En el panorama político colombiano comienzan a configurarse las primeras movidas de cara a las elecciones presidenciales de 2026, con una atención centrada en dos frentes: el futuro de la izquierda ligada al gobierno de Gustavo Petro y el papel que jugará el expresidente Álvaro Uribe tras recuperar su libertad. Desde el progresismo, el Polo Democrático ha solicitado a Iván Cepeda que se postule como candidato presidencial, argumentando que es la figura más indicada para dar continuidad al proyecto político iniciado por Petro. En una carta pública, ese sector destacó que Cepeda representa la posibilidad de consolidar el legado de transformaciones, especialmente en temas de paz, justicia social y defensa de los derechos humanos. El propio senador respondió de manera cautelosa, asegurando que evaluará la propuesta con responsabilidad y que, por ahora, mantiene abiertas las posibilidades. En paralelo, Cepeda se mostró junto a Daniel Quintero, exalcalde de Medellín, para realizar anuncios conjuntos sobre su papel en la contienda electoral. Según versiones, cuentan con el respaldo del presidente Petro, lo que podría configurar una plataforma más amplia de la izquierda que combine sectores tradicionales del progresismo con liderazgos locales recientes.
Del lado contrario del espectro, la figura de Álvaro Uribe vuelve a irrumpir en el escenario. Tras la decisión de un tribunal de Bogotá que le concedió la libertad, el expresidente reapareció en actos políticos en Sabaneta, Antioquia, con un mensaje enfático sobre la necesidad de “ganar las elecciones y enfrentar a Petro”. Su reaparición pública despierta expectativas sobre el impacto que puede tener en la derecha y el uribismo, en un momento en el que ese sector busca recomponerse para las presidenciales. La presencia de Uribe en plazas y calles representa un factor movilizador para sus bases, pero también plantea interrogantes sobre cómo su situación judicial y la polarización que genera, influirán en las alianzas y en la estrategia de campaña. Su participación podría revitalizar la identidad uribista, aunque no está claro si será suficiente para articular una coalición amplia que logre disputar las elecciones.

