El inicio del Mundial 2026 en territorio estadounidense —el viernes 12 de junio, con partidos en once ciudades— estuvo rodeado de una serie de episodios que convirtieron la logística del torneo en un eco de las tensiones políticas del país. El problema más resonante fue el de los controles migratorios en los aeropuertos: el delantero de Irak, Aymen Hussein, fue detenido varias horas al llegar al aeropuerto O’Hare de Chicago y su teléfono fue revisado por agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). El fotógrafo del equipo, Talal Salah, fue retenido por más de diez horas y finalmente se le negó el ingreso al país. El Washington Post reportó además la detención de un árbitro somalí, Omar Abdulkadir Artan. Las autoridades calificaron los episodios como parte del control de rutina; los organismos deportivos de Irak y Somalia reclamaron explicaciones.
En paralelo, unos dos mil trabajadores de gastronomía y hospitalidad del estadio de Los Ángeles —rebautizado como Los Angeles Stadium para el torneo— votaron el 6 de junio con 96% de adhesión autorizar una huelga, en un conflicto que amenazó con dejar sin servicio de alimentos los partidos de la sede tres días antes del debut del equipo local. El sindicato UNITE HERE Local 11 exigió aumentos salariales, protección contra la automatización y, especialmente, que la FIFA garantizara la exclusión de ICE de cualquier rol en el operativo de seguridad del estadio, ante el temor de que los datos personales de los trabajadores pudieran ser compartidos con las autoridades migratorias. Un acuerdo provisorio alcanzado el martes 9 de junio evitó la huelga horas antes de la fecha límite.

