A cuatro meses de las elecciones presidenciales en Chile, Evelyn Matthei, candidata de Chile Vamos, ha denunciado una campaña de desinformación «asquerosa» en su contra atribuida al Partido Republicano, liderado por José Antonio Kast. Según Matthei, esta ofensiva en redes sociales incluyó la manipulación de videos para poner en duda su salud mental; incluso mencionó la posibilidad de presentar acciones legales, aunque finalmente optó solo por reiterar una condena pública al mal uso de las plataformas digitales. Mientras tanto, voces del sector empresarial y político han instado a la unidad opositora ante el temor de perder la presidencial y el Congreso frente a la candidata del oficialismo, Jeannette Jara.
La tensión entre las derechas tiene lugar en medio de un clima electoral con encuestas que sitúan a Kast como el favorito de cara a la segunda vuelta, a pesar de que en la primera, Jara lidera con 35.2%, seguida por Kast (26.5%), Franco Parisi (17.1%) y Matthei relegada al cuarto lugar con 10.6%. Sin embargo, el voto de balotaje favorece de manera significativa a Kast, quien le sacaría 11 puntos a Jara, capitalizando el creciente temor ciudadano por la inseguridad y la percepción de corrupción, temas que han cobrado fuerza en los últimos meses y han sido estratégicamente utilizados en su campaña. El deterioro de la imagen del presidente Boric, con una desaprobación cercana al 59%, parece contribuir también a la baja de Jara y al fortalecimiento relativo de Kast en el electorado.
Este enfrentamiento entre Matthei y Kast no solo fractura la posibilidad de una lista única de la derecha para las parlamentarias, sino que también refleja una crisis de confianza al interior del sector opositor, situación que analistas y voces públicas como Carlos Peña han señalado como peligrosa para la convivencia democrática. La decisión de Matthei de no judicializar la denuncia, aunque sin retractarse de la gravedad de los hechos, marca la necesidad de priorizar las propuestas y el debate programático, en contraste con las prácticas de «sicariato político digital» que han empañado la campaña y evidencian el desafío de la política chilena para superar prácticas de deslegitimación y avanzar hacia una contienda más transparente y de altura.

