En la primera visita oficial de un presidente argentino a Quito en casi dos décadas, Milei y su par ecuatoriano Daniel Noboa firmaron el jueves seis instrumentos bilaterales en el Palacio de Carondelet: un protocolo de régimen automotor que actualiza el Acuerdo de Complementación Económica N°59, un acuerdo de servicios aéreos, cooperación en usos pacíficos de la energía nuclear, un tratado de extradición que reemplaza la Convención de Montevideo de 1933 y no se aplicará a casos ya iniciados, un convenio de ciberdefensa y una declaración conjunta contra la pesca ilegal. Noboa agradeció a Argentina por designar como terroristas a las bandas criminales Los Lobos, Los Choneros y los Chone Killers, y Ecuador reiteró su respaldo al reclamo argentino de soberanía sobre las Malvinas.
La gira continuó horas después en Cali, donde Milei y Noboa viajaron juntos para la asunción del nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella —investido sin la presencia del saliente Gustavo Petro—, y donde el mandatario argentino tenía prevista una reunión bilateral con el presidente entrante y un encuentro con el canciller israelí Gideon Sa’ar. Milei llegó a Bogotá en la madrugada del viernes con evidente tensión y esquivando preguntas de la prensa, mientras en Buenos Aires su Gobierno todavía procesaba el desenlace legislativo de la noche anterior. La secuencia se inscribe en una seguidilla de viajes que incluyó su paso por la convención del Partido Liberal en São Paulo —donde respaldó a Flávio Bolsonaro— y la asunción de Keiko Fujimori en Perú.
En ese contexto, el canciller Pablo Quirno confirmó que el gobierno argentino organiza para este año una cumbre de presidentes de derecha en Buenos Aires, al margen de los organismos multilaterales existentes. El politólogo Juan Gabriel Tokatlian relativizó el alcance de la iniciativa y señaló que los gobiernos de la región comparten afinidades con Milei pero mantienen agendas propias, por lo que no necesariamente buscan sumarse a un liderazgo regional encabezado por Argentina.

