Alex Karp, Palantir y la República Tecnológica: hacia un nuevo Proyecto Manhattan

Palantir no solamente es una de las la empresas más importantes del mundo en materia de análisis de datos e Inteligencia Artificial para la seguridad, la defensa y la salud. La compañía fundada por Alex Karp y Peter Thiel es ya un modelo a seguir para la nueva generación de innovadores cuyo horizonte no es más facilitar la satisfacción de las necesidades del ser humano –alimentarse, trasladarse, entretenerse– sino participar de las tareas estratégicas de los Estados y la recuperación de “la grandeza de Occidente”.

En nuestra tercera entrega de la serie dedicada al Universo Trump 2.0, en colaboración con Supernova hacemos un recorrido por la biografía del CEO de Palantir; analizamos la colaboración de la firma con el gobierno de Estados Unidos y la OTAN; y reseñamos los planteamientos esbozados en The Technological Republic, el libro-manifiesto lanzado por Karp y Nicholas W. Zamiska a inicios del presente año, donde los autores abogan por poner los avances tecnológicos al servicio de los intereses vitales del imperio estadounidense.

Ilustración: Traza Continental

Alex Karp es uno de los CEO más importantes del mundo. En 2025, la revista Time lo nombró en la lista “Time 100” de las personas más influyentes  y hasta mayo de este año su patrimonio neto había superado los 11 mil millones de dólares, lo que lo sitúa entre las 250 personas más ricas del mundo según Forbes y el Bloomberg Billionaires Index. Karp dirige Palantir, una de las empresas de análisis de datos e inteligencia artificial más vanguardistas e innovadoras de los Estados Unidos, vinculada vía financiamiento y contratos al gobierno norteamericano: ha obtenido casi 3 mil millones de dólares en contratos desde 2009, según el Financial Times. Palantir fue confundada por Karp con su ex compañero de estudios Peter Thiel. Creador este último a su vez de PayPal (junto a Elon Musk), inversor inicial de Facebook (donde fue mentor de Mark Zuckerberg) y promotor de políticos emergentes como el hoy vicepresidente JD Vance, Thiel es una figura clave del esquema de poder de Estados Unidos, y encontró en Karp a un verdadero compañero de aventuras (otro más famoso es justamente Musk). Pero ¿quién es Alex Karp y por qué la empresa que dirige es tan importante para el presente y el futuro de Estados Unidos y Occidente?

Karp nació en 1967 en la ciudad de Nueva York. Hijo de un pediatra judío y de una artista afroamericana, asistió al Central High School del que se graduó en 1985. Karp obtuvo su licenciatura (BA en Filosofía) en el Haverford College en 1989 y luego obtuvo un Juris Doctor de la Facultad de Derecho de Stanford en 1992. Fue en Stanford donde conoció a Peter Thiel.

DE LA ESCUELA DE FRANKFURT A LA CIA

Años después Alex Karp se mudaría a Alemania para realizar un doctorado bajo la dirección del eminente sociólogo y filósofo, heredero de la denominada Escuela de Frankfurt, Jürgen Habermas. Sin embargo, por diferentes choques y diferencias de criterio sobre el tema a investigar, Karola Brede pasó a dirigir y supervisar la investigación doctoral. Sin embargo la influencia de Habermas está presente en la tesis. Este estudio de 120 páginas se titula Aggression in der Lebenswelt: Die Erweiterung des Parsonsschen Konzepts der Aggression durch die Beschreibung des Zusammenhangs von Jargon, Aggression und Kultur (Agresión en el mundo de la vida: La extensión del concepto de agresión de Parsons mediante la descripción de la relación entre jerga, agresión y cultura), presentada en 2002 en la Goethe-Universität de Frankfurt. Esta se centra en una reinterpretación y ampliación del concepto de agresión de Talcott Parsons, integrando el papel del lenguaje (específicamente, la jerga) y la cultura en los procesos de agresión social.

