A partir del miércoles 19 de agosto de 2026 está previsto que entre en vigor un arancel adicional del 50% sobre bienes canadienses valuados en unos 20 mil millones de dólares, una medida que la Casa Blanca invocó bajo la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930. La disposición, anunciada el lunes 20 de julio mediante tres proclamas presidenciales, acusa a Canadá de prácticas discriminatorias en los sectores automotriz, lácteo y de bebidas alcohólicas, y alcanza incluso a productos que hasta ahora ingresaban libres de arancel al amparo del T-MEC, aunque exceptúa energía, potasa, minerales críticos y pesca.
El ministro de Comercio, Dominic LeBlanc, y la negociadora jefa, Janice Charette, volvieron el martes 4 de agosto a Washington para una nueva ronda de encuentros, que incluyó reuniones con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, y con legisladores republicanos. El primer ministro Mark Carney afirmó que las conversaciones abarcan actualmente “todos los sectores estratégicos”, incluido el automotriz.
El tono de la disputa se agravó el miércoles 5 de agosto por la noche, cuando el presidente Donald Trump, durante un discurso en Las Vegas, calificó a Canadá y a su liderazgo de “nasty” (asqueroso) en cinco oportunidades distintas, mientras elogiaba el uso de aranceles de su gobierno. “Amo a la gente, pero son antipáticos. Liderazgo antipático”, sostuvo el mandatario ante una multitud que lo ovacionaba, tras quejarse de que Canadá, junto con China, Japón, Corea del Sur y Alemania, había perjudicado durante años a la economía estadounidense.
Consultado sobre esos dichos, Carney definió la situación como “una negociación dura” y, sin confrontar directamente al presidente, respondió: “podemos cambiar el adjetivo y decir ‘antipático’, si quieres, pero para Canadá es una cuestión de empleos canadienses, es una cuestión del futuro de las empresas canadienses”, señaló ante la prensa en la ciudad quebequense de Saguenay. El primer ministro confirmó además que había hablado por teléfono con Trump la semana anterior y que habrá otras conversaciones antes del vencimiento del plazo.
Canadá ya eliminó varios de los llamados “irritantes comerciales” señalados por la administración estadounidense, entre ellos un impuesto a los servicios digitales y un gravamen sobre plataformas de streaming, sin que esas concesiones hayan modificado hasta ahora la postura de Washington. Carney no descartó una respuesta si los nuevos aranceles entran en vigor, aunque la semana pasada había señalado que no le veía “el valor” a usar las exportaciones energéticas canadienses como moneda de cambio en la negociación.

