Estados Unidos anunció que desplegará más de cuatro mil infantes de Marina, junto con aviones de reconocimiento, destructores y un submarino de ataque nuclear, en las aguas que rodean América Latina y el Caribe. Washington justificó este temerario despliegue en el sur del Mar Caribe como parte de una nueva política supuestamente destinada a combatir el narcotráfico.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, confirmó que tropas aéreas y navales serán enviadas a la región para llevar a cabo operaciones contra “grupos vinculados al narcotráfico”, entre ellos el denominado “Cártel de los Soles”, que la Casa Blanca asocia con el presidente venezolano Nicolás Maduro. Esta designación, realizada el 25 de julio por el Departamento de Estado, clasifica al grupo como una organización terrorista internacional, aunque no se han presentado pruebas públicas que respalden dichas acusaciones.
Además, Rubio enfatizó que el objetivo principal de la misión es interceptar el flujo de drogas hacia Estados Unidos y calificó al gobierno de Maduro como una “organización criminal” que amenaza la seguridad del país y de sus vecinos.
Desde Venezuela, las fuerzas armadas y especialistas en seguridad consideran que la acción estadounidense representa una demostración de fuerza más que una amenaza de ataque directo. Henry Navas Nieves, director de la Maestría en Historia Militar de la Universidad Militar Bolivariana, subraya que Washington ha aprendido de experiencias bélicas anteriores, como Irak y Afganistán, que los enfrentamientos directos con alto costo político y militar son menos efectivos que estrategias de presión, acoso y medidas coercitivas unilaterales.
El despliegue militar estadounidense coincide con las declaraciones de la fiscal general del país, Pam Bondi, quien aseguró la existencia de un presunto “puente aéreo” que conectaría Venezuela, Honduras, Guatemala y México. Según Bondi, sin aportar evidencia concreta, el régimen de Nicolás Maduro pagaría para tener acceso libre al espacio aéreo en estos países, facilitando el tráfico de drogas y armas hacia México y, eventualmente, hacia Estados Unidos. “Hay un puente aéreo donde el régimen venezolano paga para tener libre acceso al espacio aéreo, sin ser detectados, hacia Honduras, luego Guatemala y México”, afirmó la funcionaria.
Ante esta situación, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reiteró este viernes la postura de su gobierno en favor del respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. En la Mañanera del Pueblo, la mandataria señaló que, según el reporte de la Secretaría de Marina, buques estadounidenses se encuentran operando en aguas internacionales entre Panamá y Sudamérica y reafirmó su compromiso para que los conflictos se resuelvan por vías diplomáticas e instancias internacionales, sin recurrir a la injerencia y respetando la soberanías nacionales.
“Nuestra opinión siempre va a ser la autodeterminación de los pueblos, no solo en el caso de México, sino en todos los países de la región”, declaró, destacando que la colaboración y coordinación internacional debe darse dentro de marcos legales y diplomáticos, evitando cualquier acción que pueda percibirse como intervención militar o política.
Históricamente, el despliegue militar estadounidense en América Latina ha estado marcado por la doctrina Monroe y la intervención en asuntos de la región bajo el argumento de “proteger la seguridad hemisférica”. El reciente despliegue del Grupo Anfibio Iwo Jima y la 22ª Unidad Expedicionaria de los Infantes de Marina forma parte de este patrón de reposicionamiento estratégico.

