REPORTE ESPECIAL

Elecciones en Bolivia: un giro histórico tras dos décadas de hegemonía del movimiento al socialismo

Ilustración: Traza Continental

Las elecciones generales celebradas el domingo 17 de agosto de 2025 en Bolivia significaron un quiebre político profundo tras casi 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), tan sólo interrumpidos por el golpe de Estado de 2019. La primera vuelta de este proceso electoral se celebró en un escenario marcado por un desgaste acumulado del masismo, crisis económica, fracturas internas entre la izquierda y el ascenso de la derecha que abre un nuevo capítulo para el país.

La segunda vuelta se celebrará el 19 de octubre entre Rodrigo Paz y Jorge Quiroga, dos candidatos conservadores, reflejando la decadencia de un proyecto histórico y un reacomodo político que, sin duda, impactará en la región.

LOS RESULTADOS Y EL VOTO NULO

El senador Rodrigo Paz Pereira del Partido Demócrata Cristiano (PDC) lideró la elección con un 31,3% de los votos, seguido por el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, referente del espacio de derecha, Alianza Libre, con el 27,3%. Samuel Doria Medina, tercera fuerza ligada a Fernando Camacho, quedó fuera del ballotage con 20,6%. La izquierda obtuvo una votación que apenas superó el 10%, con Andrónico Rodríguez obteniendo el 7,7% y con Eduardo del Castillo del oficialista MAS, obteniendo apenas el 3,1%.

Un dato crucial tiene que ver con el voto nulo. Evo Morales y las organizaciones sociales indígenas y campesinas sistemáticamente proscritas, y que fueron perseguidas y reprimidas por el gobierno de Luis Arce, decidieron hacer campaña por el voto nulo como una protesta ante lo que ellos consideraron como unas elecciones ilegítimas.

El voto nulo nunca tuvo mucha relevancia en las elecciones pasadas y promedió siempre alrededor del 3%. En estas elecciones alcanzó el 20% de la totalidad de los votos, sin recursos económicos y bajo el acoso de la mayoría de los medios de comunicación, lo que permite observar un acumulado de descontento organizado en torno a una causa pero sin representación en el actual sistema de partidos ni en el parlamento.

El voto nulo nunca tuvo mucha relevancia en las elecciones pasadas y promedió siempre alrededor del 3%. En estas elecciones alcanzó el 20% de la totalidad de los votos (…) lo que permite observar un acumulado de descontento organizado en torno a una causa pero sin representación en el actual sistema de partidos ni en el parlamento.

LA RECONFIGURACIÓN DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA

El legislativo boliviano experimentará una transformación histórica tras la caída del MAS, que quedó prácticamente borrado del mapa después de dos décadas de hegemonía. La Asamblea Legislativa, integrada por 130 diputados y 36 senadores, renovó su composición aplicando la fórmula D’Hondt, lo que derivó en un escenario inédito de fragmentación y pluralidad.

En la Cámara de Diputados, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Rodrigo Paz Pereira, alcanzó 25 escaños, consolidándose como la primera fuerza. Le sigue la alianza Libre, de Jorge “Tuto” Quiroga, con 20 diputados; mientras que Unidad, de Samuel Doria Medina, obtuvo 12. Atrás quedaron Quinto Popular con dos diputados y Súmate, de Manfred Reyes Villa, con uno. El MAS se redujo a una representación marginal de apenas un diputado.

En el Senado, la correlación de fuerzas también se volcó hacia la centroderecha. El PDC obtuvo 15 senadores, Libre 12, Unidad 8 y Súmate 1, quedando el MAS completamente fuera de la cámara alta.

Este nuevo mapa legislativo anticipa un parlamento dominado por fuerzas conservadoras y opositoras al ciclo hegemónico anterior, con un claro predominio de la derecha y el centro, aunque altamente dividido en bloques. La disputa por el balotaje presidencial entre Paz Pereira (PDC) y Quiroga (Libre) definirá cuál de estas fuerzas conducirá el Ejecutivo, pero en cualquier caso el futuro congreso, con los pactos necesarios, tendrá la capacidad de impulsar reformas profundas y marcar un giro político decisivo en el futuro de Bolivia.

Este nuevo mapa legislativo anticipa un parlamento dominado por fuerzas conservadoras y opositoras al ciclo hegemónico anterior (…) el futuro congreso, con los pactos necesarios, tendrá la capacidad de impulsar reformas profundas y marcar un giro político decisivo en el futuro de Bolivia.

