Jacob Helberg: embajador de la República Tecnológica

“Ya sea que estés en los Estados Unidos o en Israel, creo que todos deberíamos estar motivados por el creciente sentido de patriotismo tecnológico que está viviendo Silicon Valley”.

Jacob Helberg

En nuestra tercera entrega de la serie Universo Trump 2.0 abordamos la importancia de Palantir y el planteamiento que su CEO, Alex Karp, desarrolló en su libro The Technological Republic: la necesidad de que las empresas de la tecnología dejen atrás una visión hedonista de sus propósitos y comiencen a adoptar una mirada más estratégica en beneficio de los intereses vitales de Estados Unidos: desde la reindustrialización de la nación hasta el desarrollo de capacidades para garantizar la seguridad y la defensa hemisféricas. Pero los filósofos Alex Karp y Peter Thiel el otro fundador de Palantir no se conforman con plantear ideas, obtener contratos e incidir en las decisiones del gobierno, quieren ser el gobierno.

Con la llegada de J.D. Vance a la vicepresidencia los technobros, como se le conoce a este grupo, lograron desembarcar en la Casa Blanca al más alto nivel. Sin embargo, para que un proyecto político funcione necesita cuadros capaces y convencidos en las segundas líneas de mando, espacios a los que los muchachos de Silicon Valley están enviando agentes y emisarios. Uno de ellos es Jacob Helberg, parte de una nueva generación cuya tarea es encarnar y hacer posible la república tecnológica. En nuestra octava entrega de la serie que elaboramos con colaboración con Supernova, abordamos la trayectoria de esta joven promesa de la administración Trump, hoy subsecretario (designado) de Estado para Crecimiento Económico, Energía y Medio Ambiente de los Estados Unidos.

Ilustración: Traza Continental

Jacob Helberg, con apenas 35 años, es el subsecretario (designado) de Estado para Crecimiento Económico, Energía y Medio Ambiente de los Estados Unidos, un puesto de asesoramiento directo del secretario de Estado Marco Rubio en materia de política económica internacional. Graduado del programa de maestría en riesgo y estrategia de ciberseguridad de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York y exasesor de Alex Karp en Palantir, el principal valor de Helberg no está tanto en su nombramiento formal como en el lugar simbólico que ocupa dentro del universo Trump 2.0: Helberg es un intelectual ex demócrata gay, judío y tecnócrata que tiene como misión traducir el discurso de seguridad nacional y del “nuevo siglo americano” a un lenguaje seductor para sus colegas technobros de Silicon Valley y a las nuevas generaciones de la industria, por un lado, y ser el promotor al interior del gobierno de los postulados de la república tecnológica predicada por su exjefe Karp. Helberg es un elemento clave en la batalla político-cultural del trumpismo, porque, aunque hoy parezcan hechos el uno para el otro, lo cierto es que el sector tecnológico no sólo no tuvo representación en el primer mandato de Donald Trump, sino que en su mayoría, como Helberg, eran wokes, financiaban al Partido Demócrata y consideraban al excéntrico presidente como un peligro para la democracia. Hoy eso ha cambiado y Jacob Helberg se convertirá cada vez más en una de las piezas fundamentales para que ese cambio sea sólido y duradero.

THIEL, RABOIS Y THE HILL & VALLEY FORUM

“Mafia de Paypal” es la manera en que se llama al grupo de ex empleados de Paypal que fundaron otras empresas exitosas en Silicon Valley, entre ellas LinkedIn, YouTube, Space X o Palantir Technologies, y se convirtieron en empresarios con amplia capacidad de impacto y de influencia política. Helberg es de una generación posterior a la que creó a estos gigantes de la tecnología, pero atrajo por su talento la atención de Peter Thiel —la estrella alrededor de la cual gira todo este ecosistema—, de Alex Karp, CEO de Palantir, y de Keith Rabois, con quien terminó casado. Helberg forma parte central del esquema de relaciones entre empresarios y políticos que impulsaron la candidatura de J.D. Vance a la vicepresidencia y que hoy están comprometidos con el proyecto trumpista, no sólo ideológicamente, sino a través de una relación estratégica de colaboración.

