Donald Trump anunció que nominará a Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal (FED), para reemplazar a Jerome Powell cuando termine su mandato en mayo de 2026. Trump lo presentó como una apuesta por una FED más alineada con su objetivo de bajar el costo del crédito (y, en su lectura, abaratar hipotecas y financiamiento), aunque la nominación todavía requiere confirmación del Senado, donde ya asoman reparos y advertencias sobre la independencia del Banco Central.
Kevin Warsh no es un outsider: fue gobernador de la FED entre 2006 y 2011, con protagonismo durante la crisis financiera de 2007–2009, y antes pasó por Morgan Stanley y por la Casa Blanca (Consejo Económico Nacional) en la era Bush. En los últimos años se volvió un crítico frecuente de la institución: cuestionó la magnitud del balance de la FED (sus tenencias de bonos) y pidió un cambio de enfoque (“regime change” en la discusión pública), argumentando que achicar ese balance le permitiría a la FED reordenar su “mecánica” monetaria. Esa trayectoria —técnica, con redes en Wall Street— es precisamente lo que ahora se mira con lupa: si será un “reformista institucional” o un chair más permeable a la presión política por recortes.

