Las conversaciones entre Washington y Teherán para extender el cese del fuego —vigente desde abril, luego de la “Guerra de los doce días” que Estados Unidos e Israel libraron contra Irán— atravesaron esta semana una nueva fase de estancamiento. El jueves 28 de mayo, los equipos negociadores de ambos países habían llegado a un borrador de memorando de entendimiento que extendería la tregua por 60 días, reabriría gradualmente el estrecho de Ormuz y daría inicio a conversaciones formales sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, Trump salió de una reunión en la Sala de Situación sin anunciar su aprobación: exigió que Irán plasme por escrito compromisos nucleares más firmes antes de firmar cualquier acuerdo, rechazando las garantías verbales que Teherán había ofrecido hasta ese momento. Irán, por su parte, desmintió a través de su agencia estatal Fars que el texto incluyera algunas de las condiciones que Trump enumeró públicamente.
El martes 2 de junio, el secretario de Estado Marco Rubio compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en un clima de presión legislativa. Reconoció que Irán ha mostrado disposición a negociar aspectos de su programa nuclear que hace apenas un año se negaba siquiera a mencionar, aunque advirtió que eso no garantiza un acuerdo aceptable para el Senado ni para el pueblo estadounidense. Rubio subrayó que la reapertura completa del estrecho de Ormuz —bloqueado desde marzo— sigue siendo condición innegociable. El mismo día, Trump insistió ante la prensa en que las conversaciones continuaban de manera “continua”, contradiciendo informes iraníes que aseguraban que el intercambio de mensajes se había suspendido días antes. Antes, el 1 de junio, el presidente le dijo a ABC News que creía posible alcanzar un acuerdo “en el transcurso de la próxima semana”.
El bloqueo del estrecho —por el que transita cerca del 20% del comercio petrolero mundial— ha llevado a la administración Trump a autorizar la liberación de hasta 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo para contener la presión sobre los precios de la energía. La negociación está adicionalmente tensionada por la operación militar israelí contra Hezbollah en el Líbano, que Irán exige que quede cubierta por cualquier acuerdo de cese del fuego, mientras Israel la rechaza. Senadores republicanos como Lindsey Graham y Ted Cruz han advertido que los términos del borrador se asemejan demasiado al pacto nuclear de 2015 que Trump desmanteló en su primer mandato, lo que complica la posición doméstica del presidente. La combinación de demandas iraníes en disputa, presiones desde el propio Partido Republicano y la variable israelí configura uno de los momentos diplomáticos más delicados del segundo mandato del neoyorquino.