Helberg forma parte central del esquema de relaciones entre empresarios y políticos que impulsaron la candidatura de J.D. Vance a la vicepresidencia y que hoy están comprometidos con el proyecto trumpista, no sólo ideológicamente, sino a través de una relación estratégica de colaboración.

Helberg ha dejado trascender que es padre de dos hijos, pero no se les conoce sus rostros, nombres o edades. Lo que sí es por muchos conocido es que está casado con Keith Rabois, un inversor en empresas de tecnología de 56 años integrante de la “Mafia de Paypal”. Rabois también es judío, amigo cercano de Thiel y Karp y director de Khosla Ventures, una empresa de capital de riesgo fundada por el magnate indoestadounidense Vinod Khoslacon. El casamiento entre ambos fue en 2018 y la boda fue oficiada por Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI (Khosla Ventures fue la primera firma en invertir en OpenAI y respaldó a Altman en su conflicto con Elon Musk por el control de la empresa). Esto coloca a Helberg en otro subgrupo dentro del gobierno, la “velvet mafia”, como se denomina informalmente a las personas de la comunidad LGBT con alto nivel de influencia en política, medios y cultura, y que tienen una amplia representación en los puestos más altos de la administración Trump.

Su cercanía con Thiel lo llevó a ser asesor senior de Alex Karp en Palantir, una de las empresas de tecnología y seguridad más importantes en estos momentos, que tiene contratos con la administración Trump, pero también con la OTAN y el gobierno israelí. “Palantir es, con mucho, el mejor sistema operativo para la inteligencia artificial militar. Y los gobiernos que están en la primera línea del conflicto, desde Kiev hasta Jerusalén, entienden que las capacidades de Palantir pueden significar la diferencia entre ganar y perder en el campo de batalla”, dijo Helberg sobre la empresa.

Sus preocupaciones sobre China y su creciente capacidad de influencia y diálogo con el sector tecnológico llevaron a Jacob a crear, junto con los jóvenes Christian Garrett y Delian Asparouhov, The Hill and Valley Forum, un grupo de trabajo de capitalistas de riesgo y legisladores estadounidenses de ambos partidos preocupados por el impacto de China en la industria tecnológica estadounidense, que tienen como meta recuperar el “patriotismo” en el sector y ser un puente de diálogo con el gobierno al más alto nivel. En el último evento organizado por la iniciativa a finales de julio de este año, titulado “Winning the AI Race”, Donald Trump pronunció un discurso de cerca de una hora donde detalló el plan de Acción de Inteligencia Artificial presentado semanas antes en la Casa Blanca, donde Helberg fue elogiado por el presidente.

En el último evento organizado por la iniciativa a finales de julio de este año, titulado “Winning the AI Race”, Donald Trump pronunció un discurso de cerca de una hora donde detalló el plan de Acción de Inteligencia Artificial presentado semanas antes en la Casa Blanca.

LA GUERRA DE LOS CABLES

En 2021, Helberg, que también es internacionalista por la Elliott School of International Affairs, publicó el libro The Wires of War: Technology and the Global Struggle for Power, donde desarrolla su visión de la política internacional. Su argumento central es que el siglo XXI está marcado por una “guerra de cables” o “guerra gris”: una competencia global por el control de las redes digitales, las infraestructuras de datos y las cadenas de suministro tecnológicas en la cual el principal enemigo de Estados Unidos es China. En este punto, el libro de Helberg comparte la mirada de Elbridge Colby, subsecretario de Defensa y autor de The Strategy of Denial respecto a China. Colby sostiene que la principal amenaza para EE.UU. es la hegemonía china en Asia, lo que podría desestabilizar el orden internacional y afectar directamente la seguridad estadounidense. “Estamos en medio de un nuevo tipo de guerra, no una librada con tanques o misiles, sino con cables, semiconductores, satélites y redes sociales. El control de la infraestructura digital está convirtiéndose en algo tan estratégico como el control del territorio”, afirma Helberg en el libro.

