La cumbre de la OTAN, celebrada los días 7 y 8 de julio en Ankara, concluyó con una reafirmación del artículo 5 —el compromiso de defensa colectiva— y con medidas destinadas a acelerar el aumento de las capacidades militares europeas. Los aliados anunciaron adquisiciones conjuntas por más de 50 mil millones de dólares, el incremento de la producción de armamento y el desarrollo de sistemas de ataque de precisión, defensa aérea, drones, inteligencia artificial y capacidades espaciales y cibernéticas. También acordaron aportar 70 mil millones de euros en equipos, asistencia y entrenamiento militar para Ucrania durante 2026, con el compromiso de mantener al menos un nivel equivalente en 2027. La declaración final identificó nuevamente a Rusia como una amenaza de largo plazo y reclamó a Irán que respete la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.
Turquía aprovechó su condición de anfitriona para reforzar su posición como potencia militar y mediadora dentro de la Alianza. Recep Tayyip Erdoğan organizó una cumbre especialmente breve y ceremonial, orientada a evitar enfrentamientos abiertos y preservar la participación de Estados Unidos. Al mismo tiempo, reclamó que los aliados eliminen las restricciones al comercio de armas y que Turquía pueda incorporarse a iniciativas europeas de financiación militar como el programa SAFE. Ankara anunció además una inversión adicional de 24 mil millones de dólares en su sistema de defensa aérea “Steel Dome” y aseguró que alcanzará el objetivo de destinar el 5% del PIB a defensa y seguridad en 2030. En el plano bilateral, Trump anunció que levantaría las sanciones impuestas a Turquía por la compra de sistemas rusos S-400 y se mostró dispuesto a reconsiderar su acceso a los cazas F-35, aunque ambas decisiones podrían encontrar resistencia en el Congreso estadounidense.
Donald Trump volvió a condicionar el clima político del encuentro. Al llegar, criticó a varios aliados por no haber apoyado la campaña estadounidense contra Irán, reiteró que Estados Unidos debería controlar Groenlandia y amenazó con retirar más tropas de Europa. Su ataque más directo fue contra España, a la que calificó de “socio terrible” y amenazó con suspender todo intercambio comercial por no acompañar la operación contra Irán y por rechazar el objetivo de gasto del 5%. Pedro Sánchez respondió que España pasó de invertir alrededor del 0,9% de su PIB en defensa en 2018 al 2% en 2026 y presentó las contribuciones españolas a las misiones de la OTAN. Después de la reunión cerrada, Trump moderó su posición, calificó a España de muy generosa y afirmó que había existido una tremenda unidad y amor entre los líderes, aunque mantuvo abierta la posibilidad de reducir la presencia militar estadounidense en Europa.
Las contradicciones del encuentro quedaron expuestas durante la conferencia de prensa del secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Un periodista danés le preguntó si no afectaba su “respeto por sí mismo” permanecer en silencio junto a Trump mientras este hablaba de conquistar Groenlandia, atacaba a España y promovía guerras comerciales. Rutte evitó responder directamente y sostuvo que Trump debía ser reconocido por haber obligado a Europa a aumentar su gasto militar. La discusión sobre el costo social de esos compromisos también apareció en las declaraciones de Giorgia Meloni, quien mantiene fricciones con Trump debido a su negativa de prestar bases en territorio italiano para el despliegue militar en la guerra de Irán. La primera presidenta del Consejo de Ministros de Italia defendió el incremento de la inversión de Roma, pero aseguró que “nunca” quitaría dinero a los hospitales para comprar tanques. Es decir, Italia se compromete a aumentar sus gastos en defensa pero en sus propios términos. La cumbre consiguió así preservar formalmente la unidad de la OTAN y aprobar nuevos compromisos, aunque dejó sin resolver las diferencias sobre Groenlandia, Irán, el gasto militar y la confiabilidad futura del liderazgo estadounidense.

