REPORTE ESPECIAL
BRICS 2025 Y CHINA
GEOPOLÍTICA DEL SUR GLOBAL ANTE LA FRAGMENTACIÓN DEL ORDEN INTERNACIONAL
En un contexto global marcado por la acelerada transformación de las relaciones internacionales, el análisis de la posición y estrategia de China adquiere una relevancia central para comprender cómo se configura el orden mundial del siglo XXI. A medida que la hegemonía estadounidense enfrenta la emergencia del país asiático, se impulsa una transición en la distribución de poder global que redefine las reglas de la gobernanza internacional.
La iniciativa china en el marco de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ampliados (Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Indonesia e Irán) y la promoción de sistemas financieros alternativos, como el Nuevo Banco de Desarrollo y métodos de pago no basados en el dólar, abren cauces reales para la desdolarización parcial de la economía global y la construcción de un “multilateralismo pluriversal”. Esta multipolaridad emergente, no exenta de tensiones internas, también abre espacios diversos para América Latina.
Mientras se multiplican los focos de conflicto (la llamada “guerra mundial por cuotas”) y se agudizan las disputas comerciales, los BRICS aparecen como un contrapunto sistémico. Hoy reúnen cerca de 50% de la población mundial y más del 40% del PIB global. El bloque expande su influencia financiera mediante el Nuevo Banco de Desarrollo, presidido por la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, y la integración de nuevos actores latinoamericanos como Uruguay, Bolivia y Colombia, lo que subraya el peso creciente del sur global en la puja por el futuro del orden internacional.
Mientras se multiplican los focos de conflicto (la llamada “guerra mundial por cuotas”) y se agudizan las disputas comerciales, los BRICS aparecen como un contrapunto sistémico. Hoy reúnen cerca de 50% de la población mundial y más del 40% del PIB global.
LA CUMBRE DE RÍO DE JANEIRO Y LA RECONFIGURACIÓN DEL PODER MUNDIAL
La 17° Cumbre de los BRICS, celebrada los días 6 y 7 de julio de 2025 en Río de Janeiro, agregó un nuevo capítulo a la reconfiguración global. No solo fue la primera con el bloque ampliado a once miembros, sino que transcurrió en un contexto de máxima tensión: creciente rivalidad sinoestadounidense, guerras en Medio Oriente y Ucrania, y presiones de EE.UU. sobre las economías emergentes basada en aranceles y diplomacia coercitiva.
La expansión del grupo y la reciente oficialización de 10 nuevos países asociados (Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Kazajstán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam) refuerzan la dimensión multipolar y desafían la arquitectura del G7. La heterogeneidad interna es manifiesta, coexisten potencias regionales de intereses diversos, modelos de desarrollo disímiles y lineamientos transversales. Esa armonía relativa exige flexibilidad en el bloque, capaz de acoger diferencias y sostener principios mínimos de consenso, desde la no injerencia hasta el respeto a las soberanías y la promoción de mecanismos propios de resolución de controversias.
No obstante, la presión estadounidense se agudiza. A la par de la cumbre, Trump amenazó con un 10% de aranceles adicionales a cualquier país que “se alinee con las políticas antiamericanas de los BRICS”, y endureció las barreras comerciales para Brasil luego del encuentro. La acometida busca contener la influencia china en América Latina.
A la par de la cumbre, Trump amenazó con un 10% de aranceles adicionales a cualquier país que “se alinee con las políticas antiamericanas de los BRICS”, y endureció las barreras comerciales para Brasil luego del encuentro. La acometida busca contener la influencia china en América Latina.
La cumbre estuvo destacada por dos ausencias: Xi Jinping y Vladimir Putin enviaron a sus cancilleres, en un gesto interpretado menos como signo de debilidad, y más bien como estrategia táctica ante la presión internacional y evidencia del desplazamiento de la diplomacia hacia canales menos convencionales.
PRINCIPALES ACUERDOS
Como principales acuerdos de la cumbre se pueden destacar los siguientes:
Nueva arquitectura monetaria y financiera: se enfatizó avanzar hacia una arquitectura financiera multipolar, soberana y descentralizada, con énfasis en la reducción de la dependencia del dólar. Se impulsó el fortalecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) con nuevos miembros y se avanzó en el Acuerdo de Reservas de Contingencia para financiamiento en monedas locales y mecanismos de gestión de riesgos.
Reforma de las instituciones internacionales: se ratificó la necesidad de una reforma integral de la ONU, especialmente del Consejo de Seguridad, para hacerlo más representativo y eficaz. Brasil e India recibieron apoyo para convertirse en miembros permanentes, impulsando una mayor participación de países en desarrollo. Además, se exigió un alto al fuego inmediato en Gaza, reclamando la retirada de las fuerzas israelíes y la liberación de todos los rehenes, al tiempo que se reforzó el respaldo a una solución basada en dos Estados.
