REPORTE ESPECIAL
Habemus Papam, primeras consideraciones sobre el papado de León XIV
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
1 de Tesalonicenses 4:13-14
Las expectativas habían invadido las principales redacciones de medios de comunicación, la conversación en redes sociales y hasta las casas de apuesta. Desde la partida de Francisco con el Creador, las conversaciones en torno al Cónclave que tendría por misión elegir al papa número 267 lograron una presencia casi omnipresente entre agnósticos y creyentes. Un reflejo concreto de las transformaciones alcanzadas bajo el liderazgo de Francisco, quien asumió su pontificado en un momento de profunda crisis de la Iglesia Católica.
Finalmente, el pasado jueves 8 de mayo, el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost fue elegido como el nuevo papa. El nuevo patriarca, que adoptó el nombre de León XIV, es el primero en pertenecer a la orden agustiniana.
Casi a las siete de la tarde, hora de Roma, León XIV se asomó al balcón central de la Basílica de San Pedro para saludar a los miles de fieles congregados en la Plaza del mismo nombre.
Vestido con la muceta y la estola —tradicionales ornamentos de los pontífices romanos—, contrastó notablemente con la sobriedad de su predecesor, el papa Francisco, quien en 2013 eligió mostrarse solo con la sotana blanca y el crucifijo que llevaba desde su época de obispo en Buenos Aires.
LA PAZ DEL CRISTO RESUCITADO
Durante su primer discurso, León XIV instó al mundo a buscar la paz y a recordar a quienes sufren, consigna que reiteró este domingo 11 de mayo pidiendo el cese al fuego en Gaza. “Esta es la paz del Cristo Resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Viene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”, afirmó.
“Esta es la paz del Cristo Resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Viene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.
Además, rindió un sentido homenaje al papa emérito fallecido: “Recordemos la débil voz del papa Francisco que bendijo Roma. El papa que bendijo Roma dio su bendición al mundo entero aquella mañana de Pascua. Permítanme retomar esa bendición”.
Tras iniciar su alocución en italiano, León XIV sorprendió al dirigirse en español a su “amada diócesis” en Perú, país donde vivió gran parte de su vida como misionero agustino y obispo. En su mensaje, hizo un llamado a construir una Iglesia “sinodal”, “que avanza, que siempre busca la paz y está cerca de los que sufren”. La idea de una “Iglesia sinodal” fue impulsada por Francisco, en referencia a la apertura de la institución a todos los bautizados, con el objetivo de hacerla más horizontal y universal.
A pesar de ser de origen estadounidense, el nuevo pontífice evitó por completo el uso del inglés, una decisión que no pasó desapercibida en el contexto actual. El idioma ha sido objeto de debate desde que el expresidente Donald Trump firmara, en marzo, una orden que lo designa como idioma oficial de Estados Unidos, en un contexto de fuerte persecución a los migrantes, principalmente latinos.
EL SEGUNDO DE LAS AMÉRICAS
Hijo de madre española y padre estadounidense de ascendencia italiana y francesa, Prevost nació en Chicago en 1955. Obtuvo una licenciatura en Matemáticas en la prestigiosa Universidad de Villanova y otra en Teología en Chicago. En 1982 fue ordenado sacerdote en el Colegio Agustiniano de Santa Mónica por monseñor Jean Jadot, entonces pro-presidente del Pontificio Consejo para los No Cristianos, hoy Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.
Luego de obtener su doctorado en Derecho Canónico, Prevost se convirtió en misionero agustino en Perú, país en el que ha vivido gran parte de su vida, estableciendo una estrecha relación con tierras andinas. En 2014, el papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, en el departamento norteño de Lambayeque. Un año después, en 2015, es elegido nuevo obispo y se nacionalizó como ciudadano peruano.
Tras una audiencia privada, en 2023 Francisco lo elevó al rango de arzobispo con título personal y, sobre todo, lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos, en reemplazo del poderoso y controvertido cardenal canadiense Marc Ouellet.
