Funcionarios del Departamento de Estado de EE. UU. mantuvieron tres reuniones encubiertas desde abril con dirigentes del Alberta Prosperity Project (APP), un grupo que impulsa un referéndum de independencia para Alberta, y el grupo buscaría un nuevo encuentro para plantear un mecanismo de respaldo financiero de hasta 500 mil millones de dólares. Consultado por el tema, el primer ministro Mark Carney dijo que “espera que la administración de EE. UU. respete la soberanía canadiense” y que él es “siempre claro” con Donald Trump sobre ese punto; agregó que Trump nunca le planteó la cuestión del separatismo de Alberta en sus conversaciones.
En Canadá, la controversia escaló a nivel provincial. La premier de Alberta, Danielle Smith, evitó avalar la acusación de “traición” y sostuvo que espera que Washington limite cualquier conversación sobre el “proceso democrático” de Alberta a los canadienses, anunciando que lo planteará a sus delegados diplomáticos; Carney se alineó explícitamente con esa formulación. A la vez, el premier de Columbia Británica, David Eby, calificó la búsqueda de apoyo extranjero para “romper Canadá” como “traición”, y el premier de Ontario, Doug Ford, lo describió como “inaceptable” y “poco ético”.
Del lado estadounidense, el comentario político más explícito vino del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien días antes dijo que “ Alberta es un socio natural para Estados Unidos”, y que la “la gente quiere soberanía” avalando el separatismo en la provincia canadiense.


