El miércoles 21 de octubre, la Embajada de Estados Unidos en Ottawa publicó una hoja informativa sobre actividades canadienses en la política estadounidense. En el documento, la representación diplomática acusa a dirigentes canadienses de haber descrito “abiertamente” planes para “influir en la política estadounidense”. La publicación se suma a las advertencias del embajador estadounidense Pete Hoekstra, quien en una entrevista reciente había dicho que Washington vigila “de cerca” a Canadá ante una posible interferencia en los comicios del 3 de noviembre. Según el portal estadounidense Axios, la embajada vincula esas acusaciones con los aranceles de represalia canadienses, dirigidos de manera selectiva contra productos y estados con peso político en Estados Unidos.
La hoja informativa reúne declaraciones de funcionarios canadienses de los últimos dos años. La principal señalada es la actual ministra de Industria, Mélanie Joly, citada en cinco ocasiones. Según la embajada, Joly dijo en marzo de 2025, cuando era ministra de Asuntos Exteriores, que Canadá buscaba presionar a las empresas estadounidenses de estados clave para los republicanos con el fin de incidir en el gobierno del presidente Donald Trump. El documento también recoge una conferencia de prensa de agosto, en la que la ministra explicó que Canadá orientaba sus represalias hacia productos que afectan a estados estadounidenses y que actuaba “con prudencia y estrategia” para ejercer presión política. Además, menciona al diputado liberal Anthony Housefather, que hizo campaña por la congresista demócrata Debbie Wasserman Schultz, y a 11 canadienses procesados o condenados por votar ilegalmente en elecciones estadounidenses entre 2012 y 2024.
El otro señalado es el primer ministro conservador de Ontario, Doug Ford. La embajada recordó la campaña publicitaria contra los aranceles que su gobierno lanzó en octubre de 2025 en Estados Unidos, con un presupuesto de 75 millones de dólares canadienses (unos 54 millones de dólares estadounidenses), así como la promesa de Ford de repetir ese mensaje “en todos los distritos republicanos del país”. El anuncio incluía fragmentos de un discurso radial de 1987 del expresidente Ronald Reagan. Su difusión llevó a Trump a cortar las negociaciones comerciales con Canadá, mientras que la Ronald Reagan Presidential Foundation and Institute —la fundación que preserva el legado de Reagan— acusó al gobierno de Ontario de tergiversar el discurso.
Desde Ottawa, la respuesta fue rechazar las acusaciones y devolver la discusión al terreno comercial. Carney y Ford negaron cualquier intención de intervenir en las elecciones estadounidenses, y el primer ministro sostuvo que las medidas canadienses responden a los aranceles que Washington impuso previamente. Carney afirmó también que esos aranceles “trastocaron un acuerdo comercial” de décadas y encarecieron la vida de las familias estadounidenses. El viernes 23 de octubre, desde Estambul, Carney agregó que las acusaciones “no tienen fundamento” y se mostró decepcionado de que el embajador las difundiera. Joly, por su parte, ya había calificado de “absolutamente injusta” la presentación de las acciones canadienses como injerencia electoral. También explicó que sus visitas a Estados Unidos buscaban atraer inversiones y que se había reunido tanto con republicanos como con demócratas.
Aun así, el gobierno canadiense tomó precauciones. Esta semana, Asuntos Globales Canadá instruyó a sus diplomáticos en Estados Unidos para que no se reunieran con candidatos ni asistieran a sus actos de campaña hasta después de los comicios. La acusación llega, además, en un momento delicado de la negociación comercial: según la cadena canadiense CTV, Ottawa todavía no descarta un acuerdo rápido con Washington antes del 3 de noviembre, aunque las expectativas son bajas. Carney insistió en que ahora “depende de Estados Unidos”.