Detengámonos un momento sobre la tesis. Karp propone en ella un estudio que es interesante considerar a la luz de su trabajo hoy en Palantir: que la agresión no solo se manifiesta en acciones físicas o sociales directas, sino también en formas simbólicas a través del lenguaje. En su tesis Karp introduce la noción de “jerga” (inspirada en La jerga de la autenticidad de Theodor Adorno) como un tipo de discurso que permite a los actores sociales expresar deseos prohibidos o agresivos sin enfrentar sanciones culturales o sociales.

Detengámonos un momento sobre la tesis. Karp propone en ella un estudio que es interesante considerar a la luz de su trabajo hoy en Palantir: que la agresión no solo se manifiesta en acciones físicas o sociales directas, sino también en formas simbólicas a través del lenguaje.

Distingue dos tradiciones en la teoría social general clásica. Dice en su tesis: “Distingo entre esa tradición ´positiva´ de la sociología que, a diferencia de Hobbes, atribuye la cohesión de las sociedades modernas a la internalización de normas y valores de una cultura, y esa tradición ´negativa´ que, basándose en el razonamiento de Hobbes, ve en el interés de las personas la piedra angular del orden social. La tradición ´positiva´ incluye a Freud, Durkheim, Simmel, Marx, Mead, Parsons y Weber, entre otros, a la tradición ´negativa´ Hobbes, Nietzsche y en parte Horkheimer y Adorno”.

Karp se propone, en forma casi controversial, repensar a la luz de Parsons un concepto que resulta, a sus ojos, inoperativo desde Adorno. Es decir, considerando la cita anterior, toma el concepto de “jerga” de la tradición negativa de Adorno para pensarlo desde la tradición positiva de Parsons. Piensa las formas del orden y de la integración considerando que la cohesión social es debida a la internalización de las normas y no a partir del interés de las personas.

¿Hay conexión directa entre la tesis de Karp y su trabajo posterior en Palantir? No directamente pero no deja de ser sugestivo. Como dijimos más arriba, Karp se inspira en Adorno, teórico crítico fundamental de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. En este contexto el enfoque pragmático de Karp sobre cómo la “jerga” facilitaría la cohesión social podría chocar con la postura más crítica de Adorno, quien veía en la jerga de la autenticidad una forma de alienación y dominación cultural. Esta adaptación del pensamiento de Adorno para justificar la función integradora de la jerga puede ser vista como una reinterpretación controvertida. Aunque la tesis no aborda explícitamente las implicaciones políticas de la jerga agresiva, su énfasis en cómo el lenguaje codifica la agresión sin sanciones sociales podría interpretarse como un análisis que, en retrospectiva, se alinea con el trabajo posterior de Karp en Palantir. Algunos podrían argumentar que esta visión del lenguaje como herramienta de control social prefigura su interés en tecnologías de vigilancia para el FBI, la NSA y la CIA, lo que no deja de ser iluminador.

Algunos podrían argumentar que esta visión del lenguaje como herramienta de control social prefigura su interés en tecnologías de vigilancia para el FBI, la NSA y la CIA, lo que no deja de ser iluminador.

LA COMUNIDAD DEL ANILLO: LA SOMBRA DE PETER THIEL

Pero volvamos al punto de inflexión de la vida de Karp. Como mencionamos al principio, conoció a Thiel en Stanford en los años ´90. Es al finalizar sus estudios de doctorado en Alemania que en 2003 une fuerzas con Thiel y fundan juntos la empresa Palantir. En los ´90 tenían un vínculo muy particular. Estrecho pero conflictivo. Cada uno de ellos encarnaba una posición radical en un debate entre libertarianismo y socialismo. Thiel era el libertario y Karp el socialista. Salvando las distancias esas diferencias persistieron. Mientras Thiel fue un hombre clave de la llegada de Trump al poder (dirigió el equipo de transición de Obama a Trump), Karp siempre mantuvo una mirada más crítica. Ambas posiciones se pueden ver en sus propias formaciones y en sus trayectorias intelectuales. Thiel, al igual que Karp, tiene un perfil realmente complejo e interesante.

