REPORTE ESPECIAL

Elecciones en Argentina: batacazo peronista y derrota libertaria

La victoria contundente del peronismo el pasado domingo 7 de septiembre en las elecciones de la Provincia de Buenos Aires que concentra el 40 por ciento de la población nacionalcambia el mapa político de Argentina. En una contienda planteada por el presidente Javier Milei como un plebiscito de su gestión y por el gobernador Axel Kicillof como una oportunidad para ponerle un freno a los libertarios y construir otro camino para el país, el pueblo bonaerense emitió su veredicto: victoria del campo nacional y popular por más de 13 puntos. La jornada electoral se dio en medio de una crisis política del gobierno nacional por escándalos de corrupción y la caída de las expectativas en torno a la economía, por un lado, y la definición del liderazgo opositor de cara al futuro, por otro. El gobernador Kicillof emerge del proceso como el principal dirigente peronista con proyección nacional y capacidad de ampliar sus alianzas y bases de apoyo rumbo a las elecciones presidenciales de 2027.

Ilustración: Traza Continental

El domingo 7 de septiembre tuvieron lugar las elecciones de medio término, de carácter provincial, en la demarcación más importante en términos demográficos, económicos y políticos de Argentina. En efecto, la provincia de Buenos Aires concentra casi el 40 por ciento del padrón electoral del país y es responsable de más de un tercio de su Producto Interno Bruto y de sus exportaciones totales.

Tradicional bastión del peronismo, la provincia es gobernada desde 2019 por Axel Kicillof, quien fuera ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner y luego diputado nacional. El gobernador peronista promedia su segundo mandato, luego de haberlo revalidado en las urnas por un amplio margen en 2023 (casi 20 puntos de ventaja sobre el segundo lugar).

El resultado del domingo sorprendió a todos: a propios y extraños. Fue un auténtico batacazo y un balde de agua fría para el gobierno de Milei y una esperanza para un peronismo que venía acumulando tensiones internas y derrotas. Si bien se esperaba una ventaja favorable al oficialismo provincial, nadie previó la magnitud de la diferencia que acabaría dando a Fuerza Patria el 47,3 por ciento de los votos frente al 33,7 por ciento obtenido por La Libertad Avanza, coalición que no sólo aglutinó a los libertarios sino también al PRO, el partido de Mauricio Macri, que quedó entre absorbido y desdibujado por el mileísmo.

…nadie previó la magnitud de la diferencia que acabaría dando a Fuerza Patria el 47,3 por ciento de los votos frente al 33,7 por ciento obtenido por La Libertad Avanza, coalición que no sólo aglutinó a los libertarios sino también al PRO…

Para el peronismo, el resultado del domingo es histórico: su mejor performance en elecciones de medio término en dos décadas. Desde 2005, cuando gobernaba el país Néstor Kirchner, no se obtenían resultados tan favorables en la provincia.

El 7/9 EN PERSPECTIVA HISTÓRICA. RESULTADOS GENERALES, SECCIONES Y DISTRITOS

De las ocho circunscripciones electorales en que se divide la provincia de Buenos Aires, Fuerza Patria se impuso en seis. En su estratégico bastión, la Tercera Sección Electoral, con más de cinco millones de electores que representan el 35,5 por ciento del padrón provincial, el peronismo se alzó con una victoria de más de 25 puntos de diferencia (54 por ciento frente a 28,4), una brecha superior a la que se esperaba. Es en esta circunscripción electoral donde Cristina Fernández de Kirchner había decidido competir como cabeza de lista para estas elecciones, en una jugada presentada en su momento como una bajada heroica de la expresidenta a la arena provincial, justificada por la necesidad de garantizar una victoria contundente, pero que contenía evidentes motivaciones vinculadas con su enconada disputa con los sectores que impulsaban el liderazgo del gobernador Kicillof. Cuando la condena judicial se interpuso en el camino, impidiendo que Fernández asumiera ese lugar en la campaña, hubo un “operativo clamor” impulsado por referentes del kirchnerismo, particularmente las figuras más prominentes de La Cámpora, la organización que lidera su hijo, Máximo Kirchner, para que éste ocupara ese lugar y de ese modo apuntalar sus perspectivas como heredero político.

