Bolivia cerró la semana con el dólar en 11,13 bolivianos con la proyección de que la moneda podría devaluarse aún más. Frente a esta situación, el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, anticipó que Bolivia formalizará un crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por hasta 2 mil 800 millones de dólares para los próximos meses, como ancla de la estrategia de “estabilización”. La maniobra apunta a contener la presión cambiaria con liquidez externa mientras el mercado absorbe una devaluación acumulada del 10% desde el debut del tipo de cambio flexible.
El respaldo del FMI llega con un antecedente que el gobierno prefiere no subrayar: la deuda externa de Bolivia marcó un récord de 14 mil 358 millones de dólares, cifra que convierte el nuevo crédito en deuda adicional que, al contrario de lo que se espera, puede generar mayor inestabilidad financiera y política. Simultáneamente, el ministro Espinoza reconoció que Bolivia prevé un decrecimiento económico de 0,7% para el año 2026, atribuido en parte a los conflictos sociales que frenaron la actividad productiva entre mayo y junio pasado. El gobierno sostiene, no obstante, que el FMI respaldará el “plan de recuperación”, lo que en la práctica supone apostar a que el acuerdo ancle las expectativas económicas y políticas.
El tiempo que el gobierno pide para “estabilizar” el tipo de cambio es más largo del que parte del sector productivo está dispuesto a esperar. En efecto, el nuevo régimen cambiario puso en emergencia a las microempresas que le dieron al gobierno 48 horas para convocar una mesa de diálogo. La presidenta de la Confederación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype), Helen Rivero, sostuvo que el nuevo tipo de cambio incrementó el costo de los insumos importados, golpeando la liquidez de las pequeñas empresas, las cuales ya operaban con márgenes reducidos de ganancia. En paralelo, organizaciones de comerciantes y artesanos advirtieron con protestas por el alza del dólar, ampliando el frente de presión sobre un gobierno que apuesta a que el mercado se autorregule antes de provocar un nuevo descontento generalizado. Luego de casi dos meses de conflicto social y bloqueos, el gobierno se encamina a seguir consolidando frentes de oposición a su modelo económico.

