Cuba cerró el año 2024 con una contracción del 1,1 % en su Producto Interno Bruto (PIB), según cifras oficiales presentadas por el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez ante la apertura de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Este descenso marca el segundo año consecutivo de retroceso económico, profundizando una crisis que ya acumula un lustro de deterioro sostenido. Con una actividad económica que se mantiene un 11 % por debajo de los niveles pre pandemia, el país enfrenta uno de sus peores escenarios desde la década de 1990, cuando el colapso del bloque socialista europeo provocó un desplome similar.
A pesar de los leves repuntes registrados en 2021 y 2022 —con crecimientos del 1,3 % y 1,8 %, respectivamente— la economía cubana no logró consolidar una recuperación. Tras una caída del 1,9 % en 2023 y el nuevo retroceso en 2024, la situación se vuelve crítica. El ministro Alonso reconoció que todos los sectores han sido afectados: la producción primaria cayó un 53 %, la industria manufacturera y azucarera un 23 %, y los servicios un 6 %, reflejo de un colapso estructural en diversas áreas estratégicas.
Entre los factores más relevantes que explican esta contracción, el ministro apuntó al recrudecimiento de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, que han intensificado la persecución de flujos financieros y entorpecido las transacciones internacionales. Lo cual, ha dificultado el acceso a insumos básicos y ha provocado retrasos en pagos a proveedores, limitando aún más la capacidad productiva del país. A estos elementos se suma la falta de energía y combustible, fundamentales para mantener en funcionamiento el sistema eléctrico nacional y garantizar el desarrollo económico.
El año 2024 fue particularmente duro para el sector energético cubano. Tres apagones a nivel nacional y constantes cortes eléctricos han afectado a más del 40 % de la población diariamente, repercutiendo no solo en la producción, sino también en la vida cotidiana de los ciudadanos. Esta precariedad energética se suma a la pérdida de acceso a créditos internacionales y a un elevado endeudamiento externo, que limita las posibilidades de financiamiento para políticas de recuperación y crecimiento.
Además, el país enfrentó en 2024 los embates de fenómenos naturales que agravaron aún más su situación. Dos huracanes y dos terremotos destruyeron más de 46 mil viviendas y afectaron cerca de 40 mil hectáreas de tierras agrícolas, generando pérdidas millonarias. A lo que se suma el siempre presente bloqueo. Según cifras de la ONU, solo en 2023 el bloqueo estadounidense representó pérdidas económicas por más de cinco mil 500 millones de dólares.
De cara al futuro, el panorama no parece alentador. La nueva administración estadounidense, bajo el segundo mandato de Donald Trump, ha reactivado su política de “máxima presión” hacia la isla. El reciente Memorando Presidencial de Seguridad Nacional firmado en junio pasado refuerza las medidas hostiles de Washington, dificultando aún más cualquier intento de recuperación económica. En este contexto, Cuba se encuentra ante una encrucijada: sin acceso a recursos externos, con limitaciones estructurales internas y bajo creciente presión internacional.

