Ecuador y Canadá firmaron el viernes en Ottawa un Tratado de Libre Comercio integrado por 29 capítulos, con la eliminación de aranceles para el 99,6% de la oferta exportable ecuatoriana y nuevas facilidades para el intercambio de bienes e insumos. Más de 600 productos —entre ellos banano, cacao, camarón, brócoli, espárragos y quinua— accederán libres de gravamen al mercado canadiense, lo que según el Ministerio de Producción permitirá a Ecuador “igualar las condiciones preferenciales que ya gozan competidores regionales como Colombia y Perú”. El acuerdo abre además nuevas oportunidades para flores, chocolates, atún en conserva, textiles, cerámicas, muebles, autopartes y calzado.
Para que el tratado entre en vigor, debe todavía ser aprobado por la Asamblea y por la Corte Constitucional, un trámite que ya despierta resistencia de organizaciones sociales e indígenas. El dirigente Lauro Sigcha, presidente de la Federación de Organizaciones Indígenas de Azuay, adelantó movilizaciones hacia la Corte Constitucional y advirtió que el TLC podría facilitar que empresas mineras canadienses se beneficien de los recursos locales, mientras el gremio insistió en que “Ecuador tiene que hacer respetar sus bienes, su territorio y sus recursos”. El pacto, de todas formas, resguarda con mecanismos de protección a 227 productos agrícolas considerados sensibles —arroz, maíz, leche, carnes y azúcar— y mantiene vigente la prohibición de importar ropa usada. A cambio, Ecuador abrirá su mercado a bienes canadienses como trigo, celulares, productos farmacéuticos, drones, fertilizantes y vehículos de carga.
Canadá, con cerca de 40 millones de consumidores y un PIB per cápita cercano a los 53 mil dólares, se convierte así en el noveno mercado para las exportaciones no petroleras ecuatorianas: en 2025 esas ventas alcanzaron los 563 millones de dólares —un salto del 91% frente a 2024— frente a importaciones por 478 millones de dólares, con un saldo bilateral favorable de 85 millones de dólares para Ecuador. El acuerdo se suma a otros tratados comerciales recientes del país, entre ellos el de comercio recíproco firmado con Estados Unidos en marzo, y los ya vigentes con China, Costa Rica, Chile y la Unión Europea.
En paralelo, el comercio con Colombia mostró señales de recomposición tras meses de tensión bilateral. El Gobierno ecuatoriano anunció la exportación de 30 mil toneladas métricas de arroz hacia el mercado colombiano a través del puente de Rumichaca, después de meses de cierre del paso terrestre, vigente desde febrero por la guerra comercial entre ambos países —con aranceles que escalaron del 30% al 100% antes de ser eliminados en junio por intervención de la Comunidad Andina de Naciones—. El presidente de la Corporación de Industriales Arroceros del Ecuador, Juan Pablo Zúñiga, precisó que entre el 90% y el 95% de ese comercio se realiza por vía terrestre, por lo que las exportaciones habían quedado prácticamente nulas durante el cierre.
La normalización se extendió también al sector energético: el Ministerio de Minas y Energía de Colombia reabrió la comercialización de electricidad con Ecuador, país que recibe entre el 8% y el 10% de su consumo eléctrico desde territorio colombiano. El ministro Edwin Palma justificó la decisión en el riesgo de desabastecimiento por el fenómeno de El Niño y sostuvo que “la energía no puede ser rehén de las diferencias políticas”. Según datos de XM, las exportaciones habían alcanzado 124,69 GWh en enero antes de ser suspendidas el 22 de ese mes, interrupción que obligó a Ecuador a asumir sobrecostos cercanos a los 2 millones de dólares diarios por el uso de generación térmica más cara.

