La relación entre Elon Musk y Donald Trump ha transitado desde una alianza estratégica a una confrontación pública, marcada por desacuerdos políticos y personales que han tenido fuertes repercusiones en el ámbito político y económico estadounidense.
Tras la victoria electoral de Trump en noviembre de ese año, Musk fue designado como jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una comisión asesora destinada a reducir el gasto público y la burocracia federal. Sin embargo, en mayo de 2025, Musk anunció su salida de la administración, citando desacuerdos con la política fiscal del gobierno, especialmente en relación con el proyecto de ley presupuestaria conocido como «One Big Beautiful Bill Act», que Musk calificó de «abominación repugnante». Este desencuentro marcó el inicio de una serie de ataques públicos entre ambos: Musk acusó a Trump de estar vinculado a los archivos de Jeffrey Epstein y apoyó llamados a su destitución en la red X. Por su parte, Trump respondió cuestionando la estabilidad de Musk y amenazando con cancelar contratos gubernamentales con sus empresas.
La disputa tuvo consecuencias inmediatas: las acciones de Tesla cayeron un 14% aunque al día siguiente repuntaron entre rumores de una tregua. Además, las empresas de Musk, incluidas SpaceX y Neuralink, podrían enfrentar investigaciones por parte de agencias reguladoras estadounidenses. En el ámbito político, Musk ha insinuado la posibilidad de formar un nuevo partido político “que realmente represente al 80% del medio”.

