en el centro político, iniciando conversaciones con Amarillos por Chile y Demócratas para ampliar su lista parlamentaria. Si bien los detalles definitivos del pacto aún no están confirmados, el desplazamiento de los partidos tradicionales hacia alianzas con sectores de centro refleja una reconfiguración profunda del tablero político en busca de mayor representación y competitividad frente a un oficialismo fragmentado y una extrema derecha consolidada.