El salto resultó particularmente llamativo, ya que Prevost nunca había ocupado un cargo diocesano de gran relevancia. A pesar de contar con una trayectoria honorable dentro de la orden de los agustinos, no resulta forzado afirmar que su espectacular ascenso estuvo motivado por el favor del propio papa Francisco. Aunque era un candidato poco conocido para el gran público, dentro del Vaticano era considerado una figura clave: prefecto del Dicasterio para los Obispos, presidente de la Comisión Pontificia para América Latina y hombre de confianza de Francisco. Fue precisamente esa discreta centralidad la que le valió apoyos decisivos en un cónclave rápido y sin grandes divisiones. Prevost supo construir alianzas transversales, apareciendo como la figura idónea para sanar heridas en una Iglesia marcada por la polarización.
A pesar de contar con una trayectoria honorable dentro de la orden de los agustinos, no resulta forzado afirmar que su espectacular ascenso estuvo motivado por el favor del propio papa Francisco.
Con la elección de Prevost para ocupar el trono de Pedro, el Vaticano ha escogido a un papa que es, al mismo tiempo, estadounidense y “latinoamericano”. Habla perfectamente español y fue presidente de la Pontificia Comisión para América Latina entre 2023 y 2025. El propio Vaticano describió a León XIV como el “segundo de las Américas”.
Rompiendo una “tradición secular”, la designación del primer papa estadounidense ocurre en un contexto de profunda crisis hegemónica de Estados Unidos. Un contexto donde la principal potencia mundial busca superar esta situación mediante una reconfiguración de su matriz productiva, una feroz competencia por el dominio de la inteligencia artificial —con sus implicancias depredadoras sobre los recursos naturales— y un creciente caos militarista y comercial a nivel internacional.
LA RELACIÓN CON EL AMERICANISMO
Es posible encontrar una pista del nombramiento de Prevost en algunos de los gestos del propio Francisco. Luego de la insistencia de Washington para que J. D. Vance —un católico converso— se reuniera con él durante el domingo de Pascua, el papa Francisco accedió a recibirlo, pese su frágil salud. Sin embargo, la reunión no se dio según los protocolos diplomáticos habituales en lo que refiere a las relaciones entre Estados. El encuentro se llevó a cabo en la Casa Santa Marta. Se trataba de un gesto mediante el cual marcaba así su estatus de jefe religioso. De modo tal que el papa recordaba que, pese al poder terrenal de Vance —como vicepresidente de una potencia imperial y figura central del poder estadounidense hoy—, en su calidad de católico sigue estando sometido a la autoridad espiritual de la Iglesia, cuyo sumo pontífice era el propio Francisco.
El papa recordaba que, pese al poder terrenal de Vance —como vicepresidente de una potencia imperial y figura central del poder estadounidense hoy—, en su calidad de católico sigue estando sometido a la autoridad espiritual de la Iglesia.
Así, la llamada “opción carolingia”, entendida como una tentación de la Iglesia de aliarse con el poder político a cambio de visibilidad y protección, fue sutilmente rechazada por Francisco.
En enero de 1899, el papa León XIII envió una carta apostólica al cardenal James Gibbons, arzobispo de Baltimore. La encíclica, conocida como Testem Benevolentiae Nostrae, tenía como objetivo advertir contra ciertas tendencias que venían ganando peso entre los fieles estadounidenses y que León XIII consideraba peligrosas: corrientes de corte modernista y nacionalista. El documento condenaba lo que denominaba “americanismo”, basado en su visión de la libertad individual y la idea de que existía un particularismo estadounidense.
El temor de León XIII —que la fe fuera absorbida por ideologías políticas liberales que destruyeran su autonomía espiritual— parece encontrar hoy un eco en el enfrentamiento entre el Vaticano y el nacionalismo cristiano de la alt-right que impulsa un sector del entorno de Trump.
