Tras dos meses de internación luego del atentado sufrido en un acto de campaña en Bogotá, este 11 de agosto falleció Miguel Uribe Turbay. El funeral del senador del Centro Democrático y figura clave del uribismo, se convirtió en un escenario de tensiones políticas y declaraciones que anticipan los desafíos electorales de 2026. El sepelio reunió a líderes del partido, familiares y allegados, pero también evidenció divisiones y estrategias electorales.
El ambiente estuvo marcado por discursos que trascendieron el duelo. El expresidente Álvaro Uribe Vélez, criticó al gobierno de Gustavo Petro, acusándolo de «burlarse de la justicia» en referencia a su propio proceso judicial. Petro respondió en redes sociales, señalando que Uribe Vélez usó el espacio para «desviar la atención» de su condena por soborno y fraude procesal. La familia Uribe, a través de María Carolina Hoyos, hermana del senador, pidió que el gobierno no asistiera al funeral.
El evento tuvo una clara carga electoral. Miguel Uribe Londoño, padre del senador, afirmó que su hijo «murió con la esperanza de frenar esta locura en 2026», en alusión a la posibilidad de derrotar a Petro. El uribismo, en medio de la condena de su líder máximo y la pérdida de una figura emergente, busca reorganizarse. Fuentes cercanas al partido indican que preparan una declaración pública para definir su postura frente a las elecciones, aunque persisten tensiones internas, como la ausencia de Tomás y Jerónimo Uribe en roles protagónicos dentro del Centro Democrático.
El resto de oposición al petrismo también mostró fisuras. David Luna, precandidato presidencial, llamó a unificar una candidatura presidencial única para 2026, argumentando que es «lo que quiere Colombia». Sin embargo, no hay consenso sobre quién lideraría esa unidad. Mientras tanto, la presencia de Christopher Landau, subsecretario de Estado de EE.UU., quien expresó apoyo a «la buena gente de Colombia», añadió un matiz internacional al acto, interpretado por algunos como un respaldo simbólico al uribismo.
El funeral reflejó la polarización del país y la batalla narrativa que dominará el próximo año. El uribismo, aunque debilitado judicialmente, aprovechó el espacio para movilizar a su base, mientras el gobierno enfrenta el reto de contrarrestar ese relato. Con 2026 en el horizonte, el sepelio de Uribe Turbay no solo cerró un capítulo personal, sino que abrió uno político donde el legado del senador será eje de campaña.