Peter Thiel nació en Frankfurt, Alemania, en 1967, estudió filosofía y derecho en Stanford. Publicó un libro contracultural en los años ’90, crítico del multiculturalismo, debatiendo sobre la cuestión de la diversidad y fue a trabajar con un juez, pero dejó todo eso y se metió en el mundo de las Fintech. Se asoció con Elon Musk y, para decirlo rápido, co-fundó PayPal. El vínculo empezó mal pero con el tiempo se hicieron buenos socios.

De ahí surge lo que se dio a conocer informalmente como la “PayPal mafia”. Se trata de empleados y fundadores que salieron de PayPal y que desde entonces fundaron o desarrollaron grandes empresas de tecnología de Silicon Valley como Tesla, Inc., LinkedIn, Palantir Technologies, SpaceX, Affirm, Slide, Kiva, YouTube, Yelp y Yammer, entre otras.

Años después de PayPal Thiel impulsó Facebook. Thiel realizó la “inversión ángel” que hizo realmente posible la iniciativa de Zuckerberg. Quienes vieron la película de David Fincher “The Social Network”, recordarán la escena en la que Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) le dice a su socio brasilero, mientras le tendía una trampa, Eduardo Saverin (Andrew Garfield): “Peter Thiel acaba de hacer una inversión ángel de 500 mil dólares”. Thiel ingresó a Facebook y se mantuvo en el board hasta 2022.

La innovación es un tema fundamental para la dupla Karp–Thiel. En la práctica, pero también en la teoría. Thiel sostiene que no es cierto que vivamos en el momento de máxima innovación tecnológica de la historia. Que estamos estancados. Vas con tu iPhone caminando por la calle y sientes que estás viviendo en el futuro con todo en tus manos, pero si te lo guardas en el bolsillo estás a principios del siglo XX. Autos, trenes, barcos. Como dice y repite el alumno de René Girard: “nos prometieron autos voladores y nos dieron 140 caracteres”. Irónicamente Twitter fue comprado por su viejo socio.

La innovación es un tema fundamental para la dupla Karp–Thiel. En la práctica, pero también en la teoría. Thiel sostiene que no es cierto que vivamos en el momento de máxima innovación tecnológica de la historia. Que estamos estancados.

Una cosa es innovar en el mundo de los átomos y otra en el de los bits. Occidente –Estados Unidos– inventó la bomba atómica en los ’40 y llegó a la Luna en los ’60 y desde ahí, según Thiel, hemos hecho poco. Semanas después del Apolo 11 vino Woodstock, “el triunfo de los jipis”. Y así estamos. Si la biología y la ingeniería hubieran evolucionado al mismo ritmo que las ciencias computacionales ya deberíamos experimentar a la vida eterna (Nixon le declaró la guerra al cáncer en 1973) y ya hubiéramos llegado a Marte (Musk intenta saldar esa deuda).

Thiel, además de inversor que apuesta por nuevas empresas tecnológicas y financieras, es un acelerador de nuevos referentes culturales. Un empresario, filósofo sofisticado y mecenas que financia a jóvenes dropers para que “las mentes más brillantes” dejen la universidad (a la que considera una burbuja) y emprendan; y hasta financia a las artes en el marco de una gran “guerra cultural” contra la cultura progresista y woke. También, como dijimos al principio, financia nuevos liderazgos como el de JD Vance. Además, apoyó a Trump financieramente e hizo un encendido discurso en la Convención Nacional Republicana del 2016 diciendo que estaba “orgulloso de ser gay, republicano y estadounidense” y fue parte clave del equipo de transición de la llegada al poder de su candidato a la Casa Blanca. Thiel es un hilo conductor entre empresarios, líderes e innovaciones tecnológicas fundamentales. También es parte de una constelación de intelectuales como Curtis Yarvin, Patri Friedman o Nick Land. Pero es también él mismo un verdadero intelectual público con ideas a contracorriente.