Sin mayores ecos fuera de dicho segmento, con encuestas que le asignan una elevada imagen negativa y, posiblemente, considerando un escenario electoral adverso, Máximo Kirchner desistió de asumir ese rol. Fue Verónica Magario, la vicegobernadora de la provincia, la que acabó encabezando la lista de la circunscripción, fortaleciendo de este modo la posición de Kicillof en el escenario político y electoral en el bastión más importante del peronismo.

Fue Verónica Magario, la vicegobernadora de la provincia, la que acabó encabezando la lista de la circunscripción, fortaleciendo de este modo la posición de Kicillof en el escenario político y electoral en el bastión más importante del peronismo.

En la Primera Sección Electoral, la segunda circunscripción en términos de peso demográfico, que cuenta con más de 4 millones 700 mil electores, y en la que se esperaba un resultado reñido, también se impuso el peronismo por un amplio margen de 10 puntos. En este caso –con el ministro de Infraestructura y Servicios Públicos, Gabriel Katopodis, otro cuadro leal a Kicillof, encabezando la lista– Fuerza Patria obtuvo el 47,4 por ciento de los votos frente al 36,8 de La Libertad Avanza.

Además de triunfar en estas dos circunscripciones estratégicas, el peronismo se alzó con la victoria en otras cuatro secciones electorales, de mucho menor peso poblacional, pero aun así importantes para definir el desempeño general de Fuerza Patria en estos comicios y la composición del Congreso provincial, en la que se jugaba la renovación parcial de ambas cámaras, donde ahora la gobernabilidad de Kicillof queda fortalecida, con mayoría y quórum propio en el Senado y una robustecida primera minoría en Diputados.

En tres de esas circunscripciones electorales, la Segunda, la Cuarta y la Séptima, el peronismo no ganaba una elección legislativa desde hacía veinte años. El dato es significativo, pues se trata de distritos del noroeste y centro de la provincia de Buenos Aires que abarcan la llamada zona núcleo agropecuaria, históricamente hostiles al peronismo. La prensa registró la novedad y puso el foco en lo que se conoce como el interior rural bonaerense, golpeado por la política económica del gobierno nacional.

En tres de esas circunscripciones electorales, la Segunda, la Cuarta y la Séptima, el peronismo no ganaba una elección legislativa desde hacía veinte años.

El peronismo también dio un batacazo en la Cuarta Sección Electoral, un territorio con un padrón de poco más de 540 mil electores, que incluye 19 municipios rurales y donde acumulaba derrotas por amplio margen: en 2021 por 16 puntos, en 2017 por 25. Esta vez, se desquitó y obtuvo una victoria por casi 10 puntos: 40,2 por ciento contra 30,3 del oficialismo nacional.

En la Segunda sección, con un padrón de casi 650 mil electores, Fuerza Patria obtuvo una diferencia de poco más de 5 puntos, con un 35,4 por ciento de los votos frente al 29,8 de La Libertad Avanza; logrando también alzarse con la victoria en la Séptima, una circunscripción de poco más de 280 mil electores con 38,2 por ciento frente a 32,8 de La Libertad Avanza; y en la Octava, correspondiente a La Plata, capital provincial con un padrón de poco más de 640 mil electores, con una ventaja de casi diez puntos con el 44, 1 por ciento de los votos frente al 36,5 de los libertarios.

Mientras tanto, La Libertad Avanza apenas logró imponerse en solo dos circunscripciones, también incomparables desde el punto de vista demográfico con las dos primeras mencionadas, y por cifras entre los 4 y 8 puntos de diferencia: en la Quinta, que cuenta con un padrón de más de un millón 300 mil electores, La Libertad Avanza, con el intendente de la ciudad de Mar del Plata a la cabeza, obtuvo el 42 por ciento de los votos frente al 37,4 de Fuerza Patria; y en la Sexta, con poco más de 670 mil electores, la alianza libertaria se impuso con el 41,7 por ciento frente al 34,1 obtenido por el peronismo.