Helberg cree que el control tecnológico es el nuevo fundamento del poder global y que las democracias enfrentan un dilema existencial: o se rearman digitalmente para resistir la ofensiva china, o corren el riesgo de quedar subordinadas a un modelo autoritario de vigilancia digital, que es la misma preocupación de su promotor Peter Thiel. “La estrategia de China es convertir en arma la apertura del sistema global, al mismo tiempo que blinda sus propios mercados y población de la influencia extranjera. La mayor fortaleza de Estados Unidos —nuestra sociedad abierta— se ha convertido en nuestra mayor vulnerabilidad en la era de la información”, sostiene.

Para esto propone un enfoque de “resiliencia democrática” que incluye fortalecer cadenas de suministro de semiconductores y telecomunicaciones, establecer alianzas tecnológicas entre países afines, incluido Taiwán, desarrollar mecanismos para contener la desinformación sin debilitar libertades fundamentales y regular el impacto de plataformas extranjeras hostiles. Para esto no sólo se necesita contar con aliados en el gobierno y en la industria tecnológica, se necesitan puentes humanos que comprendan ambos mundos y ese es el papel que muchos cuadros de la nueva derecha estadounidense como J.D. Vance y Helberg están llamados a cumplir. “No podemos darnos el lujo de caminar dormidos hacia el autoritarismo digital. Las decisiones que tomemos en la próxima década determinarán si la tecnología sirve a la libertad o a la tiranía”, afirma Jacob.

…se necesitan puentes humanos que comprendan ambos mundos y ese es el papel que muchos cuadros de la nueva derecha estadounidense como J.D. Vance y Helberg están llamados a cumplir.

TIK TOK GO HOME

De 2016 a 2020, Helberg fue el responsable de la política de productos globales de Google para combatir la desinformación y la interferencia extranjera. Posteriormente fue parte de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad de los Estados Unidos y China. Desde ambos espacios se fue abriendo brecha y exponiendo sus preocupaciones que lo llevarían a convertirse en uno de los máximos defensores de la Ley de Protección de los Estadounidenses frente a Aplicaciones Controladas por Adversarios Extranjeros, un avance legal para prohibir TikTok en Estados Unidos, plataforma a la que ha acusado de estar bajo total control del Partido Comunista Chino (PCCh) y de promover contenido “antisemita”.

“TikTok invirtió 27 millones de dólares en cabildeo. A pesar de toda esa financiación, parte de lo que ocurrió fue que los responsables políticos de ambos partidos tenían preguntas y preocupaciones legítimas sobre la seguridad nacional, todas relacionadas con la pregunta clave: ¿están controlados por el Partido Comunista Chino? TikTok nunca respondió a esas preguntas”, dijo Helberg en 2024. El subsecretario de Estado designado se refiere a la disputa legal para prohibir TikTok en todo el territorio de Estados Unidos. Trump había hecho campaña prometiendo encontrar una solución al tema y, una vez en el gobierno, está buscando que Estados Unidos tenga el 50% de participación en ByteDance, empresa propietaria de TikTok, una operación que no termina de concretarse porque la guerra comercial con China y la subida de aranceles mal predispone a los negociadores.

Estas idas y vueltas son lo que Helberg llama la “confusión civil militar” que sufre Estados Unidos, distinta a la “fusión civil militar” de China. Esta confusión se debe en gran medida a la brecha cultural entre la industria tecnológica (con tecnólogos jóvenes e ingenieros) y la comunidad política (con políticos mayores y abogados), que llegan a colaborar en los grandes asuntos estratégicos de su país. Su papel es ser interlocutor y aceitar esa relación para poner a los Estados Unidos a tono en la disputa tecnológica global con el país asiático. Por todos estos esfuerzos Helberg ya es conocido en los círculos de la política exterior estadounidense como un “halcón” en la pelea de la administración Trump contra China.

Su papel es ser interlocutor y aceitar esa relación para poner a los Estados Unidos a tono en la disputa tecnológica global con el país asiático. Por todos estos esfuerzos Helberg ya es conocido en los círculos de la política exterior estadounidense como un “halcón” en la pelea de la administración Trump contra China.