Thiel sostiene que, por ejemplo, Google inventó algo hace un cuarto de siglo y que hoy no saben qué hacer con el dinero de los inversores: que invertir en Google es invertir contra el progreso y ha dicho que Google podría estar traicionando a Estados Unidos en sus colaboraciones con China. Sobre este punto su colega Karp coincide: “O bien: nosotros somos dueños de la IA o nuestros adversarios China y Rusia son dueños de la IA”.

Thiel sostiene que, por ejemplo, Google inventó algo hace un cuarto de siglo y que hoy no saben qué hacer con el dinero de los inversores: que invertir en Google es invertir contra el progreso y ha dicho que Google podría estar traicionando a Estados Unidos en sus colaboraciones con China. Sobre este punto su colega Karp coincide: “O bien: nosotros somos dueños de la IA o nuestros adversarios China y Rusia son dueños de la IA”.

PALANTIR AL SERVICIO DE LA SEGURIDAD NACIONAL Y HEMISFÉRICA

Otra empresa importante de la galaxia Thiel es Palantir, que toma su nombre de las bolas de cristal utilizadas en El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien para comunicarse y ver qué pasa en otras partes del mundo (Narya Capital, fundada por Vance, también toma su nombre de la saga de Tolkien –nayra, el anillo rojo, tiene el poder de encender los corazones y fortalecer la determinación de sus portadores).

El vínculo de Palantir con el gobierno de Estados Unidos es estrecho, histórico y estratégico. Desde sus inicios, ha trabajado con agencias de inteligencia, como la CIA, la NSA, y el FBI; departamentos del gobierno como el Departamento de Defensa, el Departamento de Seguridad Nacional, el ICE (Inmigración y Control de Aduanas), y el CDC (Centros para el Control de Enfermedades); y, detalle no menor, para el Ejército de los Estados Unidos: Palantir ha provisto software de análisis para misiones militares y logísticas en zonas de guerra como Irak y Afganistán –algunos afirman que gracias a su colaboración fue posible el asesinato de Osama Bin Laden. Durante la pandemia de COVID-19, Palantir también colaboró con el gobierno en el manejo de datos sanitarios y distribución de vacunas.

Palantir ha sido objeto de fuertes críticas y activismo social por su colaboración con el ICE durante la administración Trump. Su software Gotham (que toma su nombre de Gotham City, Ciudad Gótica, de Batman) fue utilizado para rastrear y deportar inmigrantes indocumentados. Fue parte clave en la construcción del programa ICM (Investigative Case Management), una plataforma que integra datos de múltiples agencias y permite realizar seguimientos detallados de personas. Activistas y medios denunciaron que Palantir proporcionó las herramientas que permitieron redadas y separaciones familiares en la frontera.

Palantir se ha consolidado como un líder en el concepto de “IA táctica”, que implica el uso de algoritmos para asistir o automatizar decisiones militares en tiempo real, un enfoque que, según Karp, responde a la necesidad de un software que “piense más rápido que el enemigo” en el campo de batalla moderno. Esta tecnología permite la integración de inteligencia en vivo proveniente de múltiples fuentes, como drones, satélites y sensores terrestres, además de realizar análisis predictivos de amenazas y rutas de ataque, y proporcionar asistencia a soldados y comandantes mediante mapas, simulaciones y decisiones tácticas automatizadas. En este contexto, Palantir ha fortalecido su relación con el Pentágono a través de contratos millonarios, incluyendo el Programa Maven, enfocado en integrar inteligencia artificial en el análisis de imágenes de drones; el Army Vantage Program, una plataforma de “conciencia situacional total” basada en datos; y el uso de IA para optimizar misiones de combate, logística y planificación estratégica. Pero no sólo eso, en abril de este año Palantir cerró un contrato con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para, a través del citado Programa Maven, mejorar “la fusión y la orientación de la inteligencia, la conciencia y planificación del espacio de batalla y la toma de decisiones acelerada” del Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas de Europa (SHAPE, por sus siglas en inglés).

