A pocos tiempo de la primera vuelta presidencial, las campañas intensificaron sus movimientos políticos y estratégicos en busca de consolidar apoyos y captar a los votantes indecisos. El escenario electoral aparece marcado por la polarización entre Ivan Cepeda y Abelardo de la Espriella, los cruces discursivos entre sectores de derecha e izquierda y una creciente tensión alrededor de la legitimidad institucional y el desarrollo de la jornada electoral.
El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha centrado buena parte de su estrategia en las movilizaciones masivas y en la construcción de una imagen de cercanía con sectores populares y organizaciones sociales. El senador busca proyectar fortaleza territorial especialmente en zonas consideradas decisivas para la elección. En paralelo, su entorno político insiste en la posibilidad de obtener una victoria en primera vuelta, mientras suma adhesiones provenientes de sectores progresistas y figuras de la centroizquierda.
En contraste, Abelardo de la Espriella ha consolidado una campaña basada en mensajes de seguridad, autoridad y confrontación con el gobierno. El abogado y empresario ha buscado posicionarse como una figura “outsider”, apelando a votantes desencantados con los partidos tradicionales y con el proceso de “paz total” impulsado por el presidente Gustavo Petro. Su estrategia combina una narrativa de mano dura con una fuerte presencia mediática y digital, acompañada de actos de campaña de alto impacto visual y emocional. Intenta captar apoyos de sectores conservadores y de ciudadanos que rechazan tanto al petrismo como a las estructuras políticas tradicionales.
La campaña también ha estado atravesada por controversias institucionales y cuestionamientos cruzados. Uno de los episodios recientes gira en torno al denominado “Hondurasgate”, caso sobre el cual el presidente Petro cuestionó públicamente actuaciones de la Fiscalía, reavivando el debate sobre la independencia de las instituciones y el tono de la confrontación política durante el proceso electoral. A esto se suman las reiteradas críticas desde distintos sectores hacia la participación del mandatario en discusiones relacionadas con la campaña y el clima electoral. En ese contexto, organismos como la Procuraduría General de la Nación y la Registraduría Nacional del Estado Civil hicieron un llamado público a respetar los resultados de las elecciones del 31 de mayo, enfatizando la necesidad de preservar la confianza institucional y evitar discursos que puedan poner en duda la legitimidad del proceso democrático.
En la recta final hacia los comicios, las campañas también han intensificado su presencia en redes sociales y plataformas digitales, utilizando influenciadores, piezas audiovisuales y herramientas de inteligencia artificial para ampliar alcance y fidelizar audiencias. Es una elección atravesada por fuertes disputas simbólicas, incertidumbre y una ciudadanía que se prepara para una jornada considerada decisiva para el futuro político del país.