Un dato clave de estas elecciones, como veremos más adelante, fue el papel decisivo que asumieron los intendentes municipales (alcaldes) al frente de la campaña en cada uno de sus distritos: del total de 135 municipios que conforman la provincia de Buenos Aires, el peronismo obtuvo la victoria en 100, es decir, en tres cuartas partes, aunque todavía resta ver los conteos finales para saber si ese número se mantiene o aumenta.

Del total de 135 municipios que conforman la provincia de Buenos Aires, el peronismo obtuvo la victoria en 100, es decir, en tres cuartas partes.

Si observamos la historia reciente de las elecciones legislativas de medio término en la provincia de Buenos Aires, podemos observar un aumento significativo de los porcentajes de ausentismo y el voto en blanco: 21,12 (2017) y 27,67 (2021) a 39,01 (2025) para el primero; y de 2,77 por ciento (2017) y 2,09 (2021) a 4,79 (2025) para el segundo. 

Otro dado revelador es que para estas elecciones había más de un millón 600 mil nuevos votantes. El peronismo incrementó su votación en términos absolutos respecto de 2021 en poco más de 375 mil votos, mientras que la derecha referenciada en el mileísmo y el macrismo perdió casi un millón y medio de votos.

Si consideramos el total de votos obtenidos por el peronismo en las tres últimas legislativas de medio término en la provincia de Buenos Aires y lo contrastamos con el universo de personas habilitadas para votar, podemos concluir que su caudal electoral se ha conservado, consolidando un voto duro peronista en la provincia: 27,61 por ciento en 2017, 27,11 en 2021 y 26,57 en 2025.

Podemos concluir que su caudal electoral se ha conservado, consolidando un voto duro peronista en la provincia: 27,61 por ciento en 2017, 27,11 en 2021 y 26,57 en 2025.

Por el lado de los votos del conjunto del espacio de derecha, sumados La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio, también considerando los mismos procesos electorales, observamos una caída drástica. Haciendo el mismo ejercicio de considerar el caudal de votos recibidos en contraste con el universo de electores habilitados para votar, constatamos que se pasa de 32,08 y 33,22 por ciento en 2017 y 2021 respectivamente, al 18.95 que reflejan los resultados del 7 de septiembre; lo que podría explicarse por la absorción del PRO por parte de La Libertad Avanza y la ausencia de un espacio no mileísta atractivo y competitivo para el electorado no peronista o antiperonista.

Como señalábamos al comienzo, se trata de la mejor elección de medio término en la provincia de Buenos Aires en veinte años para el peronismo. Hay que remontarse a 2005, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, para encontrar una cifra comparable, pero aún así bastante menor: 41,7 por ciento. En 2009, tras la crisis política derivada de su enfrentamiento con las entidades patronales agrarias, ya bajo la presidencia de Cristina Fernández, su porcentaje se redujo a un valor cercano al 33 por ciento y se mantuvo en valores similares en las siguientes, hasta remontar a alrededor del 39 por ciento en 2021. Que en estas elecciones se haya obtenido casi el 50 por ciento de la votación en condiciones económicas, sociales y políticas totalmente adversas, es muestra de que el peronismo es todavía una fuerza viva capaz de recomponerse rápidamente de sus derrotas.

LOS ERRORES DEL GOBIERNO Y LOS ACIERTOS DEL PERONISMO

¿Cómo se explica este resultado electoral que no estaba en los cálculos de nadie? Por estas horas, mientras el peronismo celebra y la derecha libertaria aún no sale del marasmo, se ensayan algunas respuestas.

Si comparamos los resultados de las tres últimas elecciones de medio término en cuanto al nivel de participación (61 por ciento en las del domingo pasado, por primera vez en la historia exclusivamente provinciales; 70,2 por ciento en 2021 y 78 por ciento en 2017, en ambos casos concurrentes con las nacionales) vemos un aumento significativo del ausentismo, algo que se preveía de un orden superior al que finalmente se registró, y que terminó resultando más bajo que el de las elecciones constituyentes de la provincia de Santa Fe y las legislativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ocurridas en los meses de abril y mayo de este año, respectivamente.

Hay quienes ven en esa deserción de los comicios una clave para entender el derrumbe mileísta: votantes decepcionados, voto blando desafectado y electores tradicionalmente orientados al antiperonismo pero renuentes a votar a un gobierno replegado discursiva, gestual y estéticamente en su núcleo duro, a la vez que seriamente golpeado tras los recientes escándalos de corrupción y la exposición mediática de su crisis interna.

