El miércoles 9 de abril, una masiva movilización encabezada por la Central General del Trabajo (CGT) y las dos CTA (Central de Trabajadores de la Argentina) marcó el inicio de una jornada de protesta contra las políticas económicas del gobierno libertario de Javier Milei. La concentración, que tuvo lugar en la Plaza de los Dos Congresos, estuvo acompañada por fuerzas políticas y sociales, con un fuerte respaldo a los jubilados y pensionados. Este acto se presentó como un preludio al paro general convocado para el día siguiente, en rechazo al ajuste económico, despidos y el freno a las negociaciones paritarias.
El jueves 10 de abril se llevó a cabo el tercer paro general contra el gobierno, calificado por la CGT como un «éxito rotundo». La medida afectó sectores estratégicos como la actividad bancaria, la administración pública, estaciones de servicio, transporte marítimo y aéreo, puertos y trenes. Además, se destacó la paralización total de Vaca Muerta, uno de los principales emprendimientos productivos del país. Sin embargo, la circulación de colectivos liderada por la Unión Tranviarios Automotor (UTA) generó una imagen de menor intensidad del paro, lo que fue aprovechado por el gobierno para deslegitimar la huelga.
La decisión de la UTA de no adherir al paro generó tensiones dentro de la CGT. Aunque algunas regionales provinciales sí se sumaron a la medida, la conducción nacional del gremio enfrentó críticas por su postura. Durante la conferencia de prensa en el Salón Felipe Vallese, Héctor Daer expresó su descontento con esta defección y dejó abierta la posibilidad de sanciones internas contra el sindicato. Según los estatutos cegetistas, podría aplicarse desde una amonestación hasta una eventual expulsión.
Desde la Casa Rosada, las autoridades deslegitimaron el paro calificándolo como un intento de desestabilización política. A pesar de esto, los dirigentes sindicales insistieron en que las medidas económicas actuales profundizan la desigualdad social y afectan gravemente a los sectores más vulnerables. Héctor Daer advirtió sobre el impacto negativo del acuerdo inminente con el Fondo Monetario Internacional y anticipó que las acciones sindicales podrían intensificarse si no hay cambios en las políticas gubernamentales.
La contundencia del paro y la movilización reflejan un cambio en el humor social frente a las políticas económicas del gobierno. Hugo Yasky (CTA de los Trabajadores) y Hugo Godoy (CTA Autónoma) señalaron que estas protestas demuestran un rechazo masivo al ajuste y anticiparon nuevas medidas si no se modifica el rumbo político. Mientras tanto, la CGT ya prepara una nueva movilización para el 1º de mayo y evalúa posibles acciones directas en respuesta a las reformas laborales que impulsa el oficialismo.