La decisión de Robert Francis Prevost de adoptar el nombre de León XIV no es menor. Por un lado, las relaciones que León XIII estableció con los Estados Unidos no pueden ser ignoradas ni fácilmente dejadas de lado.
Así mismo, León XIII, a fines del siglo XIX, fue uno de los fundadores de la doctrina social de la Iglesia: una respuesta “conservadora popular” a las transformaciones sociales de la Segunda Revolución industrial frente a la emergencia del movimiento obrero —organizado en partidos políticos nacionales— y al peligro latente de una revolución social.
Su encíclica Rerum Novarum, considerada el documento fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia —cuyo título significa “De las cosas nuevas”—, es al mismo tiempo una denuncia de la terrible situación social que vivía la emergente clase obrera, sometida a la miseria impuesta por la explotación capitalista, y una advertencia sobre la necesidad de que las clases dominantes “cedan algo para no perderlo todo”, frente al avance de las por entonces crecientes fuerzas socialistas.
Publicada en 1891, la encíclica defiende la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores, incluyendo un salario justo, condiciones laborales humanas y el derecho a organizarse. Al mismo tiempo, rechaza tanto el socialismo, que busca abolir la propiedad privada, como el liberalismo individualista, proponiendo en su lugar una relación armónica entre capital y trabajo. Además, afirma que el Estado tiene la responsabilidad de proteger a los más vulnerables sin suprimir la iniciativa privada, y subraya el papel fundamental de la familia como núcleo esencial de la sociedad.
LEÓN XIV, RESPUESTA ESTRATÉGICA
Hoy el mundo atraviesa una nueva transformación social, marcada por una revolución tecnológica que ha llevado a que millones de personas sean “descartadas” por la lógica insaciable del capital, mientras un puñado de hipermillonarios sueña con conquistar Marte. La “cuestión social” se vuelve cada vez más acuciante.
La elección de Robert Francis Prevost como papa León XIV podría entenderse entonces como una respuesta estratégica del Colegio Cardenalicio frente a estas tensiones. Al asumir el pontificado como León XIV, el nuevo papa asume la responsabilidad de guiar una Iglesia global marcada por las desigualdades, la migración, las guerras y el desafío de la secularización. Pero también por los enfrentamientos internos, las tensiones de quienes se oponen a las reformas introducidas por Francisco, y el crecimiento de una nueva extrema derecha en los propios Estados Unidos que –cada vez más– logra enraizarse en sectores católicos.
Al asumir el pontificado como León XIV, el nuevo papa asume la responsabilidad de guiar una Iglesia global marcada por las desigualdades, la migración, las guerras y el desafío de la secularización. Pero también por los enfrentamientos internos, las tensiones de quienes se oponen a las reformas introducidas por Francisco, y el crecimiento de una nueva extrema derecha en los propios Estados Unidos que –cada vez más– logra enraizarse en sectores católicos.
Aunque mantiene posiciones tradicionales en asuntos como el aborto, la eutanasia y la comunidad LGBTQ+, Prevost ha criticado anteriormente, mediante una red social bajo su nombre, las políticas migratorias de la administración Trump y ha mostrado simpatía por movimientos sociales como Black Lives Matter.
Es posible que su pontificado sea un intento de “tender puentes de diálogo” con los sectores de la Iglesia estadounidense que, en los últimos años, mantuvieron un fuerte enfrentamiento con el papa Francisco, bajo un perfil “reconciliador”, pero que al mismo tiempo mantenga distancia con los sectores más reaccionarios, que vienen ganando fuerza, especialmente en figuras como el ya mencionado Vance o el empresario Peter Thiel.
Aún está por verse cuál será la voluntad de diálogo de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica, sobre todo de los sectores más alineados con los postulados de MAGA. Hasta ahora, estos han operado en contra de Prevost.
Su pontificado será observado con atención: no solo por el rumbo que adopte frente a cuestiones doctrinales sino también por las disputas en el corazón de la todavía principal potencia hegemónica.


