La moneda en el aire: estado de situación y actores clave rumbo a las presidenciales en Brasil

En octubre del próximo año el país más grande de América Latina acudirá a las urnas para elegir presidente, vicepresidente, miembros del Congreso, gobernadores y representantes en las asambleas legislativas locales. Aunque el juicio sobre Jair Bolsonaro ha sido un golpe duro para la derecha y la coyuntura de tensión con Estados Unidos ha favorecido a Luis Inácio Lula Da Silva, no hay nada dicho rumbo a 2026: la moneda está en el aire y todo puede suceder. Hoy la reelección de Lula es tan probable como una recomposición de las fuerzas conservadoras. En un contexto de disputa y polarización a nivel global, lo que suceda en el gigante del sur en los próximos meses será definitorio para las sumas y restas planetarias. En Traza Continental hacemos un repaso del estado de situación y los actores clave rumbo a las elecciones presidenciales del próximo año.

Ilustración: Traza Continental

Si bien falta un año para las elecciones presidenciales, el presidente de Brasil y líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, insiste en que intentará conseguir un cuarto mandato y afirma que está en su “mejor momento” a solo semanas de haber cumplido 80 años. Más allá de que las encuestas por ahora lo favorecen, la oposición que lidera desde su cautiverio el ex presidente Jair Bolsonaro se organiza para la contienda mientras asimila los alcances de la condena a 21 años de prisión que le dictó al ex mandatario el Superior Tribunal Federal (STF) de Brasil en septiembre pasado. De momento se vislumbra una pelea intrafamiliar entre los portadores del apellido Bolsonaro (los hijos Eduardo y Flavio; y Michelle, la actual esposa) y, puertas afuera, con líderes de enorme popularidad en la oposición como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, o el de Paraná, Ratinho Jr; mientras que el PT se ilusiona con un mandato más del histórico sindicalista, a la vez que tiene complicaciones para posicionar más perfiles en caso de requerir un relevo o un “plan B”.

EL EFECTO TRUMP

El buen desempeño de Lula en las encuestas es un fenómeno que empezó a generalizarse en los últimos meses. A principios de año los sondeos registraban más bien una baja en la popularidad del presidente y cierta insatisfacción, pero la tendencia cambió cuando Trump encontró en su par brasileño un antagonista que no fue esquivo a la confrontación. La pelea con el país norteamericano que había empezado el año pasado entre el dueño de X, Elon Musk, y el STF, cuando la red social se negó a suspender cuentas usadas para incitar ataques a las instituciones de ese país, escaló en los últimos meses a nivel presidencial pero por nuevos motivos: los aranceles y el futuro político de Jair Bolsonaro.

Los sondeos registraban más bien una baja en la popularidad del presidente y cierta insatisfacción, pero la tendencia cambió cuando Trump encontró en su par brasileño un antagonista que no fue esquivo a la confrontación.

Mientras se desarrollaba el juicio contra el ex presidente condenado por intento de golpe de Estado, Trump –influido por Eduardo Bolsonaro, que hace tiempo está en Estados Unidos– decidió aplicar aranceles del 50% a Brasil con estrictos motivos políticos. “Debido en parte a los ataques insidiosos de Brasil a las elecciones libres y a los derechos fundamentales de la libertad de expresión de los estadounidenses (…) cobraremos a Brasil un arancel del 50% sobre todos y cada uno de los productos brasileños enviados a Estados Unidos”, anunció Trump en un texto que publicó en su plataforma Truth Social, al repudiar el juicio contra Bolsonaro y su inhabilitación política.

Pero a pesar de los rápidos festejos del bolsonarismo por encontrar en Trump a su mejor aliado, con el correr de los días la economía brasileña empezó a resentirse por los efectos de los aranceles masivos. Entre los actores económicos golpeados rankea parte del núcleo duro que apoya al ex presidente: grandes empresarios de todos los rubros. Esto le abrió a Lula una ventana inesperada para volver al centro de la escena. “Con todos estos conflictos con Estados Unidos, Lula se convirtió en el símbolo de una resistencia nacionalista, de la búsqueda de Brasil por la autonomía frente a Estados Unidos. En Brasil pasa lo mismo que pasó en Canadá”, opinó en conversación con Traza Continental Mauricio Santoro, profesor de Ciencia Política y consultor brasileño, en referencia a la cruzada de Trump con los canadienses, a quienes se llegó a referirse como el “estado 51” de Estados Unidos. La elección ejecutiva de este año en Canadá no puede leerse por fuera de la amenaza de Trump de anexar ese territorio. Lo mismo, por ejemplo, pasa en el caso mexicano donde la presidenta Claudia Sheinbaum ha logrado capitalizar internamente las tensiones con sus vecinos del norte.