Hay quienes ven en esa deserción de los comicios una clave para entender el derrumbe mileísta: votantes decepcionados, voto blando desafectado y electores tradicionalmente orientados al antiperonismo pero renuentes a votar a un gobierno replegado.

Parece indudable que los efectos de la difusión de los audios del titular de la Agencia Nacional de Discapacidad mencionando sobornos del 3 por ciento para la “Primera Hermana” presidencial, Karina Milei, a los que se sumaron luego nuevas denuncias de corrupción, golpearon severamente la imagen del gobierno. Hay que tener en cuenta que su impacto resultó potenciado por el hecho de que la corrupción de los Milei toca a un sector extremadamente sensible como son las personas con discapacidad, en un contexto de recortes fiscales hacia otros sectores vulnerables como el de los jubilados.

Las revelaciones sobre la red de corrupción que encabezaría la propia hermana del presidente, y que salpican a otros altos funcionarios, ante las cuales el gobierno no supo reaccionar, ocuparon el centro de la atención pública las dos semanas previas al acto electoral, mientras la contracción de la actividad económica y el empeoramiento de las expectativas, unidos al creciente rechazo social y político a la violencia de la motosierra (como el gobierno nacional ha denominado a su programa de ajuste), con un papel creciente del Congreso en la disputa en torno a estos temas y una sucesión de derrotas legislativas por parte del mileísmo, presagiaban un agravamiento de la crisis interna en la que este parecía sumido.

En este escenario, de por sí difícil, la campaña libertaria, que curiosamente se había planteado como un plebiscito de la gestión del gobierno de Milei, en un territorio en el que La Libertad Avanza ni siquiera en su momento más alto (el balotaje de 2023) pudo ganarle al peronismo, persistió en su estrategia de nacionalización de los comicios. ¿Por qué Milei empujó la nacionalización de una elección a la que, considerando los pronósticos, bien podría haber menospreciado como “provincial” o “distrital”, en la que no estaba en juego su gobierno? ¿Por qué la presentó como un plebiscito de su política, justo en el peor momento de su gestión? Seguramente porque hace unos meses, cuando se definió el enfoque de la contienda, sus pronósticos eran otros. Todavía no había llegado este “peor momento”, había salido relativamente airoso del Caso Libra, la promocionada estafa con criptomonedas, y conservaba altos niveles de aprobación, especialmente teniendo en cuenta la agresividad de su ajuste.

Otros eran, también, los pronósticos que se aventuraban dentro del peronismo, en los que el pesimismo alternaba con la moderada expectativa de imponerse por un margen exiguo o no tan exiguo, pero nunca con la contundencia que finalmente resultó. Quizás esto explique por qué decidieron correrse a un costado y no encabezar listas figuras como Máximo Kirchner y el ex candidato presidencial Sergio Massa: para evitar asociar sus nombres a un resultado que veían con desconfianza e incertidumbre. La imagen del domingo a la noche, con un presidente derrotado luego de haber asegurado que iba a barrer al peronismo y pintar la provincia de violeta (el color de La Libertad Avanza) y un gobernador provincial victorioso en el foco de la atención mediática, se proyectó a todo el país y el mundo, señalando para el gobierno libertario su hora más difícil.

La imagen del domingo a la noche, con un presidente derrotado (…) y un gobernador provincial victorioso en el foco de la atención mediática, se proyectó a todo el país y el mundo, señalando para el gobierno libertario su hora más difícil.

El empeño por mantener la unidad dentro del peronismo y el éxito alcanzado en esta tarea, pese a tensiones internas que por momentos parecían rozar límites críticos, resultaron un primer elemento decisivo sin el cual la escena del domingo a la noche habría sido completamente diferente. En ese sentido, pocos días antes de los comicios, en un acto de campaña, el gobernador destacó “la generosidad, la comprensión de la etapa” y, especialmente, el papel de Sergio Massa como “uno de los más importantes artífices de la unidad que se expresa en la boleta de Fuerza Patria”. A diferencia de otros escenarios como el boliviano, las fuerzas progresistas argentinas lograron mantener la unidad y resultaron victoriosas.

