El presidente de transición de Haití, Laurent Saint-Cyr, solicitó el jueves 25 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU el respaldo internacional para una nueva iniciativa de seguridad. La propuesta, impulsada por Estados Unidos y Panamá a principios de septiembre, busca transformar la actual Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) en una Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) —una fuerza integrada por 5 mil 550 efectivos con facultades para detener a miembros de pandillas en Haití—.
Saint-Cyr apeló directamente al Consejo de Seguridad de la ONU, al que pidió aprobar una resolución que dé origen a esta nueva fuerza. “Pedimos la solidaridad de toda la comunidad internacional (…) para votar a favor de la resolución que establece una fuerza para reprimir a las pandillas”, señaló. Subrayó además que la GSF deberá contar con recursos materiales, logísticos y financieros suficientes para garantizar resultados concretos en un contexto que describió como una “guerra” entre criminales organizados y una población indefensa.
“Cada minuto perdido se traduce en vidas humanas perdidas”, dijo, al tiempo que reclamó una respuesta contundente, coordinada e inmediata. También agradeció públicamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por el apoyo en recursos y asistencia, y al gobierno de Panamá por su papel en la promoción de la propuesta.
La actual misión, liderada por Kenia y respaldada por la ONU desde hace 15 meses, expira el próximo 2 de octubre. Su despliegue ha sido limitado: apenas ha alcanzado un 40% de los efectivos previstos (alrededor de mil de los dos mil 500 comprometidos), según reconoció el presidente keniano William Ruto.
Organismos internacionales estiman que las pandillas controlan gran parte de Puerto Príncipe y zonas aledañas, provocando el desplazamiento de 1,3 millones de personas y agravando la crisis de hambre. Estas organizaciones armadas bloquean carreteras, extorsionan comunidades y reclutan menores, lo que ha generado una crisis humanitaria de gran magnitud.
El debate se concentra ahora en el Consejo de Seguridad, donde una resolución necesitará al menos nueve votos de los 15 miembros y ningún veto de las potencias con derecho de bloqueo: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China o Rusia. Mientras tanto, algunos países, como China, han expresado reservas sobre una misión más amplia. En caso de ser aprobada, la misión seguiría dependiendo de contribuciones voluntarias, aunque con mayor autonomía operativa.
Saint-Cyr pidió que la crisis haitiana no sea usada como pretexto para disputas geopolíticas. “Cada día de indecisión beneficia a los grupos criminales. La urgencia exige que superemos las divisiones y actuemos juntos, al servicio de los valores que nos unen: la paz y la dignidad humanas”, afirmó. También planteó la posibilidad de acoger una reunión de alto nivel en Haití para avanzar hacia la pacificación y un futuro basado en justicia, educación, salud y oportunidades económicas.
Lectura recomendada:
«Poner fin a la crisis de gobernanza criminal de Haití» en Americas Quarterly.