UN ORGULLOSO SIONISTA

Helberg ha dicho que es un orgulloso sionista y ha declarado que parte de su viraje hacia el trumpismo se debe a suposición en torno al Estado de Israel, ya que sus convicciones políticas están marcadas en buena medida por su religión: fue criado en una familia judía y sus abuelos paternos sobrevivieron al Holocausto. El joven otrora donante de los demócratas dejó de sentirse cómodo en su partido por el énfasis desmedido en las políticas woke, por modificaciones en su política fiscal, por diferencias ideológicas pero sobre todo por la postura ambivalente que la administración Biden tuvo con Israel en relación al programa nuclear de Irán.

En cambio, encontró en la dupla Trump-Vance un asidero para sus convicciones y sus inquietudes como sionista. Junto con su esposo Keith Rabois y Jonathan Burkan, vicepresidente senior de Morgan Stanley, Jacob organizó un acto de recaudación de fondos en Nueva York para la campaña republicana que contó con la presencia de Vance, a quien Helberg llamó “un verdadero amigo de Israel”.

“La seguridad y la supervivencia de la única patria judía del mundo está en la boleta electoral”, dijo en el acto en el que también calificó a Trump como el presidente más pro-Israel de la historia, destacando el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén, la firma de los Acuerdos de Abraham, su reconocimiento a los Altos del Golán como territorio israelí y el respaldo del empresario neoyorquino a las campañas de presión para que Irán desistiera de desarrollar un programa nuclear.

“La seguridad y la supervivencia de la única patria judía del mundo está en la boleta electoral”, dijo en el acto en el que también calificó a Trump como el presidente más pro-Israel de la historia.

Pero su compromiso con Israel no sólo ha marcado su acercamiento con Trump, también ha acrecentado su resistencia a China. Helberg encuentra en el Partido Comunista Chino una amenaza tanto para los Estados Unidos como para Israel. “El PCCh es, en mi opinión, filosóficamente antisemita y políticamente anti-Israel. Son antirreligiosos, desprecian filosóficamente el hecho de que los judíos hayan existido posiblemente más tiempo que la civilización china y definitivamente más tiempo que el Partido Comunista Chino”, dijo en una valoración de la historia y de la cultura chinas bastante debatible.

EL SUSURRADOR… EN MEDIO DE TENSIONES

Esta suerte de marco teórico que Helberg le aporta a la guerra Estados Unidos-China más su cercanía con el grupo de Thiel-Vance, llevó a que algunos sectores de la prensa estadounidense lo llamaran el nuevo “susurrador” de Trump, es decir, un privilegiado con acceso libre al espacio y los oídos del presidente. Si bien es cierto que Helberg tiene consideración por parte de Trump (el presidente ha dicho de él que “será un campeón de nuestra política de seguridad económica y crecimiento estadounidense, guiando la política exterior del Departamento de Estado para asegurar nuestro dominio tecnológico”), el verdadero valor de Helberg está en la mirada innovadora, nacionalista y profética que él y su grupo le aportan al bloque tecnocrático-militarista de la élite estadounidense.

Como hemos resaltado, más que un ideólogo populista o un político profesional, Helberg es un tecnócrata que representa una nueva generación del cruce entre seguridad nacional, tecnología y geopolítica digital, una suerte de embajador de Silicon Valley ante el gobierno y del gobierno ante Silicon Valley, una comunidad muy influyente, históricamente demócrata y progresista, que viró en los últimos años a una utopía que muchos ubican en el tecnofeudalismo. “Ya no es tabú apoyar al Pentágono en Silicon Valley”, ha dicho Helberg sobre su misión.

…más que un ideólogo populista o un político profesional, Helberg es un tecnócrata que representa una nueva generación del cruce entre seguridad nacional, tecnología y geopolítica digital…

La alianza de los technobros con el trumpismo es muy reciente. Como apuntábamos, salvo el apoyo prematuro de Peter Thiel a la campaña de Trump en 2016, Silicon Valley no tuvo representación dentro del espacio político durante el primer mandato y recién empezó a jugar un rol significativo cuando Trump retomó la campaña que lo llevó nuevamente a la presidencia con Vance como su segundo a bordo.

