La guerra con Irán, iniciada en febrero pasado por la administración Trump en conjunto con Israel con el objetivo declarado de destruir las capacidades nucleares iraníes, generó esta semana su mayor tensión institucional en el Congreso desde el inicio del conflicto. El martes 19 de mayo, el Senado votó 50 a 47 para avanzar una resolución de poderes de guerra que limitaría la capacidad de Trump de ordenar nuevas operaciones militares sin autorización legislativa. Cuatro senadores republicanos —Rand Paul, Susan Collins, Lisa Murkowski y Bill Cassidy— se sumaron a la bancada demócrata, marcando una fisura inédita dentro del bloque oficialista. El texto de la resolución, impulsada por el senador demócrata Tim Kaine, ordena al presidente retirar las fuerzas armadas de las hostilidades contra Irán salvo que exista una declaración formal de guerra o una autorización específica del Congreso.
La presión se extendió también a la Cámara de Representantes, donde los líderes republicanos cancelaron directamente la votación sobre una resolución similar al constatar que no contaban con los votos suficientes para rechazarla. Bajo la Ley de Poderes de Guerra de 1973, un presidente tiene 60 días para sostener operaciones militares antes de que el Congreso deba declarar la guerra o autorizar el uso de la fuerza. Ese plazo, según legisladores de ambas cámaras, ya venció. La resolución, de haberse aprobado en ambas cámaras, habría entrado en vigor sin necesidad de la firma presidencial. Aunque la iniciativa enfrenta obstáculos —Trump casi con certeza la vetaría— el episodio revela el creciente desgaste político de un conflicto que, según cifras del Pentágono, ya costó al menos veinticinco mil millones de dólares y mantiene tensionados los precios del petróleo a nivel global.
En paralelo, la política de despliegue de tropas en Europa protagonizó otro capítulo de desconcierto. A principios de mayo, la administración Trump había anunciado la retirada de unos cinco mil soldados apostados en Alemania, una decisión tomada en el contexto de las fricciones con Berlín por la guerra con Irán. El jueves, sin embargo, Trump anunció el envío de cinco mil efectivos adicionales a Polonia, citando su relación con el presidente polaco Karol Nawrocki. El anuncio tomó por sorpresa a los propios funcionarios del Pentágono: «Pasamos las últimas dos semanas reaccionando al primer anuncio. Nosotros tampoco sabemos qué significa esto», dijeron dos oficiales en condición de anonimato. La medida fue comunicada mediante publicación en redes sociales, sin coordinación previa con los aliados europeos ni con el mando militar.
El anuncio generó perplejidad en la reunión de cancilleres de la OTAN celebrada este viernes en Helsingborg, Suecia, donde participó el secretario de Estado Marco Rubio. La ministra de Relaciones Exteriores sueca, que presidió el encuentro, admitió que la situación «es confusa y no siempre es fácil de navegar». Los aliados europeos, que llevan meses adaptándose a una postura norteamericana errática respecto del compromiso con la defensa colectiva, recibieron el giro sin explicaciones oficiales. El episodio refuerza la percepción, extendida entre los socios de la alianza, de que la política de defensa estadounidense está siendo conducida de forma personalista y sin una estrategia articulada hacia Europa.


