El jueves 3 de julio la Cámara de Representantes aprobó con ajustada mayoría (218–214) la denominada One Big Beautiful Bill. Esta ley combina recortes de impuestos y ajustes de gasto por un total de aproximadamente cuatro y medio billones de dólares, extendiendo los recortes tributarios de 2017, eliminando impuestos sobre propinas y horas extra, y elevando fondos para seguridad fronteriza y defensa.
El martes 1 de julio el Senado ya había realizado una votación maratónica, en la cual se superó el obstáculo del empate gracias al voto decisivo del vicepresidente J.D. Vance. Según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), el proyecto aumentará el déficit federal en 3,3 a 3,4 billones de dólares durante la próxima década, elevando la deuda por encima del 130% del PIB para 2035. Las medidas también incluyen recortes significativos en Medicaid (afectando a 17 millones de personas), programas de asistencia alimentaria (SNAP) y fondos para energía limpia, lo que provocó críticas de opositores que advierten sobre aumentos de pobreza, mortalidad y huecos financieros en la red de salud pública.
Todos los demócratas votaron en contra del paquete, calificándolo como un “Robin Hood al revés” que favorece a los ricos y penaliza a los más vulnerables. En el Senado, líderes republicanos —incluido el presidente Trump y el vocero Mike Johnson— realizaron intensas negociaciones para asegurar el triunfo pese a la oposición de dos republicanos moderados (Massie y Fitzpatrick). Fuentes vinculadas a Wall Street también expresaron su preocupación por el incremento del déficit, y sugirieron medidas más equilibradas.