Quizá la imagen más conocida de esta alianza sea la incorporación de Elon Musk a la campaña primero y a la administración pública después, donde Musk estuvo al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una comisión asesora del presidente que tiene como objetivo reestructurar el gobierno federal, eliminar regulaciones, y reducir el gasto público. Pero Musk duró apenas unos meses en el gobierno, del que salió despedido cuando empezó a cuestionar la One Big Beautiful Bill Act, una ley promovida por Trump que combina recortes fiscales, aumentos en el gasto en defensa e inmigración, y recortes en programas sociales. Entre otras políticas, la ley eliminaba incentivos fiscales para la producción de vehículos eléctricos, un golpe para Tesla, la compañía de Musk, quien llamó a la ley “una abominación repugnante”. Esto le valió su salida del gobierno y una dura advertencia de Trump. “Quizás tengamos que poner al DOGE sobre Elon”, dijo el presidente de EE. UU. “Ya sabes, es el monstruo que podría volver y comerse a Elon. ¿No sería terrible? Elon está muy molesto porque se va a eliminar la obligación de fabricar vehículos eléctricos. ¿Y sabes qué? Si lo piensas bien, ¿quién quiere uno? No todo el mundo quiere un coche eléctrico. Yo no quiero un coche eléctrico”, dijo Trump. Y fue más allá: “Elon está muy molesto por todo. Pero podría perder mucho más que eso. Puedo asegurarles que Elon puede perder mucho más”.

Todo el episodio Musk-Trump desnudó la tensión que recorre la columna vertebral del trumpismo y es el enfrentamiento entre los recién llegados technobros, Helberg entre ellos, y los miembros fundacionales de MAGA, híper conservadores y defensores de los valores que le dieron vida al movimiento. A MAGA podemos hacerlo carne en la figura de Kristi Noem o Steve Bannon, el ex estratega de la Casa Blanca durante la primera administración de Trump, que consideró que Musk era un niño inmaduro que quería maximizar sus ganancias. En esa crítica de Bannon reside gran parte de la tensión que existe con los technobros, a quienes los MAGA más radicales ven como millonarios megalómanos que se acercan a la política para lograr la protección de sus empresas por parte del Estado y en cuyos deseos de influencia ven intereses elitistas. “Peter Thiel, Elon Musk, David Sacks” —otro miembro de la Paypal Mafia y presidente del Consejo Presidencial de Asesores para la Ciencia y Tecnología de Estados Unidos— “son todos sudafricanos blancos… deberían volverse a Sudáfrica ¿Por qué tenemos sudafricanos en el gobierno, las personas más racistas de la Tierra?”. Bannon los ha acusado de explotar el sistema migratorio —especialmente las visas H-1B— para el beneficio de la élite tecnológica, algo que, según Bannon, genera frustración popular.

Todo el episodio Musk-Trump desnudó la tensión que recorre la columna vertebral del trumpismo y es el enfrentamiento entre los recién llegados technobros, Helberg entre ellos, y los miembros fundacionales de MAGA.

En el fondo, y no tanto, la pelea MAGA contra los technobros es una disputa por el control del trumpismo. MAGA ve en ellos a una élite oportunista, una suerte de caballo de Troya que apoya a Trump mientras les convenga, pero que en realidad busca controlar la política digital, financiera y militar del país. Los technobros creen que pueden modernizar y controlar la política desde la tecnología y el dinero y ven a Trump como un interregno para la llegada de su hombre fuerte al poder: J.D. Vance, quien si bien surge de las entrañas del entorno de Thiel, también cuenta con todas las credenciales del mundo MAGA, por lo que su amigo Patrick Deneen lo ha catalogado como el perfil idóneo para sintetizar los intereses de ambos grupos en el futuro.

Pero aún falta tiempo para saber si los technobros lograrán su cometido. Mientras tanto, los prejuicios con los que muchos miran a sus aliados le han caído también a Helberg. Las críticas a su libro por parte de la prensa estadounidense fueron muy duras y casi todas en una sola dirección: su visión elitista y sectorial de la política internacional. El Wall Street Journal criticó que su solución a los problemas geopolíticos sea “confiar más en las élites tecnológicas”; Publishers Weekly dijo que su defensa de las grandes empresas tecnológicas es un sesgo tecnoutópico elitista y Foreign Affairs lo acusó de simplista y superficial.