Palantir se ha consolidado como un líder en el concepto de “IA táctica”, que implica el uso de algoritmos para asistir o automatizar decisiones militares en tiempo real, un enfoque que, según Karp, responde a la necesidad de un software que “piense más rápido que el enemigo” en el campo de batalla moderno.

Al respecto, Shon Manasco, Consejero Senior de Palantir y ex subsecretario de la Fuerza Aérea del Pentágono en el primer mandato de Trump, afirmó que en Palantir estaban muy “orgullosos de apoyar el impulso de la OTAN” y de “reforzar la disuasión mediante el despliegue de una plataforma de guerra habilitada para la Inteligencia Artificial”. “Esta asociación”, dijo el otrora funcionario “subraya la determinación de la Alianza de liderar sin miedo con la innovación tecnológica”.

Palantir ha sido acusada de facilitar vigilancia masiva sin transparencia. De violar potenciales derechos a la privacidad, especialmente de comunidades vulnerables. Y de hacer un uso de su tecnología para realizar perfiles raciales o ideológicos, dependiendo de cómo las agencias gubernamentales lo apliquen. En relación con la falta de transparencia, la empresa liderada por Karp se ha negado repetidamente a revelar la naturaleza específica de sus contratos con agencias gubernamentales. Su estructura de propiedad es altamente concentrada, con un control casi total por parte de sus fundadores, especialmente Karp y Thiel que, hasta su salida a la bolsa en 2020, operaba casi como una “caja negra”, sin reportes públicos detallados.

Desde su salida a bolsa Palantir ha tenido un desempeño alcista, más allá de sus mínimos del 2022, alcanzando su máximo en mayo de 2025, convirtiéndose en una de las “estrellas” de Wall Street. El precio de las acciones de Palantir llegó a 133 mil 49 el 13 de mayo de 2025, el máximo de todos los tiempos para las acciones de la empresa. Uno de los elementos que más entusiasman a los inversores es el proyecto denominado Golden Dome System. Este es un ambicioso proyecto de defensa de misiles propuesto por el presidente Trump, con un presupuesto estimado de 175 mil millones de dólares a lo largo de 10 años, inspirado en el sistema israelí Iron Dome, pero diseñado para interceptar misiles avanzados, incluyendo hipersónicos y balísticos intercontinentales. Palantir se posiciona como un actor clave en este proyecto, junto a empresas como SpaceX y Anduril Industries, debido a su experiencia en integración de datos y análisis impulsado por IA, con su plataforma Gotham como el núcleo de la integración de datos para la defensa de misiles. En este contexto el proyecto Golden Dome podría impulsar significativamente, todavía más, el crecimiento de Palantir.

Desde su salida a bolsa Palantir ha tenido un desempeño alcista, más allá de sus mínimos del 2022, alcanzando su máximo en mayo de 2025, convirtiéndose en una de las “estrellas” de Wall Street.

LA REPÚBLICA TECNOLÓGICA

En febrero de 2025 Alex Karp, junto a Nicholas W. Zamiska, jefe de asuntos corporativos de Palantir, publicó el libro The Technological Republic. Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West. El libro ha sido un éxito comercial, convirtiéndose en un bestseller de The New York Times, y ha recibido elogios de figuras como Walter Isaacson, Jamie Dimon y el general James Mattis (secretario de la Defensa en el primer mandato de Trump), quienes lo ven como un llamado urgente a la acción en la era de la IA.

El libro es un ambicioso proyecto geopolítico con base sociológica. Parte de una crítica a lo que llaman la cultura de Silicon Valley y su “hedonismo ligero”. Karp acusa a Silicon Valley de centrarse en proyectos superficiales que satisfacen los caprichos del capitalismo tardío en lugar de abordar problemas críticos como la defensa nacional o la seguridad pública. En línea con Thiel parece sostener que no se está haciendo lo suficiente para innovar y acelerar. El progreso va demasiado lento.