La jugada de Trump en Brasil tampoco salió bien. No solo porque a los ojos del mundo y de sus connacionales Lula no se doblegó, sino porque generó ruidos en la base bolsonarista y fricciones en la propia economía norteamericana. A tal punto que el último fin de semana de octubre ambos mandatarios tuvieron una reunión bilateral en Malasia al margen de la Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), donde acordaron trabajar para regularizar el comercio entre los dos países.

Ambos mandatarios tuvieron una reunión bilateral en Malasia al margen de la Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), donde acordaron trabajar para regularizar el comercio entre los dos países.

EL CLAN BOLSONARO Y LA SUCESIÓN DE LA DERECHA

En la familia Bolsonaro, los únicos que no participan en política son su hija Laura, de 15 años, y Renan, el más chico de los cuatro varones y quien de todos modos no escapa a las causa judiciales: el año pasado fue imputado por fraude y lavado de dinero.

Los otros tres son profesionales de la política: Eduardo es diputado por São Paulo y quien lleva el vínculo con el equipo de Trump; Carlos es concejal en Río de Janeiro y Flavio, el primogénito, es senador por ese mismo estado. Si Eduardo es el encargado de articular el bolsonarismo con las fuerzas trumpistas desde Estados Unidos, al punto de haber sido imputado por la Fiscalía de Brasil por intentar presionar a la Justicia con la amenaza de sanciones de Washington en medio del juicio por golpismo contra su padre, Flavio tampoco se queda atrás. Días antes de la masacre en la favela Complexo do Alemão en Río de Janeiro, el dirigente había pedido a Trump que ampliara los ataques a presuntos barcos con drogas en las costas de Río, en el marco de las intervenciones militares estadounidenses en el mar Caribe y en el Pacífico.

Quienes también juegan fuerte para la definición de quién tomará el lugar de Jair son un puñado de gobernadores de derecha. El de más renombre es el mandatario de São Paulo, Tarcísio de Freitas, quien ante la creciente popularidad de Lula y la compleja alianza que debería armar con la familia Bolsonaro –donde no está claro que los hijos acepten una fórmula que los deje en segundo lugar–, podría encontrar más efectivo ir por la reelección en su estado. Si bien en los últimos días Freitas insistió en que no va a ser candidato presidencial, todavía queda un año por delante y la agenda internacional parece favorecer su perfil y agenda.

Quienes también juegan fuerte para la definición de quién tomará el lugar de Jair son un puñado de gobernadores de derecha. El de más renombre es el mandatario de São Paulo, Tarcísio de Freitas…

También suenan como posibles candidatos los gobernadores de Minas Gerais, Romeu Zema, y el de Paraná, Ratinho Júnior, hijo de un presentador de televisión muy popular pero sobre el que pesan dudas sobre su alcance nacional. Todos siguen a la espera de una suerte de “bendición” de Bolsonaro, quien cumple prisión domiciliaria desde el pasado 4 de agosto.

MICHELLE

No obstante, lo importante, según apunta Santoro, es que ninguno tiene la popularidad que tiene Lula. La incógnita se abre ante una eventual candidatura de la esposa de Bolsonaro, Michelle, una política muy reconocida en Brasil y con vínculos estratégicos con las iglesias evangélicas. “Ella tiene muchas características que la hacen alguien con mucha fuerza en la derecha. Es una mujer joven, bonita, evangélica y representa la imagen de una mujer fiel que apoya a su marido en los momentos más difíciles”, evalúa el profesor de Ciencia Política. Santoro arriesga que si Michelle optara por una candidatura a diputada haría una elección “histórica” con más de un millón de votos.

“Es una mujer joven, bonita, evangélica y representa la imagen de una mujer fiel que apoya a su marido en los momentos más difíciles”.

Michelle Bolsonaro es la figura central para movilizar el voto evangélico en un país donde la influencia de este sector creció de forma sideral en la última década, si bien sigue siendo el de mayor población católica del mundo. Actualmente, un tercio de la población brasileña se identifica como “evangélica” y se espera que para 2032 supere a los católicos. La socióloga  Christina Vital da Cunha afirmó en diálogo con DW que si bien el espectro de iglesias evangélicas es amplio, el culto que crece de forma sostenida es el pentecostal, uno de los más conservadores y más alineados con el trumpismo y el sionismo.

