El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una ofensiva comercial al imponer aranceles del 10% a todas las importaciones, con tasas aún más altas para ciertos países. China fue uno de los principales objetivos, con un arancel del 34%, mientras que la Unión Europea enfrentará un 20%. Según la Casa Blanca, estas medidas buscan reducir el déficit comercial estadounidense y recuperar empleos industriales perdidos, bajo la lógica de un proteccionismo que prioriza la producción nacional.
La reacción internacional fue inmediata y contundente. China respondió con aranceles equivalentes del 34% a productos estadounidenses y restringió la exportación de tierras raras, esenciales para la industria tecnológica. La Unión Europea y otros socios comerciales expresaron su preocupación por el impacto global de estas medidas, que consideran un ataque directo al sistema multilateral de comercio. Se teme una escalada de represalias que termine por debilitar el ya frágil equilibrio económico internacional.
Los mercados financieros no tardaron en reaccionar de manera negativa. El Dow Jones cayó más de 1.100 puntos, arrastrado por las pérdidas de empresas con fuerte presencia internacional como Apple y Amazon. Economistas advierten que el aumento de precios, impulsado por los nuevos aranceles, podría traducirse en una contracción del consumo y una desaceleración económica generalizada. Una guerra comercial a gran escala puede conducir a una ataque directo al sistema multilateral de comercio según el economista jefe de JP Morgan.
Uno de los efectos más graves se da sobre países de bajos ingresos, que aparecen entre los más castigados por la metodología de “aranceles recíprocos” aplicada por Washington. Lesoto encabeza la lista con un arancel del 50%, seguido por Camboya, Vietnam, Sri Lanka y otros, con tasas superiores al 40%. Las importaciones chinas, además, verán un incremento promedio del 76% en sus costos. Esto afectará particularmente a sectores como la ropa, el calzado y los textiles, donde Asia abastece casi el 80% del consumo estadounidense.
El impacto ya se percibe en la caída bursátil de gigantes del retail como Nike, Gap y Lululemon que producen en Vietnam y Camboya. Si bien la administración Trump sostiene que estos aranceles impulsarán el regreso de la manufactura al país, expertos dudan de su viabilidad, sobre todo porque la industria textil depende históricamente de mano de obra inmigrante, un grupo objetivo de políticas restrictivas por parte del propio gobierno. Para las economías asiáticas, estas medidas amenazan con desestabilizar industrias clave, agudizando la vulnerabilidad social y económica de millones de trabajadores.