Un segundo factor clave de esta rotunda victoria electoral es el rol que asumieron los intendentes municipales del peronismo provincial, otros grandes ganadores de la jornada, que se colocaron al frente de la campaña en sus distritos con el fin de asegurar la composición de sus concejos deliberantes y traccionar votos de las listas seccionales a la Legislatura provincial. Hay que considerar que estos ya venían desplegado un protagonismo importante en las definiciones del peronismo bonaerense, desde que en marzo de este año 44 de ellos firmaran un documento solicitando el desdoblamiento de las elecciones, y alineándose de ese modo en la puja interna con la postura impulsada por el gobernador Kicillof.

Podríamos agregar un tercer elemento al conjunto de aciertos de la campaña que, liderada por el gobernador, culmina con un sorprendente reposicionamiento del peronismo que vuelve a ser visto como alternativa de poder: el haber logrado constituirse en una clara contracara de la derecha gobernante, a partir de una gestión de gobierno en el principal estado provincial que se postula como “escudo y red” frente un “Estado nacional desertor”, en momentos en los que los efectos sociales de la motosierra se unen al colapso espectacular de un gobierno nacional y lo insostenible de su programa económico. Frente a la estrategia mileísta el peronismo respondió con un mensaje de defensa del rol del Estado, la obra pública, el cuidado de los débiles y víctimas de la motosierra y la protección de los sectores productivos. Es decir, un modelo de gobierno que se coloca en las antípodas del neoliberalismo.

…el peronismo respondió con un mensaje de defensa del rol del Estado, la obra pública, el cuidado de los débiles y víctimas de la motosierra y la protección de los sectores productivos. Es decir, un modelo de gobierno que se coloca en las antípodas del neoliberalismo.

LAS REACCIONES NACIONALES E INTERNACIONALES

El escenario del domingo 7 de septiembre estuvo cargado de consecuencias para la política nacional. Máximo Kirchner (también presidente del Partido Justicialista en la provincia de Buenos Aires) recibió los resultados junto a su madre, en el departamento donde esta cumple su prisión domiciliaria. Conocidos los resultados, Cristina se asomó al balcón a saludar a sus simpatizantes y dirigió un mensaje vía X al presidente, empleando un tono burlón y lenguaje coloquial, no en los términos de una victoria propia sino de una derrota del gobierno, en el que concluía: “Salí de la burbuja, hermano… que se está poniendo heavy. Saludos cordiales desde San José 1111”, en referencia al departamento donde cumple la condena.

Pasadas las 10 de la noche, flanqueado por su hermana Karina y el cuestionado asesor Santiago Caputo, retornado a la centralidad del poder, en un breve discurso, el presidente Milei reconoció la derrota: “Hoy los resultados no han sido positivos, hemos tenido un revés electoral y hay que aceptarlo”. Acto seguido, buscando contrarrestar la imagen de debilidad hacia la sociedad pero sobre todo hacia los mercados, aseguró que “el rumbo por el cual fuimos elegidos en el año 2023 no se va a modificar, sino que se va a redoblar”. 

Mientras tanto, en la ciudad de La Plata, en el búnker a cielo abierto de Fuerza Patria, en medio de cánticos que reclamaban la conducción del peronismo para Axel Kicillof, todo se disponía para escuchar al gran vencedor de la jornada. Pero antes, se escuchó el audio enviado por Cristina Fernández de Kirchner, en el que pronunció el nombre del gobernador entre otros dirigentes a los que agradeció, evitando destacarlo particularmente.

Pasadas las 10 y media de la noche, rodeado por las principales figuras del peronismo bonaerense, entre ellas el excandidato presidencial Sergio Massa, habló el gobernador, que comenzó destacando el logro de la unidad del peronismo que permitió “una victoria aplastante” y agradeciendo a quienes lo hicieron posible, comenzando por Sergio Massa y Cristina Fernández de Kirchner, “injustamente condenada, que debería estar en este escenario”. 

Luego, subrayó el logro obtenido “contra todos los pronósticos” y a pesar de “los agoreros de siempre” y destacó el contraste entre el modelo “extravagante y bizarro” del gobierno nacional y su gestión al frente de la provincia de Buenos Aires, que “se gobierna desde una concepción distinta”.