“Su influencia creció de forma significativa durante el gobierno de Bolsonaro, quien trató de que Brasil se abrazara a la visión evangélica del mundo. Esto les dio a los evangélicos la sensación de ostentar el poder. Varios de estos líderes religiosos querían demostrar que influían en las decisiones del presidente y él les siguió el juego porque se sentía protegido por esta red religiosa. Los líderes evangélicos hicieron lo propio para fortalecer sus propias instituciones”, explica Vital da Cunha. El ejemplo más claro es el del pastor Silas Malafaia, mentor religioso de Bolsonaro y uno de los más influyentes en el país. “Los grupos evangélicos ganaron presencia pública en el mainstream político y artístico, lo que lleva a que haya una creciente influencia de la cultura pentencostal en la vida cotidiana. El crecimiento de la iglesia evangélica está teniendo un impacto conservador en Brasil”, resumió la socióloga.

La centralidad de la figura de Michelle Bolsonaro entre los fieles evangélicos pone de relieve no solo las potencialidades de su liderazgo sino la dificultad que tiene la izquierda en Brasil para acercarse a ese electorado de manera más eficaz.

EDUARDO Y PAULO

Eduardo Bolsonaro jugó todas sus fichas en su vínculo con Donald Trump. En marzo pidió una licencia en su cargo como diputado federal para emigrar a Estados Unidos y estar más cerca en su estrategia de presión a la Casa Blanca en favor de su padre. Abogado de 41 años, Eduardo es el principal artífice de la decisión de Trump de aumentar al 50% los aranceles de los productos brasileños y también estuvo detrás de las sanciones económicas y la restricción de visas a jueces brasileños anunciadas por Washington en respuesta a la “caza de brujas” contra el expresidente. 

…es el principal artífice de la decisión de Trump de aumentar al 50% los aranceles de los productos brasileños y también estuvo detrás de las sanciones económicas y la restricción de visas a jueces brasileños… 

Pero el hijo de Jair no se mueve solo: lo acompaña Paulo Figueiredo, la cara más desconocida del tándem lobista. “Yo abro la puerta, soy el corazón, pero tú eres el cerebro”, le dijo el diputado Bolsonaro al influencer y nieto del dictador João Batista Figueiredo (1964-1985), en un video que publicó en mayo en su canal de Youtube. La declaración se refiere a la estrategia que llevan adelante en Washington. 

Figueiredo conoció a Trump en su campo de golf en Florida en 2012, y contó que el republicano se interesó en él cuando sacó a relucir su álbum familiar. Poco antes de que Trump asumiera en 2016, Figueiredo intentó aliarse para construir el Hotel Trump Río de Janeiro, un proyecto que no prosperó. El lobista fue investigado por la Justicia y entró a la lista de Interpol por haber sobornado a directivos de un banco a cambio de crédito para el hotel. Figueiredo empezó a visitar el Congreso de Estados Unidos inmediatamente después de las elecciones presidenciales brasileñas de 2022 “en busca de apoyo”, según contó en su canal. Y lo consiguió. Los anuncios del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, de restringir visas a ciudadanos extranjeros que “censuren la libre expresión protegida en Estados Unidos”, en referencia a la disputa por cuentas en X entre el juez supremo Alexandre de Moraes y Elon Musk y de aplicar la Ley Magnitsky (sanciones económicas) al mismo juez y su familia estuvo precedida por un fuerte lobby de Eduardo y Paulo.

Según publicó Open Democracy, el 14 de mayo, una semana antes de que Rubio aludiera en público a la posibilidad de sancionar a Moraes, el secretario de Estado se había reunido con Eduardo Bolsonaro, Figueiredo y el presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara baja brasileña, Filipe Barros. “Esta interacción da resultados en el mundo real, no es solo de palabra”, dijo Bolsonaro en un video con Figueiredo después de esa reunión.

…una semana antes de que Rubio aludiera en público a la posibilidad de sancionar a Moraes, el secretario de Estado se había reunido con Eduardo Bolsonaro, Figueiredo y el presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara baja brasileña…

Tanto Eduardo Bolsonaro como Figueiredo tienen un frente judicial complejo. El 22 de septiembre, el Tribunal Supremo Federal los acusó de “coacción” en el marco del juicio por el intento de golpe de Estado. La Fiscalía General los imputó por haber violado el artículo 344 del Código Penal, que trata sobre “el uso de la violencia o amenazas graves para favorecer intereses propios o de terceros en procesos judiciales, policiales o administrativos”. “Los denunciados actuaron de forma reiterada para someter los intereses de la República a sus intereses personales y familiares”, sostuvo el SFT en su acusación.

