El acuerdo comercial anunciado entre Argentina y Estados Unidos no sólo establece rebajas arancelarias y mayor apertura de mercados, sino que también consagra una relación profundamente asimétrica, presentada por el propio Javier Milei como una “tremenda noticia” tras meses de alineamiento acrítico con Washington. Desde Uruguay, este pacto es leído como un movimiento geopolíticamente subordinado, que afecta el equilibrio regional y reabre tensiones dentro del Mercosur.
Según analistas uruguayos, Argentina otorgará preferencias en el marco de las excepciones al Arancel Externo Común aprobadas meses atrás, un gesto que “supone una ventaja con respecto a sus socios del Mercosur” y golpea especialmente a Uruguay, que queda sin capacidad de respuesta inmediata. Para sectores clave como la carne bovina, el acuerdo implica una competencia desigual: mientras Buenos Aires se acerca a beneficios unilaterales con EE.UU., Uruguay sigue atado a reglas de un bloque que ya no respeta su propio funcionamiento.
El diagnóstico es claro: el pacto Milei–Trump “patea” el Mercosur y elude cualquier mecanismo de consulta regional, violando el espíritu del Tratado de Asunción. En este escenario, Uruguay observa un doble riesgo: quedar marginado en acceso a mercados y depender del desgaste interno del Mercosur, justo a semanas de la posible firma con la Unión Europea. Más que una oportunidad, el gesto argentino profundiza la fragilidad del bloque y obliga a Uruguay a repensar su estrategia externa para no quedar atrapado en la encrucijada geopolítica que Milei consolidó con Washington.