También lo apuntan por su influencia en la política de la administración Trump sobre la Inteligencia Artificial. Según el Washington Post, Helberg lidera las presiones para que el gobierno, luego de la avanzada contra TikTok, invierta fondos en subvenciones y contratos de IA que podrían beneficiar a muchos miembros de su grupo de presión aglutinado en torno a The Hill and Valley Forum. Quienes observan los movimientos de Helberg y de este grupo de cerca dicen que detrás de su retórica catastrofista sobre la IA lo que hay realmente es un interés para que el gobierno invierta en ellos y se mantenga al margen de las regulaciones. Helberg, mientras tanto, alabó el Plan de Inteligencia Artificial que ayudó a construir bajo la conducción de David Sacks y Michael J. Kratsios.

Según el Washington Post, Helberg lidera las presiones para que el gobierno, luego de la avanzada contra TikTok, invierta fondos en subvenciones y contratos de IA que podrían beneficiar a muchos miembros de su grupo de presión aglutinado en torno a The Hill and Valley Forum.

UNA CARRERA CON OBSTÁCULOS

Pero antes que sus ideas, Helberg enfrenta un problema de credibilidad ante algunos actores del sistema político estadounidense. Afirma ser miembro del equipo fundador de GeoQuant, una empresa especializada en la previsión del riesgo geopolítico mediante el uso de algoritmos avanzados. Sin embargo, su papel en la creación de la empresa ha sido objeto de debate: su nombre no figura en las comunicaciones oficiales de la compañía. También dijo que la aseguradora Swiss Re había invertido en GeoQuant a través de su brazo de capital de riesgo, lo que fue desmentido por Swiss Re. También ha dicho que fue “senior advisor” en el “Stanford University Center for Geopolitics and Technology”, pero no existe un centro con ese nombre. También tiene cuestionamientos por los cambios en sus posturas políticas: pasó de donar cientos de miles de dólares al Partido Demócrata entre 2019 y 2021 a ser un férreo defensor de los republicanos y desembolsar más de 2 millones de dólares para su causa, lo que fue visto por muchos como un gesto oportunista. Helberg ha dicho que el Partido Demócrata del que formó parte abandonó los principios de libertad individual, libre empresa y meritocracia. “El Partido Demócrata olvidó sus principios fundacionales y se dejó gobernar por una ideología progresista que sustituye el mérito por conceptos amorfos y a menudo arbitrarios de identidad y justicia. Quizás más pernicioso aún, el progresismo moderno pinta una cosmovisión que divide al mundo en opresores y oprimidos”, dijo. Sin embargo, James Carville, el veterano estratega de los Clinton, ha dicho sobre los donantes demócratas de origen judío que se pasaron a las filas republicanas, que su transformación no se basa en decisiones ancladas en reflexiones ideológicas sino que lo hicieron “porque quieren un recorte de impuestos”.

La carrera de Jacob todavía es larga y no estará libre de obstáculos.  Tiene delante suyo una tarea que requerirá irse ganando la confianza y el respeto de los nuevos círculos de Washington y cumplir las expectativas que tienen de él sus aliados cada día más  influyentes y poderosos. Pero como su nombre en hebreo lo dice, puede convertirse en un “burlador” de dificultades. Como en la historia de Jacob –que relata la Torá y que Helberg conoce desde niño– puede que salte todos los obstáculos y logre su cometido. Aunque la construcción del nuevo siglo americano y de la república tecnológica valen más que un plato de lentejas. 

En nuestra tercera entrega de la serie Universo Trump 2.0 abordamos la importancia de Palantir y el planteamiento que su CEO, Alex Karp, desarrolló en su libro The Technological Republic: la necesidad de que las empresas de la tecnología dejaran atrás una visión hedonista de sus propósitos y comenzaran a adoptar una mirada más estratégica …

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