El nuevo movimiento judicial no solo llegó después de los aranceles y la condena al expresidente Bolsonaro sino también pocos días después de que la Cámara de Diputados, que el PT no controla, aprobara un pedido para tramitar de urgencia la ley que otorgaría amnistía a los involucrados en el intento de golpe contra Lula.

La pregunta que se abre es qué pasará en la relación entre los delegados bolsonaristas y los republicanos si Trump privilegia el pragmatismo con Lula, como dio a entender tras la bilateral que tuvieron en Malasia el último fin de semana de octubre. Porque en esa reunión no solo se vio a un Lula fortalecido, que marcó el ritmo de la conversación, sino que además logró restar protagonismo a Marco Rubio en la negociación por los aranceles, factor importante para la relación bilateral porque es Rubio quien tiene un vínculo fluido con Eduardo Bolsonaro y Figueiredo.

La pregunta que se abre es qué pasará en la relación entre los delegados bolsonaristas y los republicanos si Trump privilegia el pragmatismo con Lula, como dio a entender tras la bilateral que tuvieron en Malasia…

LULA, ¿A LA REELECCIÓN?

A pocos días cumplir 80 años y en el marco de una gira por el Sudeste Asiático, Lula anunció que va camino a un cuarto mandato como presidente. En una situación inédita, el líder del PT batió el récord con su tercera gestión y el año que viene podría ser histórico para sus aspiraciones porque, con la gran intención de voto que acumula, y que ronda el 40%, estaría en condiciones de ganar en primera vuelta. Por ahora Lula se impondría por sobre todos los posibles adversarios que surgen del bolsonarismo y de la centroderecha. Tiene a su favor la desorientación en la que quedó el Partido Liberal después de la condena a prisión de Bolsonaro.

“Hoy cumplo 80 años. Estoy en el mejor momento de mi vida. Nunca me había sentido con tantas ganas de vivir y por eso les digo: espero vivir hasta los 120 años”, expresó el mandatario brasileño desde Malasia, y remató: “Son solo 40 años más”. Así fue como el líder histórico del Partido de los Trabajadores anunció que está en carrera. Pero aunque muestre su rutina de ejercicio diario y exude vitalidad, el fantasma de Joe Biden, el ex presidente de Estados Unidos que renunció a su candidatura por su avanzada edad, sobrevuela muchas de las discusiones electorales. De lo que de todos modos no se habla con certeza es de quién o quiénes recogerán el legado de Lula en el futuro. La lista de candidatos es larga y ese escenario parece lejano. Además del ministro de Economía, Fernando Haddad, quien ya lo intentó y perdió ante Bolsonaro en 2018, y acumula rechazo dentro del ala más izquierdista, aparece también el flamante secretario de la Presidencia Guilherme Boulos, aunque tampoco tiene tan buena llegada al PT por provenir del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un espacio formado en 2004 por varios heridos del PT. El “plan B” de la izquierda brasileña puede que no sea tan factible y la sucesión del liderazgo de Lula tarde un poco más.

El panorama para el actual presidente en la que sería su séptima candidatura a la presidencia de Brasil es hasta hoy propicio. Después de haberse presentado por primera vez en 1989, luego en 1994 y 1998; de ganar en su cuarto intento en 2002 y ser reelecto en 2006 y volver en 2022, el líder del PT ilusiona a las bases con volver a hacerlo una vez más. Sin embargo, la fortaleza de su figura puede ser también una motivación para que la derecha resuelva con más cautela y mirada estratégica quién tomará la batuta del bolsonarismo.

El panorama para el actual presidente en la que sería su séptima candidatura a la presidencia de Brasil es hasta hoy propicio (…) Sin embargo, la fortaleza de su figura puede ser también una motivación para que la derecha resuelva con más cautela y mirada estratégica quién tomará la batuta del bolsonarismo.

En octubre del próximo año el país más grande de América Latina acudirá a las urnas para elegir presidente, vicepresidente, miembros del Congreso, gobernadores y representantes en las asambleas legislativas locales.

admin

admin

Comments