EL FRACASO DE LA IZQUIERDA: UN CICLO QUE TERMINA

El fracaso electoral del MAS en Bolivia representa un cambio catastrófico para la izquierda que pone fin a casi veinte años de hegemonía política y electoral. Aunque el MAS ganó sucesivas elecciones presidenciales y transformó el país bajo el liderazgo de Evo Morales, el proceso de decadencia comenzó mucho antes, cuando el movimiento empezó a mostrar señales de descomposición interna y pérdida de apoyo social.

La derrota en el referéndum constitucional de 2016 que buscaba una nueva reelección de Evo Morales marcó un punto de inflexión. Las elecciones de 2019 y el posterior golpe de Estado marcaron una interrupción del proceso por la vía violenta que esta semana terminó de concretarse por la vía democrática. El regreso del MAS al poder en 2020, que era esperado por muchos como la restauración del proceso a su trayectoria histórica de transformación, fue todo lo contrario: un gobierno sin agenda, marcado por la corrupción, intereses económicos y disputas de poder entre facciones.

Un factor clave que explica el colapso de la izquierda en estas elecciones es la fractura interna y la estrategia del voto nulo promovida por Evo Morales al quedar legalmente inhabilitado para postularse. Las disputas por la conducción de los sectores populares que protagonizaron el presidente Arce, el expresidente Morales y Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y ex aliado de Evo, marcaron la agenda política de los últimos meses y allanaron el camino a la derrota. La proscripción de Morales enterró toda posibilidad de rearticulación y, por último, la estrategia del voto nulo como modo de “protesta” dividió aún más al movimiento popular.

Si bien desde el sector de Morales argumentan que este es el inicio de una “recomposición” del campo popular por los históricos resultados del voto nulo, eso aún está por verse. El resultado inmediato de la descomposición del proceso y de la división política de la izquierda es que el conservadurismo ha alcanzado un resultado que ni el más contundente golpe de Estado ni la más eficaz dictadura pudieron darle. Sea cual sea el resultado de octubre, la derecha tendrá una oportunidad de oro para impulsar su agenda y contará con una oposición debilitada y con heridas internas muy profundas.

El resultado inmediato de la descomposición del proceso y de la división política de la izquierda es que el conservadurismo ha alcanzado un resultado que ni el más contundente golpe de Estado ni la más eficaz dictadura pudieron darle.

LA IMPOSIBILIDAD DE LA RENOVACIÓN

Un dato que llamó la atención fue la negativa de Evo Morales de apoyar a Andrónico Rodríguez como candidato e, incluso, haber llegado a puntos de tensión como el ataque sufrido por el joven candidato en el Trópico de Cochabamba por parte de seguidores evistas. Andrónico fue considerado el “delfín político” de Evo durante muchos años. Desde sus inicios se formó en las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, la misma base sindical que impulsó históricamente el liderazgo de Morales. En 2019, tras el golpe de Estado, su nombre circuló como una opción para representar al MAS-IPSP en las elecciones de 2020. Finalmente, la candidatura recayó en Luis Arce (con David Choquehuanca como vicepresidente), en parte porque Evo buscaba una figura con perfil más técnico y menos confrontativo para asegurar la victoria. Aun así, Evo veía en Andrónico una figura de renovación generacional y posible candidato a futuro. Sin embargo, su candidatura reciente, sin alinearse a la estrategia impulsada por Evo, fue vista por el ex presidente como una traición, entrando en un proceso de tensión que sólo se incrementó con el pasar de los meses.

La derrota del MAS va más allá del contexto inmediato de la elección y se inscribe en un fenómeno estructural de descomposición social, política y organizativa que citábamos antes. La pérdida de la cohesión –muchas veces socavada desde el gobierno de Arce– entre sindicatos, movimientos sociales y el propio MAS, un fenómeno que había caracterizado su poder durante casi dos décadas, se tradujo en una ruptura del tejido político que sustentaba el proyecto de cambio. Esta fragmentación debilitó la hegemonía de la izquierda y su capacidad de multiplicarse. El fuerte ascenso de la derecha este domingo reflejó no sólo un rechazo a ese ciclo de descomposición, sino también un repudio popular a un proyecto que no pudo adaptarse ni renovarse frente a los retos sociales, económicos y políticos actuales. Estará por verse si ante el fracaso electoral y después de haber gobernado por 14 años, Morales es capaz de permitir que otros liderazgos asuman la conducción del campo popular o sigue los pasos de algunos de sus aliados latinoamericanos y concentra en su persona la toma de decisiones desde la oposición.

