Trump planea redirigir cerca de mil 800 millones de dólares de la asistencia extranjera hacia prioridades alineadas con su agenda “America First”. Bajo este esquema, los recursos se destinarían a iniciativas como invertir en cadenas de suministro de minerales críticos, desarrollar infraestructura estratégica y contrarrestar la influencia de regímenes “marxistas” en América Latina.
En ese marco, algunos proyectos autorizados con anterioridad serían recortados o eliminados —por ejemplo, fondos destinados a Gaza y Cisjordania o programas en Irak. La administración justifica estos cambios alegando que los recursos deberán “dar prioridad a los intereses nacionales” de EE.UU., en lugar de mantener programas humanitarios tradicionales.
Parte de esta transformación ya se ha concretado mediante la disolución progresiva de USAID y la absorción de sus funciones por el Departamento de Estado. La reorientación equivale a desmontar la lógica tradicional de la ayuda internacional: reemplazar objetivos de salud, desarrollo y cooperación con una lógica más transaccional y estratégica.

