Reporte Político Semanal

Escudo de las Américas

Entre el 4 y el 7 de marzo, Estados Unidos lanzó una nueva ofensiva política y militar para reordenar la seguridad hemisférica bajo el nombre de “Escudo de las Américas”. El movimiento tuvo dos momentos centrales: primero, la Conferencia de las Américas contra los Cárteles, realizada el 4 y 5 de marzo en la sede del Comando Sur; luego, la cumbre política del 7 de marzo en Miami, presentada por Donald Trump como un nuevo marco regional para enfrentar al narcotráfico, los cárteles y el llamado “narcoterrorismo”. En ambos encuentros se consolidó la idea de una Coalición de las Américas contra los Cárteles, con respaldo de mandos militares y representantes de varios países de la región.

La primera definición concreta quedó plasmada en la declaración firmada tras la reunión del 4 y 5 de marzo, donde representantes de defensa y seguridad expresaron su voluntad de coordinarse para combatir “el narcoterrorismo y otras amenazas” en el hemisferio occidental. El documento menciona cooperación en seguridad fronteriza, lucha contra el narcotráfico, protección de infraestructuras críticas y otras áreas a definir en conjunto. En esa misma instancia, el asesor de Seguridad Nacional estadounidense, Stephen Miller, sostuvo que el problema de los cárteles no tiene solución dentro del sistema de justicia criminal y que esas organizaciones solo pueden ser derrotadas mediante fuerza militar, anticipando el tono que después asumiría públicamente Trump.

La cumbre del 7 de marzo profundizó ese giro. Trump presentó el Escudo de las Américas como una plataforma hemisférica de coordinación contra redes criminales transnacionales y designó a Kristi Noem como figura clave para articular el vínculo con los gobiernos aliados. Aunque la iniciativa todavía no exhibe una estructura institucional cerrada ni acuerdos plenamente definidos, su diseño deja ver un esquema claramente conducido por Washington. También quedaron expuestas sus limitaciones políticas: de las reuniones fueron excluidos actores regionales de peso como México, Brasil y Colombia, además de Cuba y Venezuela, lo que refuerza su perfil de coalición alineada con la Casa Blanca antes que de consenso hemisférico amplio.

Más allá del discurso antidrogas, el lanzamiento del Escudo de las Américas mostró una ambición geopolítica mayor. En la conferencia del Comando Sur, Pete Hegseth reivindicó explícitamente la vigencia de la Doctrina Monroe y vinculó la seguridad regional con la necesidad de impedir la injerencia de potencias extra hemisféricas. Esa formulación reapareció luego en el discurso político de la cumbre, donde la lucha contra los cárteles quedó asociada no sólo al control territorial interno, sino también a la contención de “influencias extranjeras hostiles”. El resultado es un nuevo marco de seguridad regional en el que Estados Unidos busca combinar la guerra contra el narcotráfico con una doctrina más amplia de tutela estratégica sobre el continente.

Comments