El fuerte ascenso de la derecha este domingo reflejó no sólo un rechazo a ese ciclo de descomposición, sino también un repudio popular a un proyecto que no pudo adaptarse ni renovarse frente a los retos sociales, económicos y políticos actuales.

TRIUNFO DE LA DERECHA Y CONSENSO PROGRAMÁTICO

El centrista Paz Pereira sorprendió al combinar discursos de cambio con pragmatismo, mientras que Quiroga representó la derecha más conservadora y tradicional, con lazos históricos en la élite boliviana. Doria Medina, liberal moderado, ya se posicionó como un aliado estratégico para Paz en segunda vuelta. Queda claro que quienes salieron triunfantes, más allá de los porcentajes para cada una, fueron las derechas, las cuales se han puesto de acuerdo ya en un programa común en medio de sus diferencias.

En un intercambio de opiniones organizado por la Cámara Agropecuaria de Oriente (CAO), Doria, Quiroga y Manfred Reyes (no participó el por ahora ganador Paz Pereira) expresaron el consenso neoliberal que regirá al próximo gobierno: eliminación de la república plurinacional, la agroindustria como el corazón de la economía boliviana, promoción de transgénicos, represión de la protesta social, privatización de las empresas estatales, apertura al capital transnacional, eliminación de subsidios a los combustibles y eliminación de la propiedad comunitaria de la tierra. Sin duda una agenda que no es nueva, pero que hoy encuentra las condiciones sociopolíticas y geopolíticas ideales para resurgir.

Un aspecto fundamental de estas derechas es su concepción en torno a los recursos naturales como un mecanismo de enriquecimiento de las élites y no como palancas del desarrollo nacional. Es posible que el litio, el agua y el gas, tres de los principales recursos naturales de Bolivia que están en disputa desde hace décadas, sean entregados a intereses privados y trasnacionales, lo que revivirá escenarios de conflictividad social que marcaron la caída del periodo neoliberal a inicios del siglo XXI. La diferencia con ese momento es que el escenario actual se presentará en un contexto de reflujo de los movimientos populares y de reordenamiento global donde los aliados regionales escasean y donde la correlación de fuerzas global es más favorable a los sectores privatizadores.

Es posible que el litio, el agua y el gas, tres de los principales recursos naturales de Bolivia que están en disputa desde hace décadas, sean entregados a intereses privados y trasnacionales, lo que revivirá escenarios de conflictividad social que marcaron la caída del periodo neoliberal a inicios del siglo XXI.

LOS PERFILES PARA LA SEGUNDA VUELTA

Rodrigo Paz Pereira es hijo del histórico líder y expresidente Jaime Paz Zamora. Fue alcalde de Tarija (2015-2021) y actualmente es senador por Comunidad Ciudadana, la alianza encabezada por el expresidente neoliberal Carlos Mesa. Aunque proviene de una tradición política ligada al socialdemócrata MIR de su padre, Paz Pereira se ha presentado como un dirigente de centro moderado, con un discurso orientado a la institucionalidad democrática, la descentralización y la gestión regional, así como un promotor de un “capitalismo para todos”, que fue su lema de campaña. Políticamente se ubica en la oposición al MAS, dentro del bloque que combina sectores de centro y hasta de centroizquierda que buscan diferenciarse tanto del oficialismo como de la derecha más dura representada por figuras como Luis Fernando Camacho, promotor y articulador del golpe de Estado de 2019.

Pero la figura de esta primera vuelta –y lo sea posiblemente en la segunda– no fue el senador Paz, sino su candidato a vicepresidente, el capitán Edman Lara, un expolicía de 39 años que ha prometido combatir la corrupción, cambios profundos en los cuerpos policiales, una campaña “austera, con verdad y fe” y “nuevas ideas” para su país; y que ha retomado a Nayib Bukele como su referente. Sobre las elecciones del domingo Lara –que logró captar el voto de clases medias y populares tradicionalmente cercanas al MAS– ha dicho que se trató de un rechazo a “la vieja casta política de izquierda y de derecha”.

