Durante la cumbre del Mercosur en Buenos Aires, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva asumió el liderazgo pro témpore del bloque regional, proponiendo una visión ampliada que trascienda lo comercial e incluya desarrollo tecnológico, agrícola y de seguridad. En su discurso, Lula destacó que pertenecer al Mercosur protege a las economías sudamericanas mediante reglas claras y una tarifa externa común que blinda al bloque de guerras comerciales. Señaló que, frente al creciente interés internacional por establecer alianzas con la región, la presidencia brasileña es una oportunidad para redefinir el papel geopolítico del bloque.
La declaración de Lula respondió a la postura crítica del presidente argentino Javier Milei, quien había reclamado una mayor flexibilización y amenazado con incumplir las normas del bloque si no se adopta una política más liberal. En contraste, Lula reafirmó su intención de acelerar el acuerdo Mercosur-Unión Europea y el tratado con la EFTA, mostrando confianza en que ambos puedan concretarse antes de fin de año. Además, subrayó la necesidad de que el Mercosur aproveche su inserción en las cadenas globales de producción para obtener transferencia de tecnología, generación de empleo y mayor participación industrial en el comercio con Asia y otras regiones.
Lula también vinculó su agenda regional con prioridades internas del Brasil, como el combate al crimen organizado y la integración de infraestructuras, destacando que una mayor coordinación entre los países fortalecerá la seguridad, el desarrollo y la justicia social. En términos económicos, el comercio entre países del Mercosur alcanzó los 17 mil 500 millones de dólares en los primeros cinco meses de 2025, con un superávit de tres mil millones para Brasil. Aunque no hubo encuentro bilateral entre Lula y Milei, ambos se saludaron en un gesto simbólico. Sus ministros de Hacienda sí mantuvieron una reunión, lo que muestra que, pese a las tensiones políticas, persiste la cooperación técnica.

