El cómputo nacional confirmó la victoria de Rodrigo Paz, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), con el 54,96% de los votos. Paz celebró el resultado, afirmando que «ganó la democracia en Bolivia» e instó a respetar el voto. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) negó cualquier posibilidad de manejo fraudulento en el balotaje, una posición respaldada por la Organización de Estados Americanos (OEA), que calificó el proceso electoral de «ejemplar» y «sin irregularidades».
El candidato liberal, Jorge Quiroga, reconoció la victoria de Paz y le ofreció su apoyo parlamentario para la gobernabilidad sin pedir “nada a cambio”, un gesto que el presidente electo celebró. Quiroga incluso apoyó al PDC para las presidencias de senadores y diputados, lo que sugiere una mayoría clara de votos para la gobernabilidad de Paz, aunque con el apoyo de la bancada del expresidente.
Con el resultado electoral confirmado, el presidente electo empezó a delinear su agenda de gobierno y su visión de política exterior. Paz anunció la restauración de las relaciones con Estados Unidos y la intención de establecer cooperación con la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) y otros organismos en la lucha antidroga. Además, excluyó explícitamente a los presidentes Maduro (Venezuela), Ortega (Nicaragua) y Díaz-Canel (Cuba) de su ceremonia de posesión, señalando un giro en la política exterior boliviana. En sus palabras, el presidente declaró que espera que “Bolivia vuelva al mundo, y el mundo a Bolivia”. Paz también anunció un Encuentro Nacional para la Reforma de la Justicia a realizarse el 9 y 10 de noviembre.
En respuesta a estas primeras definiciones, la Central Obrera Boliviana (COB) se declaró en emergencia y anunció la preparación de una marcha contra el nuevo gobierno, advirtiendo que no permitirán la privatización de la educación ni la salud. Por su parte, el expresidente Evo Morales hizo una propuesta política al presidente electo, sugiriendo la realización de un referéndum sobre los vínculos con Estados Unidos y la entrega de recursos naturales.
No obstante, la derrota electoral profundizó la división en la izquierda boliviana. El ex presidente Evo Morales atribuyó el triunfo de Paz a un «voto forzado» de sectores rurales y populares, ya que Paz ganó en los recintos electorales considerados otrora bastiones del Movimiento al Socialismo (MAS). Por su parte, el senador campesino Andrónico Rodríguez criticó duramente a Morales, diciendo que con sus acciones «destruyó todo» y «no logró ni un solo objetivo» político. La continuidad de la división de esta fuerza política genera dudas sobre la efectividad de las posibles medidas de resistencia popular al nuevo gobierno.