Karp acusa a Silicon Valley de centrarse en proyectos superficiales que satisfacen los caprichos del capitalismo tardío en lugar de abordar problemas críticos como la defensa nacional o la seguridad pública. En línea con Thiel parece sostener que no se está haciendo lo suficiente para innovar y acelerar. El progreso va demasiado lento.

The Technological Republic es una crítica contundente a la cultura de complacencia en Silicon Valley y Occidente, proponiendo una visión para revitalizar la colaboración entre la industria tecnológica y los gobiernos en pos de la seguridad nacional y el liderazgo global. Karp y Zamiska sostienen que se puso el foco demasiado en productos comerciales triviales, como redes sociales o algoritmos de marketing, por sobre proyectos de gran envergadura que sirvan al interés nacional, como los que caracterizaron su colaboración con el gobierno durante el siglo XX (ejemplo: el desarrollo de tecnologías que ayudaron a ganar la Segunda Guerra Mundial). Dicen los autores: “¡Silicon Valley, despierta! Arriesgas a perderlo todo si eliges el cinismo sobre el patriotismo”.

Para Karp y Zamiska, la IA se ha convertido en un campo de batalla geopolítico crucial, comparando esta carrera con la carrera armamentística nuclear del siglo XX, afirmando que el dominio de esta tecnología será decisivo para la supervivencia de las democracias frente a potencias autoritarias como China o Rusia. Solo teniendo como máxima prioridad el desarrollo de IA con el foco en el fortalecimiento de la defensa y la gobernanza es que se puede triunfar una vez más. Como dicen Karp y Zamiska: “Nuestro mensaje es simple: necesitamos un nuevo Proyecto Manhattan”. Por eso mismo, se critica la mentalidad de aversión al riesgo y la corrección política predominante en Silicon Valley, la academia y la política, señalándola como un freno a la innovación y el liderazgo. En su lugar, se defiende la necesidad de líderes audaces que desafíen el consenso, asuman riesgos y enfrenten críticas públicas para preservar la ventaja tecnológica y económica de sus naciones. En esta fórmula JD Vance es el “tipo” de “hombre nuevo” que necesita esta revolución.

Solo teniendo como máxima prioridad el desarrollo de IA con el foco en el fortalecimiento de la defensa y la gobernanza es que se puede triunfar una vez más. Como dicen Karp y Zamiska: “Nuestro mensaje es simple: necesitamos un nuevo Proyecto Manhattan”.

Karp ha sido a lo largo de su vida un demócrata y fue en su momento un crítico del primer Trump. Sin embargo, ha llenado de elogios al Trump 2.0 y a su exasesor estrella Musk (otro ex demócrata). Ha dicho cosas como que el desmantelamiento de la USAID en particular y el DOGE de Musk en general “es bastante brillante”. Además, agregó: “lo que veo es que Trump dice: ‘No acepto un paradigma en el que Estados Unidos simplemente siga financiando cosas, no hay un debate real’”. Dice que la izquierda debería poder dialogar con Musk porque el Estado no puede seguir gastando sin que se sepa en qué se gasta. “No aceptes un paradigma estúpido, no importa quién te diga que deberías tenerlo”, dice Karp.

“Un momento de reconocimiento ha llegado a Occidente”, dice el ex alumno de Habermas. La falta de ambición pone en riesgo la hegemonía tecnológica y geopolítica de Occidente y de lo que se trata es de tomar cartas en el asunto. La industria del software debe reconstruir su relación con el Estado y redirigir sus esfuerzos y su atención en construir tecnologías capaces de enfrentar los dilemas y desafíos serios del presente –y del futuro. Para Karp y Zamiska el auge de la inteligencia artificial, que por primera vez en la historia presenta un desafío plausible a nuestra especie por la supremacía creativa en el mundo, solo ha aumentado la urgencia de revisar cuestiones de identidad y propósito nacionales que muchos habían pensado que podían dejarse de lado. Como continúan diciendo, “las decisiones que afrontamos colectivamente son demasiado trascendentales como para dejarlas sin cuestionar ni examinar. Quienes participan en la construcción de la tecnología que animará y hará posible casi todos los aspectos de nuestra vida consciente tienen la responsabilidad de exponer y defender sus puntos de vista”.

