La campaña del balotaje se ha convertido en una serie de ataques personales y acusaciones mutuas. El candidato a la vicepresidencia por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), Edman Lara, ha intensificado su retórica, advirtiendo que, si su rival, Tuto Quiroga, gana, sería por «fraude«, y que saldrán a «defender el voto». Además, Lara ha asociado a sus oponentes con el separatismo de la “media luna”, acusándolos de querer dividir el país y de ser parte de aquellos que «odian a los campesinos».
El PDC, por su parte, ha acusado a Quiroga y a una «fundación extranjera» de financiar una campaña de desinformación en su contra. Quiroga ha respondido vinculando al PDC con el «evismo», en un intento por descalificarlos ante el electorado. Este «fuego cruzado» ha llevado a los candidatos a escudriñar el pasado y los vínculos con el masismo, convirtiendo la campaña en un intercambio de golpes que ha dejado de lado el debate programático.
En simultáneo, las tensiones en el PDC no cesan. El partido ha pedido a Lara «tener mesura» tras sus declaraciones políticas, e incluso contra los medios de comunicación. Estos exabruptos que forman parte de la retórica del candidato a la vicepresidencia, así como los desencuentros públicos entre Paz y Lara demuestran fragilidad en la alianza política que ganó la primera vuelta.
En este marco, el escenario post-electoral se vislumbra particularmente complejo, ya que, independientemente del ganador, la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) estará dividida entre las fuerzas de la derecha, lo que obligará a buscar pactos y consensos para poder gobernar. Surge la pregunta, por tanto, sobre la posibilidad de estas fuerzas para negociar un esquema de gobernabilidad en materia legislativa o si estaremos frente a una deriva parecida a la de Javier Milei en Argentina, quien en poco tiempo ha dinamitado todos los puentes de diálogo con los principales actores políticos del país.

