El domingo 18 de mayo las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires arrojaron un resultado favorable para la actual gestión ultraderechista del gobierno nacional. El candidato libertario y vocero presidencial, Manuel Adorni, ganó las elecciones porteñas por 30,1%, secundado por el candidato del espacio progresista-peronista, Leandro Santoro, con el 27,4% de los votos.
El primer dato trascendente es la contundente derrota del PRO, espacio de centro derecha liderado por el expresidente Mauricio Macri, que llevaba como candidata a la diputada nacional, Silvia Lospennato, y que sacó apenas el 15,9% de los votos. La Ciudad de Buenos Aires fue un histórico bastión macrista, gobernado hace casi 20 años por este espacio. El máximo ganador es el presidente Javier Milei, que volcó todo su aparato y capital político en estas elecciones en pos de ganarle al PRO la hegemonía de la derecha nacional y condicionar el resto de las negociaciones de listas de cara a las elecciones legislativas nacionales de octubre.
El segundo dato trascendente fue la escasa participación electoral, apenas el 53,4%. Este dato, que se viene repitiendo en otras elecciones locales, demuestra un fuerte desinterés y desconocimiento por los procesos electorales. En términos estrictamente numéricos, el triunfo libertario no fue arrasador, aunque le bastó para humillar a las fuerzas macristas. Por su parte, el peronismo se aseguró el triunfo de los barrios del sur, históricamente identificados con los sectores populares, lugares donde el mileismo ganó en otras oportunidades, un posible dato que demuestra un descontento “por abajo” con las políticas de ajuste del gobierno. Además con estos resultados el peronismo se asegura la primera minoría en la legislatura.
De ahora en adelante el debate electoral se centrará en los armados en la provincia de Buenos Aires, donde La Libertad Avanza pretende devorar la estructura del PRO para ir por una victoria desde el cual seguir consolidando su proyecto nacional.

