El martes 7 de octubre Mark Carney se reunió con Donald Trump en la Casa Blanca para intentar destrabar la escalada arancelaria que continúa afectando al acero, al aluminio y al sector automotor canadiense. En la antesala y durante la foto en el Despacho Oval, Trump alternó gestos conciliadores con advertencias sobre el T-MEC, mientras Carney buscó encauzar las conversaciones hacia acuerdos sectoriales rápidos.
En el contenido, Carney habló de un “meeting of minds” de sus equipos para explorar fórmulas de alivio por sectores (energía y automotriz, entre otros) que puedan traducirse en levantamientos o cupos a corto plazo. Trump, por su parte, dijo que han avanzado mucho y que ve posible llegar a un entendimiento, aunque evitó comprometerse sobre T-MEC. La lectura más sobria y con más matices la aportaron las agencias financieras: optimismo táctico, pero sin acuerdo cerrado y con riesgos políticos en ambos lados de la frontera.
En Ottawa, el gobierno canadiense sostuvo que la visita fue productiva y que seguirán las tratativas; incluso destacó una cena de trabajo con el vicepresidente JD Vance para coordinar agenda económica y de seguridad. La nota oficial del Primer Ministro y los voceros en Washington remarcaron el foco en acuerdos concretos más que en grandes marcos. En el Congreso y en la prensa, las críticas apuntaron a que Carney fue demasiado cauto ante la presión arancelaria, pero el balance general es que el canal político quedó abierto y con tareas específicas para los negociadores en las próximas semanas.


