Miles de personas se movilizaron en la avenida Paulista la noche del jueves 10 de julio en una masiva manifestación por el fin de la escala laboral 6×1 y a favor del impuesto a los super-ricos, en un contexto marcado por la reciente decisión del presidente estadounidense Donald Trump de imponer un arancel del 50% a productos brasileños. Esta medida, considerada política y no económica por dirigentes como Érika Hilton (PSOL-SP), reavivó el debate sobre la soberanía nacional y fortaleció el carácter reivindicativo del acto. Hilton y otras figuras destacadas como Sâmia Bonfim subrayaron que esta movilización representa una respuesta contundente de los movimientos sociales y de la izquierda ante lo que perciben como amenazas externas y políticas internas regresivas. Las demandas centrales fueron: la eliminación del sistema laboral 6×1, en el que se trabaja seis días por uno de descanso; la imposición de impuestos a las grandes fortunas; y la defensa del Estado frente a actores políticos que —según denunciaron— atentan contra la soberanía y los intereses del pueblo brasileño.
Simultáneamente, otras ciudades como Porto Alegre y Río de Janeiro fueron escenario de protestas con objetivos similares. Voces diversas coincidieron en denunciar el intento de intervención de Trump y la complicidad de sectores políticos locales, como Eduardo Bolsonaro, quien elogió las sanciones de EE. UU. La dirigente sindical Nilza Pereira desestimó las acusaciones de «caza de brujas» y reafirmó que la justicia brasileña busca responsabilizar a quienes atentaron contra la democracia. Por su parte, Ediane Maria, del MTST, remarcó la urgencia de que los sectores más ricos contribuyan con impuestos para garantizar derechos y reparación histórica a las clases trabajadoras. La comerciante Jane Patrícia expresó su indignación por el alineamiento de figuras bolsonaristas con intereses extranjeros y reivindicó su apoyo a un Brasil soberano. La militante del MAB, Daniela Aparecida, por su parte, destacó el impacto desigual del régimen laboral sobre las mujeres, especialmente las más pobres, y reiteró la exigencia de terminar con la escala 6×1. En conjunto, las manifestaciones articularon una defensa del trabajo digno, la soberanía nacional y una reforma tributaria progresiva en el contexto de crecientes tensiones geopolíticas.

