La campaña para la segunda vuelta presidencial en Colombia entró en sus últimos días con una marcada confrontación entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, quienes desplegaron estrategias diferenciadas para captar el voto de los indecisos. Mientras el primero centró su mensaje en la seguridad y en la idea de una definición política definitiva para el país, su contendor insistió en un discurso enfocado en la defensa de la vida y las garantías democráticas.
La disputa electoral también se trasladó al ámbito judicial, donde las denuncias y cuestionamientos promovidos desde ambas campañas elevaron la tensión política en la recta final. Este escenario profundizó la polarización y convirtió las controversias legales en un nuevo frente de la competencia entre los dos candidatos.
Los debates públicos y las acusaciones cruzadas sobre la disposición a participar en ellos se sumaron a la confrontación. La discusión sobre estos espacios adquirió protagonismo en la agenda electoral y fue utilizada por ambos sectores para reforzar sus respectivas narrativas frente a la opinión pública.
Al mismo tiempo, las entrevistas, las apariciones en medios de comunicación y los respaldos internacionales cobraron relevancia como parte de los esfuerzos para fortalecer la imagen de las candidaturas y transmitir capacidad de gobernabilidad. La búsqueda de mayor visibilidad y de apoyos externos se convirtió en uno de los elementos distintivos de los últimos días de campaña.
En paralelo, los partidos y dirigentes que quedaron por fuera de la segunda vuelta definieron sus respaldos, dando lugar a un nuevo mapa de alianzas políticas. La distribución de apoyos evidenció la fragmentación del panorama partidista y la convergencia de sectores diversos alrededor de cada uno de los aspirantes, pero con un mayor peso del respaldo por derecha a Abelardo de la Espriella sobre pulseadas que pudo ganar el Pacto Histórico.