Transición energética y justicia climática: bajo el liderazgo de Brasil, se adoptó una “Declaración marco BRICS sobre financiamiento climático” que promueve una transición energética justa y ordenada, aunque sin renunciar al uso de combustibles fósiles. Se reafirmó el compromiso con el Acuerdo de París y la participación activa en la COP30 en la Amazonía brasileña. También se apoyó el Fondo Bosques Tropicales para Siempre.
Gobernanza de la inteligencia artificial y desarrollo digital: se acordó promover una gobernanza digital e inteligencia artificial inclusiva, ética y responsable, con estándares comunes para aprovechar la innovación tecnológica en beneficio del desarrollo sostenible.
Corredor ferroviario bioceánico: uno de los anuncios sobresalientes durante la cumbre fue el compromiso de Brasil y China de iniciar estudios conjuntos para construir un corredor ferroviario bioceánico que conectará el Atlántico con el Pacífico, atravesando Brasil, potencialmente Bolivia, hasta llegar al puerto peruano de Chancay, operado por la empresa china Cosco Shipping Ports. Este tren de aproximadamente tres mil kilómetros integrará las actuales redes ferroviarias brasileñas (FIOL y FICO), atravesará la región amazónica y permitirá articular la producción central del país con el mercado asiático, reduciendo costos logísticos y tiempos de envío respecto al Canal de Panamá. La inversión estimada inicial supera los tres mil 500 millones de dólares, con participación activa del grupo estatal China Railway Economic and Planning Research Institute y la firma Infra S.A. del Ministerio de Transportes brasileño.
Acuerdo bilateral entre Brasil e India: una de las novedades destacadas fue el acuerdo bilateral entre Brasil e India, firmado durante una reunión paralela en Brasilia entre Luiz Inácio Lula da Silva y el primer ministro Narendra Modi. El pacto contempla la cooperación en infraestructura digital pública basada en tecnologías abiertas, la promoción de energías renovables —como los biocombustibles— y una meta de alcanzar un comercio bilateral de 20 mil millones de dólares en cinco años. Además, se acordó estudiar la viabilidad de un acuerdo comercial entre India y el MERCOSUR.
CHINA, TRANSICIÓN HEGEMÓNICA Y DISPUTA SISTÉMICA
La rivalidad EE.UU.-China expresa un tránsito de hegemonía que rebasa lo comercial y abarca factores tecnológicos, militares, energéticos y territoriales. Se ha abierto una pelea estructural en la inteligencia artificial, los microchips, el control sobre minerales estratégicos y el dominio de espacios como el Ártico, la Antártida o el espacio exterior.
Para China, el BRICS ampliado es un vector más en una estrategia multiescalar. En los hechos, su iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda ha redefinido las rutas logísticas y comerciales euroasiáticas, mientras concentra recursos naturales, producción manufacturera e influencia diplomática. América Latina es hoy un teatro central del conflicto, objetivo tanto del Comando Sur estadounidense como de la “diplomacia de inversión” china. La disputa se traslada así a megaproyectos portuarios, bases militares y mercados energéticos del sur global.
América Latina es hoy un teatro central del conflicto, objetivo tanto del Comando Sur estadounidense como de la “diplomacia de inversión” china. La disputa se traslada así a megaproyectos portuarios, bases militares y mercados energéticos del sur global.
El devenir de los BRICS es hoy síntoma y motor de la fragmentación del orden global. Su aspiración a un “multilateralismo pluriversal”, donde confluyan civilizaciones y modelos distintos, implica un viraje respecto al unipolarismo occidental, pero también depende de que el bloque logre superar sus contradicciones internas.
El potencial transformador está en la capacidad para institucionalizar la multipolaridad, construir alternativas al sistema financiero actual y consolidar cadenas de valor y tecnología propias. Pero persisten riesgos de “resistencia ambivalente”: no todo el sur global prioriza el conflicto con Occidente o la subordinación a China. América Latina, en este nuevo tablero, debe decidir si transita el camino de la autonomía o refuerza la posición subalterna.
La cumbre de Río expuso, en suma, tanto los límites como las posibilidades del momento: mientras se redefinen hegemonías, América Latina y el sur global están ante la inédita oportunidad de incidir en la arquitectura del siglo XXI. Convertir esa oportunidad en proyecto requiere más que declaraciones: requiere acción coordinada, imaginación política y una firme apuesta por la soberanía.
En un mundo en transición, los BRICS ya no son solo una excentricidad del sur. Son el síntoma más nítido de que la disputa por el futuro ya no se juega entre unos pocos centros, sino en una trama plural, compleja y profundamente dinámica. El reto, para todos sus actores, será no repetir viejos esquemas de dominación, sino construir un orden verdaderamente inclusivo y plural.




