De acuerdo con la última encuesta de Datum, el presidente José Jerí cierra el 2025 e inicia el 2026 con una aprobación del 55%, lo que representa un capital político significativo a poco más de dos meses de haber asumido el poder. Sin embargo, este respaldo popular contrasta drásticamente con la percepción de su lucha contra la criminalidad. El mandatario es desaprobado en este rubro, enfrentando el promedio de homicidios más alto desde 2017, con una cifra de 5,55 muertes violentas al día. Esta brecha entre la imagen personal del presidente y los resultados tangibles en seguridad ciudadana sugiere que su popularidad se sustenta más en su forma de comunicación —destacando su presencia en plataformas como TikTok— que en la gestión de la violencia interna.
Ante la presión por la inseguridad, el mandatario ha optado por profundizar las medidas de fuerza. El 6 de enero, Jerí anunció la ampliación del estado de emergencia en todo el territorio nacional por «el tiempo que sea necesario», una decisión que busca responder a la demanda de orden pero que genera dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo. Paralelamente, en un esfuerzo por proyectar gobernabilidad y confianza institucional, el presidente ha descartado realizar cambios en el equipo ministerial. Al ser consultado sobre posibles renovaciones, Jerí fue enfático al señalar que no habrá cambios «para nada», respaldando la gestión de su actual gabinete.
A pesar de la relativa estabilidad del Ejecutivo, el sistema político peruano mantiene una marcada polarización institucional. Mientras el presidente Jeri sostendría un amplio respaldo, el Legislativo continúa sumido en el descrédito. El presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, registra apenas un 19% de aprobación frente a un contundente 61% de desaprobación. Esta disparidad subraya que la ciudadanía diferencia la gestión presidencial de la labor parlamentaria, lo cual otorga a Jerí un margen de maniobra política superior al de sus antecesores inmediatos para manejar la agenda nacional de cara a la recta final de su mandato, frente a un Congreso debilitado en este año electoral.

