El martes 18 de marzo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Rusia, Vladímir Putin, sostuvieron una conversación telefónica de dos horas centrada en el conflicto de Ucrania. Durante la llamada, ambos líderes acordaron un alto el fuego parcial de 30 días que se enfocaría en detener los ataques a infraestructuras energéticas en Ucrania. Además, pactaron iniciar negociaciones para un posible cese de hostilidades en el mar Negro y coordinar un intercambio de prisioneros programado para el 19 de marzo. Aseguraron que el objetivo es conseguir una “paz permanente”.
Además se trató sobre los conflictos en Medio Oriente, demostrando una posible colaboración entre Rusia y EE UU como países líderes en el manejo del tablero geopolítico de esta región. Para esto hubo acuerdo en “detener la proliferación de armas estratégicas” en una referencia directa a que Irán no avance en sus desarrollos nucleares que podrían amenazar a Israel. De ser así, esto puede representar un cambio de tendencia, ya que Rusia históricamente ha defendido el plan nuclear iraní con objetivos pacíficos entre otros acuerdos recientes.
Nuevamente, se percibe como EE UU y Rusia retoman lazos en lo que por el momento toma la forma de una estrategia win win, en la cual ambos países sacan provecho mutuo frente a una Europa debilitada con Ucrania sin apoyo estadounidense y Medio Oriente convulsionado.