Por otro lado, Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez fue vicepresidente del gobierno autoritario de Hugo Banzer y asumió la presidencia de Bolivia entre 2001 y 2002 tras la enfermedad y muerte del mandatario. También fue el compañero de fórmula de Jeanine Áñez en 2020. De formación tecnocrática y con trayectoria en organismos internacionales, se ha identificado con una visión liberal-conservadora en lo económico y represiva en lo político. En el espectro boliviano suele ubicarse en la centroderecha liberal, cercano a posturas empresariales y a una agenda de apertura internacional pero contraria al acercamiento con Cuba, Venezuela y Nicaragua, con un estilo más académico y diplomático que el de las derechas más reaccionarias, con las que sin embargo tiene un vínculo real y simbólico estrecho (su candidato a vicepresidente, Juan Pablo Velasco, usó en la campaña una gorra al estilo Trump con la consigna “Make Bolivia Sexy Again”).

Pero la figura de esta primera vuelta –y lo sea posiblemente en la segunda– no fue el senador Paz, sino su candidato a vicepresidente, el capitán Edman Lara, un expolicía de 39 años que ha prometido combatir la corrupción, cambios profundos en los cuerpos policiales, una campaña “austera, con verdad y fe” y “nuevas ideas”.

ESCENARIOS PARA LA SEGUNDA VUELTA

En el marco de un nuevo consenso neoliberal, no es descartable que Quiroga retire su candidatura y se abra paso un gobierno de coalición reaccionario encabezado por la unidad de las tres principales fuerzas de derecha. Hasta hoy todo parece indicar que Rodrigo Paz se alzará con el triunfo en octubre, pero en caso de que Quiroga quiera dar la pelea, el escenario queda abierto, sobre todo porque cuenta con experiencia política y apoyo internacional.

Quien obtenga la victoria en octubre deberá sumar fuerzas con el segundo lugar y con Medina para consolidar un nuevo bloque conservador no solamente en el parlamento sino a nivel político-social para avanzar en su agenda, sobre todo tomando en cuenta que aunque la izquierda boliviana está debilitada, aún en sus momentos más difíciles ha contado con una capacidad de movilización, resistencia y recomposición como pocas en la región.

Hasta ahora, no se han confirmado comunicados oficiales de gobiernos regionales que expresen posición específica sobre el balotaje presidencial en Bolivia. Sin embargo, podemos aventurar algunos escenarios en caso de una victoria de Paz o de Quiroga a nivel internacional.

Sería de esperar que Rodrigo Paz no haga movimientos bruscos en las relaciones exteriores de Bolivia, particularmente en cuanto a su pertenencia a los organismos de integración regional. Sin embargo, es muy probable que, por las relaciones y orígenes de su vicepresidente, su gobierno establezca vínculos de cooperación estrechos con gobiernos conservadores de la región (Paraguay, Argentina, El Salvador y Ecuador) privilegiando una agenda de securitización y de “combate al crimen organizado” en línea con la estrategia que el Departamento de Estado de los Estados Unidos viene implementando en el continente.

En un gobierno de Quiroga es previsible un alineamiento aún más marcado con las derechas y ultraderechas continentales, un activismo más fuerte en contra de los gobiernos de izquierda de la región y hasta una posible retirada de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (ALBA). Además, “Tuto” ha prometido un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como salida a la crisis económica.

…aunque la izquierda boliviana está debilitada, aún en sus momentos más difíciles ha contado con una capacidad de movilización, resistencia y recomposición como pocas en la región.

Por último, estará por verse el rol de la izquierda en torno a la segunda vuelta y su papel como oposición ante un gobierno que intentará avanzar lo más rápido y lo más profundamente posible en la implementación de su agenda. Ante la ausencia de representantes en el parlamento, ¿optarán las izquierdas por unirse e implementar una estrategia de movilización en las calles?, ¿se mantendrán divididas y se generará un escenario de conflicto que lleve a una agudización de la represión y encarcelamiento de líderes sociales, incluyendo al expresidente Morales?, ¿escalará el conflicto hasta ser un asunto de estabilidad regional como lo fue en 2019?  Sólo los hechos de este “nuevo momento boliviano” lo dirán.

Las elecciones generales celebradas el domingo 17 de agosto de 2025 en Bolivia significaron un quiebre político profundo tras casi 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), tan sólo interrumpidos por el golpe de Estado de 2019.

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