Para Karp, quien proviene de la izquierda, el fracaso esencial de la izquierda contemporánea, en particular la del norte global, ha sido privarse de la oportunidad de hablar de identidad nacional. La izquierda política, tanto en Europa como en Estados Unidos, se neutralizó hace décadas, impidiendo a sus defensores mantener una conversación contundente y franca sobre la identidad nacional, aspecto hoy central en las construcciones políticas conservadoras. La identidad nacional, siguen los autores de The Technological Republic, no tiene que ser nada vinculado con la raza ni la sangre. La identidad pasa más por tener historias comunes, intereses comunes y también enemigos comunes. El futuro, dicen, “pertenece a aquellos que en lugar de esconderse detrás de una afirmación a menudo hueca que se acomoda a todos los puntos de vista, luchen por algo singular y nuevo”.

Para Karp, quien proviene de la izquierda, el fracaso esencial de la izquierda contemporánea, en particular la del norte global, ha sido privarse de la oportunidad de hablar de identidad nacional.

Dada la gran formación intelectual de Karp, un aspecto que comparte con su socio Thiel, no deben extrañar las innumerables referencias intelectuales de su libro. Francis Fukuyama, Jürgen Habermas, Ernst Renan y hasta David Graeber. Pero una de las últimas “citas cultas” del libro es Leo Strauss, un autor que es famoso por “escribir en clave”. Karp y Zamiska nos recuerdan que Strauss, para muchos un verdadero antecedente del pensamiento conservador y hasta neocon de Estados Unidos, explicaba que la suspensión de las valoraciones morales es una maniobra necesaria para la generación de conocimiento científico. Pero, recuerdan también, esa innovación desprovista de valores es un camino al nihilismo. Frente a esto, los directivos de Palantir nos invitan a innovar como nunca antes pero de la mano de valores morales e identidad nacional en un contexto de nueva Guerra Fría. Releen a Strauss, como releen a Samuel Huntington, citándolo en una de sus cartas a los accionistas: “Como ha escrito Samuel Huntington, el ascenso de Occidente no fue posible ´por la superioridad de sus ideas o valores o su religión… sino por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada´”.

Para los conductores de Palantir, la cultura de Silicon Valley es un ejemplo de una decadencia que, luego de la llegada del hombre a la Luna, evento que memorablemente remarca Thiel y que figura en The Technological Republic, habría comenzado con Woodstock. Los jipis tomaron el control y es hora de enviarlos a su casa. ¿Qué debería hacer el mundo tecnológico? Una alianza virtuosa con los gobiernos en el contexto de la Segunda Guerra Fría en curso. ¿Qué ejemplo de recuperación de los valores occidentales, mirada nacionalista y éxito financiero tendríamos a disposición para los últimos tiempos según The Technological Republic? Nada menos que una empresa vinculada en su esencia con la seguridad nacional y hemisférica, llamada Palantir. La téchne al servicio del imperium.

Releen a Strauss, como releen a Samuel Huntington, citándolo en una de sus cartas a los accionistas: “Como ha escrito Samuel Huntington, el ascenso de Occidente no fue posible ´por la superioridad de sus ideas o valores o su religión… sino por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada´”.

Palantir no solamente es una de las la empresas más importantes del mundo en materia de análisis de datos e Inteligencia Artificial para la seguridad, la defensa y la salud. La compañía fundada por Alex Karp y Peter Thiel es ya un modelo a seguir para la nueva generación de innovadores cuyo horizonte no es …

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