En 2024 Brasil contabilizó un millón seiscientos cincuenta mil niños y adolescentes entre 5 y 17 años en situación de trabajo infantil, lo que representa el 4,3 por ciento de la población de esa franja etaria. Los datos, divulgados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), muestran un incremento de treinta y cuatro mil casos respecto a 2023, cuando se habían registrado los niveles más bajos de la serie iniciada en 2016. Aunque la variación es leve, el IBGE evita hablar de una reversión de tendencia, ya que desde 2016 —cuando el número llegaba a dos millones cien mil (5,2 por ciento)— se observa una caída sostenida.
El organismo señala que la reducción general de la población infantil y adolescente, que cayó en doscientos trece mil personas en 2024, contrasta con el aumento puntual del trabajo infantil. El fenómeno es más difícil de dimensionar porque los estudios indican una subnotificación, en especial cuando las respuestas provienen de adultos. Una investigación de Equidade.info, vinculada al Lemann Center de la Universidad de Stanford, reveló que en mayo de 2023 cerca del 39,4 por ciento de los estudiantes consultados reconoció combinar la escuela con alguna forma de trabajo.
El IBGE recuerda que no toda actividad realizada por jóvenes se considera trabajo infantil, de acuerdo con la definición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Se trata de labores peligrosas o perjudiciales que afectan el desarrollo físico, mental o social, interfiriendo además en la escolarización. La legislación brasileña prohíbe cualquier actividad hasta los 13 años; entre los 14 y 15 solo permite la figura de aprendiz, y entre los 16 y 17 admite el empleo formal con restricciones a tareas insalubres, peligrosas o nocturnas. En total, un millón novecientos sesenta mil jóvenes realizaron en 2024 algún tipo de actividad económica o de autoconsumo, de los cuales un millón seiscientos cincuenta mil fueron clasificados como en trabajo infantil.