…destacó el contraste entre el modelo “extravagante y bizarro” del gobierno nacional y su gestión al frente de la provincia de Buenos Aires, que “se gobierna desde una concepción distinta”.

En lo que puede leerse como una reivindicación de su rol como conductor político del peronismo provincial, y en el contexto de una fuerza política que viene acumulando hace años derrotas a nivel nacional, el gobernador hizo un recuento de las sucesivas elecciones que el peronismo ha ganado en la jurisdicción provincial bajo su mando.

En un tramo de su discurso, Axel Kicillof hizo una referencia autocrítica al último gobierno peronista, el de Alberto Fernández, y destacó la necesidad de ampliar el frente político:

“Venimos de una enorme decepción a nivel nacional de nuestro propio gobierno, ganamos pero ganamos sumando fuerzas y vamos a seguir sumando fuerzas, en el peronismo y afuera del peronismo”.

En el cierre de su discurso, el gobernador dejó clara su vocación de conducir el peronismo de cara a 2027: “Queda confirmado en Argentina que hay otro camino. Y hoy empezamos a recorrerlo”. Y concluyó exclamando: “¡Democracia, paz y peronismo!”.

“Queda confirmado en Argentina que hay otro camino. Y hoy empezamos a recorrerlo”.

El balance entre el búnker y el balcón, con Kicillof doblegando a Milei, abre un nuevo escenario, fortalece la perspectiva de una renovación del peronismo y representa un nuevo mapa político para el presente y el futuro de Argentina. Un nuevo mapa del que parece dar cuenta la reacción de gobernadores como el tucumano Juan Manzur, hasta hace poco colaborativo con el gobierno de Milei, que destacó que se trata de un “freno a la política de ajuste del gobierno nacional” que “nos compromete a seguir trabajando por la unidad de nuestro movimiento en todo el país”.

Otro rasgo que sobresale tras el punto de inflexión que representaron los comicios del domingo 7 de septiembre es la proyección internacional de la derrota de la derecha libertaria y la victoria peronista. Si Javier Milei había logrado convertirse en una figura mundialmente conocida debido a la singularidad de su irrupción en la escena política, a su sobreactuado y unilateral alineamiento a la derecha internacional y a la extravagancia de su personalidad, su derrota abrumadora en el principal distrito del mapa político y electoral de la Argentina supone también una trascendencia de su derrumbe que traspasa las fronteras nacionales, un asunto no menor considerando la dependencia de su gobierno con respecto al respaldo externo. 

Para el peronismo, el resultado del 7 de septiembre también se internacionalizó. Después de la victoria, Axel Kicillof recibió el llamado de los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Yamandú Orsi de Uruguay y de Gabriel Boric de Chile. La elección también mereció las felicitaciones de parte de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y de Gustavo Petro, presidente de Colombia. Esto pone de relieve, por contraste con los incidentes y destratos que ha protagonizado el presidente argentino con muchos mandatarios, la seriedad y el nivel de relación que une a los principales jefes de Estado de la región con el gobernador bonaerense, al que comienzan a ver como una clara opción de que un proyecto con vocación popular pueda volver a Casa Rosada.

Axel Kicillof recibió el llamado de los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Yamandú Orsi de Uruguay y de Gabriel Boric de Chile. La elección también mereció las felicitaciones de parte de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y de Gustavo Petro, presidente de Colombia.

UNA POSIBILIDAD DE FUTURO

No fue fácil el camino de Kicillof para afirmar su autoridad en el peronismo bonaerense y nacional. Su estrategia de desdoblar los comicios legislativos provinciales de los nacionales fue resistida hasta último momento por varios sectores del peronismo, incluidos la expresidenta Cristina Fernández y su hijo, que la consideraban un repliegue defensivo y estrecho a la jurisdicción provincial, guiada por “egos” e “intereses personales” que iban en detrimento del conjunto, además de un pasaporte a la derrota. Para el sector alineado con La Cámpora, lo que hacía falta era todo lo contrario: enfrentar al gobierno de Milei en el plano nacional, nacionalizar la campaña en todos los distritos. Lo que tenía una traducción clara para cualquier entendido: bajo el mando de Cristina Fernández de Kirchner.

