En el marco de la reunión de APEC realizada en Busan, Corea del Sur, tuvo lugar el primer encuentro bilateral entre Xi Jinping y Donald Trump, desde su reelección. Fue el primer cara a cara desde 2019 y se montó como una reunión a puertas cerradas con equipos reducidos. La agenda aunó temas clave como economía y seguridad: aranceles y controles a tecnologías, tierras raras, fentanilo, agro (soja), energía y sobre la guerra en Ucrania.
En los días previos, la Casa Blanca había endurecido el tono con un paquete arancelario global y China había respondido con restricciones a minerales críticos; el cara a cara buscó fijar un alto el fuego táctico para estabilizar expectativas. En simultáneo, Japón y Estados Unidos firmaron un acuerdo marco sobre minerales críticos y tierras raras.
Según ambos relatos, hubo avances puntuales: Trump habló de una reunión “12 sobre 10”, dijo que no hay “ningún obstáculo en tierras raras” y mencionó una rebaja acotada de aranceles a cambio de reanudación de exportaciones chinas de tierras raras y compras de soja estadounidense; China, más sobria, habló de “base sólida” para próximos pasos. Son medidas de tregua, no un “gran acuerdo”, y dejan para más adelante los nudos tecnológicos (chips, datos, apps).
Por su parte, Xi capitalizó la escena en APEC con un mensaje de apertura comercial y multilateralismo, mientras que Trump se retiró tras la bilateral. Numerosos medios señalan que Pekín llevó la iniciativa y que la distensión es frágil: el tono personal entre líderes favorece una “estabilidad gestionada”, pero cualquier nueva sanción o medida (incluida la reanudación de pruebas nucleares anunciada por EE. UU.) podría revertir rápidamente lo acordado.

