La carrera presidencial hacia la segunda vuelta electoral, disputada entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, muestra un panorama altamente competitivo y polarizado reflejado en los últimos sondeos de opinión pública. La encuestadora Ipsos reportó que Fujimori logró un incremento de un 1% en su intención de voto dentro de Lima Metropolitana, aunque evidenció un estancamiento en el resto de las regiones del país. Por su parte, la última encuesta de Datum publicada el 22 de mayo sitúa a la candidata de Fuerza Popular a la cabeza con un 39.5% de la intención de voto, seguida de cerca por Roberto Sánchez, quien alcanza un 36.1%.
Ante la inminencia del balotaje, las agrupaciones políticas iniciaron formalmente diálogos con otras fuerzas para definir posibles alianzas, proceso en el cual el bloque de derecha ha mostrado fracturas. Rafael López Aliaga descartó de manera tajante cualquier posibilidad de reunirse, dialogar o votar por Keiko Fujimori, manifestando explícitamente «yo no tengo nada que hablar» y tratando de retirar así el endose de votos de su sector a Fuerza Popular. Frente a este distanciamiento, Fujimori optó por mantener una estrategia de apertura al declarar que las puertas de su partido siguen abiertas para quienes deseen sumarse. En una línea distinta, el expresidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) confirmó que emitirá su voto a favor de Fujimori, aunque matizó su postura al argumentar que, desde su perspectiva personal, «apoyar no es sumar votos».
Por otro lado, los partidos del centro y distintos sectores han establecido condiciones rígidas o manifestado un rechazo frontal frente a las opciones en disputa. La organización Ahora Nación rechazó otorgar su respaldo a Keiko Fujimori y condicionó un eventual apoyo a Roberto Sánchez bajo la premisa de «ni fujimorismo ni cogobierno». Con respecto al Partido del Buen Gobierno, Jorge Nieto señaló que la determinación final corresponde a las decisiones institucionales de la propia agrupación, enfatizando que entre los escenarios posibles se contempla la alternativa de viciar el voto. Asimismo, persisten fuertes cuestionamientos hacia Fuerza Popular; el abogado Ronald Atencio ratificó su rechazo a Fujimori acusándola formalmente de haber sido el sostén político que mantuvo en el poder a Dina Boluarte y a José Jerí. En este escenario de negociaciones cruzadas, el candidato Roberto Sánchez adoptó un enfoque pragmático al declarar que no descarta entablar conversaciones, incluso con Rafael López Aliaga, señalando la necesidad de poner las diferencias políticas en un segundo lugar.
Además de las disputas en el seno de la derecha, a medida que se aproxima la fecha decisiva, la tensión política se ve alimentada por severas críticas históricas hacia el fujimorismo. El 22 de mayo, Mesías Guevara, excongresista y excandidato presidencial del Partido Morado, arremetió contra la candidata de Fuerza Popular sosteniendo que el país no ha podido salir de la crisis política desde la «pataleta» que ella protagonizó tras los comicios de 2016. Ese mismo día, Indira Huilca, virtual diputada de Ahora Nación, coincidió con este diagnóstico al afirmar que el fujimorismo se ha dedicado de forma sistemática a desestabilizar el país. En este contexto, y a tan solo dos semanas de que se celebre la votación definitiva, Fujimori se hizo eco de los reclamos de López Aliaga y resucitó sus propias quejas por presuntas irregularidades en el proceso electoral.


