La administración de Donald Trump avanzó esta semana en una nueva ofensiva arancelaria que alcanza a México y a más de 60 países. El Departamento de Comercio presentó una propuesta para imponer gravámenes de entre el 10% y el 12,5% a productos provenientes de economías consideradas en incumplimiento de normas vinculadas al trabajo forzado, apoyándose en una reinterpretación de la política comercial estadounidense tras la anulación parcial de la estrategia arancelaria del Ejecutivo por el Tribunal Supremo a comienzos de año.
El nuevo esquema se enmarca en el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, que también sustenta investigaciones en curso sobre presuntos excesos de capacidad productiva en terceros países. Los nuevos aranceles no entrarán en vigor de inmediato y quedarán sujetos a un período de consultas públicas, aunque analistas advierten que, de combinarse con otras medidas en estudio, podrían elevar la carga arancelaria efectiva sobre algunos socios hasta el 15%.
En paralelo, las negociaciones del TMEC avanzaron en un momento de posiciones encontradas. El ministro canadiense responsable del comercio con Estados Unidos, Dominic LeBlanc, envió una carta a sus homólogos de México y Estados Unidos proponiendo renovar el tratado por otros 16 años, argumentando que el acuerdo es “sumamente beneficioso para cada uno de nuestros países y para la economía norteamericana integrada”. México, por su parte, también envió una carta en el mismo sentido: el secretario de Economía Marcelo Ebrard confirmó que el gobierno mexicano aboga por extender el tratado 16 años adicionales y por la eliminación de los aranceles sectoriales impuestos por Washington en el último año. Sin embargo, Estados Unidos ya ha adelantado algunas de sus exigencias: según Reuters y The Wall Street Journal, Trump propone elevar del 75% al 82% el porcentaje de contenido regional en los automóviles producidos en los tres países, y exigir que al menos el 50% provenga de proveedores estadounidenses, lo que obligaría a una reestructuración significativa de las cadenas de suministro en México y Canadá.
En marcado contraste con la presión comercial, el secretario de Seguridad Nacional estadounidense, Markwayne Mullin, ofreció esta semana ante el Congreso un balance elogioso de su visita a Ciudad de México de la semana anterior. “Nos ha impresionado que hayan sido muy cooperativos”, dijo Mullin ante el comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, en referencia al gobierno de Sheinbaum. “Aún creen en su soberanía y debemos respetar eso”, añadió. Las declaraciones constituyen un reconocimiento público notable en un momento de tensiones bilaterales en otros frentes, y refuerzan la estrategia mexicana de mantener la cooperación en seguridad y migración como contrapeso frente a las presiones comerciales de Washington.