Lo que era obvio para cualquier observador es que esta elección no se trataba simplemente de una discusión sobre estrategia electoral, sino que lo que subyacía era una disputa por el liderazgo del peronismo en el plano nacional. Por un lado, Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta entre 2007 y 2015 y figura central del peronismo, pero también protagonista de un liderazgo menguante, cuya conducción ha estado marcada por una serie de derrotas sin precedentes para su movimiento político desde hace diez años, con excepción de la victoria pírrica de 2019. Por el otro, su más destacado hijo político: Axel Kicillof, que no deja de reivindicar a su mentora al tiempo que afirma su derecho a disputar la conducción del peronismo para los tiempos que vienen y volver a construir una mayoría social que le devuelva a Argentina su lugar de dignidad en el mundo.

La paradoja de esta elección es que su “provincialización”, que implicó poner el foco de campaña en la gestión provincial y en la figura de Kicillof como gobernador, en clave de contrapunto con el gobierno nacional, junto con el ímpetu mileísta por “nacionalizarla”, acabó por otorgarle un relieve nacional e internacional que representa la derrota política más importante para el gobierno libertario y un cambio de perspectivas y de correlación de fuerzas para el peronismo en su conjunto. 

La paradoja de esta elección es que su “provincialización” (…) acabó por otorgarle un relieve nacional e internacional que representa la derrota política más importante para el gobierno libertario y un cambio de perspectivas y de correlación de fuerzas para el peronismo en su conjunto. 

La estrategia del desdoblamiento electoral no sólo se demostró acertada superando con holgura todos los pronósticos, sino que le permitió a Axel Kicillof exhibir una gestión del liderazgo distinta, asentada no en la imposición o el sometimiento de los aliados, sino en una construcción política de otra naturaleza, más horizontal, dialogante y colaborativa. Más allá de su legitimidad originada en el voto popular en dos ocasiones, Axel Kicillof tuvo que construir su autoridad al interior de un peronismo en crisis y habituado a un estilo de liderazgo más vertical y rígido. El modo en que se convirtió en articulador político del conjunto, con los jefes municipales del peronismo jugando un rol decisivo en la campaña, que les dio amplia visibilidad y protagonismo, da prueba de ello.

Durante meses Kicillof apeló a los recursos propios de un liderazgo en construcción, emergente, más abierto y en ascenso: la persuasión, la negociación y la búsqueda de consensos; sin duda un tipo de quehacer más democrático y más dispuesto a sumar, cuya legitimidad se construye en el presente, en contraste con las formas cristalizadas de otros liderazgos ya constituidos, cuya fuente de legitimidad está cada vez más en su pasado. El surgimiento de este liderazgo no solamente es buena noticia para la Argentina, sino para un continente donde los modelos de gestión cesaristas de la política son cada vez más rechazados y menos efectivos electoralmente.

Tras el batacazo del 7 de septiembre, el gobernador bonaerense emerge como el principal líder de la oposición nacional al gobierno de Javier Milei, con un peso propio revalidado en el territorio provincial, fortalecido en la cartografía política del peronismo a nivel nacional y en condiciones de convertirse en vértice de una nueva síntesis política: una que logre contener el amplio universo del peronismo, incluyendo al kirchnerismo de cuya historia él mismo es uno de sus principales protagonistas y sin duda el principal heredero, y que al mismo tiempo pueda ir más allá de sus contornos, con miras a la renovación de un proyecto político que, para volver a proponer un horizonte de victoria y de futuro, debe necesariamente construir una nueva mayoría social.

El gobernador bonaerense emerge como el principal líder de la oposición (…) y en condiciones de convertirse en vértice de una nueva síntesis política: una que logre contener el amplio universo del peronismo, incluyendo al kirchnerismo de cuya historia él mismo es uno de sus principales protagonistas y sin duda el principal heredero…

La victoria contundente del peronismo el pasado domingo 7 de septiembre en las elecciones de la Provincia de Buenos Aires –que concentra el 40 por ciento de la población nacional– cambia el mapa político de Argentina.

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