El 23 de septiembre Donald Trump presentó su discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, en el que lanzó críticas contra la institución, acusándola de ser “ineficaz” y de promover una agenda migratoria globalista que “está arruinando países”. Exigió que los países cierren sus fronteras y expulsen inmigrantes irregulares. El discurso también incluyó ataques a líderes europeos por sus políticas de migración y energía, y una crítica al rol de la ONU en conflictos internacionales y ponderando de manera exagerada del rol de Estados Unidos y su gobierno como mediador mundial de estos conflictos.
A pesar del tono combativo, Trump también afirmó públicamente: “Estados Unidos está detrás de la ONU al 100%”, durante una reunión con el Secretario General António Guterres. En ese encuentro, agradeció la bienvenida y pidió que la organización sea más capaz de cumplir su potencial de paz. Sin embargo, su retórica principal mantuvo un contraste marcado: menos enfoque en cooperación multilateral y más énfasis en acción nacional independiente. En relación con los conflictos activos, señaló que ha estado trabajando sin descanso para detener la guerra en Ucrania, la cual nunca debería haber comenzado, y criticó a China, la India y los países de la OTAN por seguir comprando petróleo ruso y financiar el conflicto.
En el ámbito bilateral, una de las reuniones destacadas fue con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, luego de la cual pareció cambiar de postura con respecto a los territorios ocupados por Rusia, además de declarar que los países de la OTAN deberían derribar aviones rusos que violen su espacio aéreo. Además, en un intento de colocar una voz más alineada con su visión dentro del organismo Mike Waltz fue nombrado como embajador de EE. UU. ante la ONU precio a la celebración de la Asamblea.

